YO SOY UN SIERVO DEL SEÑOR
Por Sebastián Wernicke


Guadalajara, México, 23 de Marzo del 2010

Conny Méndez comenzó a comunicar la Enseñanza Espiritual de una forma muy particular, que ella llamaba ‘en palabritas de a centavo’, dándole por nombre Metafísica. Esto fue en Caracas, Venezuela, en los años sesenta, y Rubén Cedeño tomó la posta de lo que comenzó Conny, llevando la Metafísica por el mundo entero, dándole un orden pedagógico y delineando su contenido de acuerdo a las más altas fuentes de la Enseñanza Espiritual de la Nueva Era como de Eras pasadas. Algunas personas que tuvimos la bendición de conocer la Metafísica, nos hemos unido libre y voluntariamente a Rubén Cedeño en el propósito de darla a conocer en todos los rincones de la tierra.

Rubén Cedeño estuvo con Conny Méndez durante diez años a su entera disposición. Él, junto con Katiuska Cordido y unos pocos más, eran la mano derecha de Conny, la ayudaban en todo lo que podían, la llevaban y traían, le ayudaban en la publicación de libros y vivían atentos a sus necesidades. Contar con esta clase de colaboradores, es lo que le permitió a Conny hacer gran parte de lo que hizo. Sus reuniones multitudinarias en el Parque del Este en Caracas, a las que asistían nueve mil personas, no hubieran podido realizarse jamás de no contar con dicha asistencia. Y cuando un grupo de personas se ofrecen a asistir en la organización de un evento semejante, asumen que hay una cabeza que ordena y se

Conny Méndez y Katiusca Cordido

disponen a obedecer en todo lo que se les requiera para el mejor desenvolvimiento de las actividades. Nada hay de ‘ciego y bajo‘ en esta actitud de servicio, y por consiguiente no puede confundirse con el servilismo.


Cualquier empleado de una empresa obedece a sus superiores, al igual que en el ejército y hasta en las organizaciones religiosas. Donde hay gente organizada con un propósito, hay siempre una cabeza y todos obedecen a la cabeza. Esto es orden, obediencia y servicio, lo que permite que se realicen grandes obras que una sola persona jamás podría realizar.

Los discípulos de Jesús fueron igualmente atentos y serviciales con Él. Lo mismo que los discípulos del Señor Gautama, los hermanos menores de San Francisco de Assisi, las carmelitas descalzas con Santa Teresa de Ávila; así lo son los cardenales con el Papa y también los colaboradores cercanos de Bill Gates en su empresa.

Cuando esto no se comprende, pueden haber personas que crean que hay que estar libres de toda organización, pero no se dan cuenta que esa libertad ficticia es mayor esclavitud. Krishnamurti habló mucho sobre la libertad, pero tampoco fue bien comprendido. Él se refería a la libertad psicológica de no estar sometido bajo la figura de una autoridad. Él mismo fundó varias organizaciones y escuelas de las que siempre fue la cabeza, hasta que dio su último aliento de vida, tal como lo relata Mary Lutyens en su biografía “Vida y Muerte de Krishnamurti”:
En la mañana del día 5, K llamó a otra reunión y le pidió a Scott que la grabara. En esta ocasión estuvimos presentes catorce de nosotros. K comenzó explicándonos que el médico le había dicho que no habría más pláticas ni viajes. En ese momento no tenía ningún dolor, dijo, y su cerebro estaba «muy, muy claro». Podría seguir en esta condición durante meses. «Mientras este cuerpo esté vivo», prosiguió diciendo, «sigo siendo el instructor. K está aquí como está sobre el estrado... Todavía soy la cabeza de todo ello. Quiero dejar esto muy, muy en claro. En tanto el cuerpo esté vivo, K está ahí.
Y todos sus fieles y serviciales colaboradores, esto lo tuvieron siempre muy pero muy claro.
Se puede creer que Krishnamurti estaba en contra de las cabezas de las organizaciones, pero este relato de su vida nos demuestra que él se autoafirma como cabeza inequívoca de todas sus fundaciones.



Rubén Cedeño con Krishnamurti



Como dice Rubén Cedeño: “Un cuerpo sin cabeza no se puede mover, y la cabeza tiene que estar arriba del cuerpo, coordinando y dirigiendo; y como es la cabeza, es el cuerpo”.

El señor Gautama se manejó de la misma forma con su Ashram, y fue la lámpara que iluminó sus vidas durante 40 años. Su afirmación “Sean lámparas para ustedes mismos”, que Rubén Cedeño ha puesto en boga dentro de la Metafísica, ha sido sacada de contexto y tergiversada para atacar a personas que libremente se adhieren a un grupo humano y se ponen al servicio de su cabeza. El Señor Gautama dio esa respuesta ante la pregunta de uno de sus discípulos: “Y ahora que tú te vas, qué vamos a hacer, quién nos va a guiar?” Y Él respondió: “A partir de ahora serán lámparas para ustedes mismos”. Como también lo hicieron los discípulos de Jesús luego de su Ascensión. Como también Rubén Cedeño ha sido una lámpara para sí mismo luego de la partida de su amada Conny Méndez.




El Señor Gautama con sus discípulos

Un día conocí un grupo humano que me comunicó una Enseñanza maravillosa, que cambió mi vida positivamente, que  me  enseñó  a  amar,  a servir, y  que encendió en mi corazón la llama del la compasión.  En  cuanto  tuve  la  oportunidad,  me adherí  a  este grupo humano llamado la Metafísica, y me acerqué a Rubén Cedeño, con la misma disposición y atención con  la que  él  mismo  estuvo con Conny  Méndez.  Desde  entonces  Rubén Cedeño me ha sugerido que fundara  grupos  para comunicar la enseñanza, y fui  obediente a su sugerencia; me ha sugerido que publicara mis escritos, los cuales consideró valiosos para los estudiantes espirituales, y fui obediente a su sugerencia; me ha sugerido que produjera documentales de viajes metafísicos  para  enriquecer  al estudiantado, y fui  obediente a su sugerencia; me ha sugerido amar  a  todos y  perdonar  a los  que  me  ataquen, y  fui obediente a su sugerencia. Todas estas sugerencias, sin ser órdenes, siempre las he recibido y asumido voluntariamente como una orden y he sido  obediente  en su  cumplimiento.  Siempre  he  sido  obediente al mandato del amor, de  la  compasión,  del  servicio  desinteresado,  quizás  inspirado  en  las palabras de María cuando dijo: “He aquí la sierva del Señor”, que también se traduce “He aquí la esclava del Señor”.


Jesús Sequera, Juanita Marín, Gregorio Arteaga, Rubén Cedeño, Sebastián Wernicke, Saúl, Sonsireé Martínez,

Daniel Gutiérrez, Graciela Cantellano, Yamila Rozsypal, Miguel Martínez y José Márquez (abajo).

Y como le dijo una vez Mercedes Gómez a Rubén Cedeño: “La  autoridad  no  se impone, se gana”. Ningún practicante de la Enseñanza  Metafísica  debe aceptar a Rubén Cedeño como una autoridad. La Enseñanza está ahí, y cada quién es libre de tomarla y ponerla en práctica. Ahora bien, los responsables de hacer que la Enseñanza esté ahí, a disposición de todos,  que algún día  le hemos  ofrecido  nuestra  colaboración a  Rubén  Cedeño y  somos  ahora parte activa en este  esfuerzo  humano  por comunicar la Enseñanza Espiritual  llamada Metafísica, tenemos una cabeza, Rubén Cedeño, quién  jamás ha  impuesto su  autoridad sobre nosotros, pero su amor nos ha ganado y por eso  lo  reconocemos como  una  autoridad. Y es  bueno  y sano que tengamos esto bien pero bien claro, tal como lo tenían de claro los colaboradores de Krishnamurti, salvando las diferencias pertinentes.

El día que el Padre llame a nuestra cabeza a retiro, no habrá sucesores, sólo habrá lámparas encendidas que supuestamente serán luz para sí mismos. Quizás algunos de ellos se destaquen por su trabajo, amor, colaboración y atraigan hacia sí personas que deseen colaborar con ellos.

Yamila Rozsypal; Patricia Paulo, Graciela Cantellano, Norma Ayala, Fernando Candiotto, Ceyla Musi, Azucena Maldonado,

Marcela, José Marquez, Rubén Cedeño, Sebastián Wernicke, Margarita Irún, Martín Anello, Policarpa Martínez, Daniel Gutiérrez, Camilo Torres.