"Voz Interior"
Del libro: "Segunda Iniciación" de Rubén Cedeño

 

 

     Dice el libro de los Preceptos de Oro: "AQUEL QUE PRETENDA OÍR LA VOZ DEL «SONIDO INSONORO», Y COMPRENDERLO, TIENE QUE ENTERARSE DE LA NATURALEZA DE LA PERFECTA CONCENTRACIÓN DE LA MENTE EN ALGÚN OBJETO INTERNO, ACOMPAÑADA DE UNA COMPLETA ABSTRACCIÓN DE TODAS LAS COSAS PERTENECIENTES AL UNIVERSO EXTERIOR O AL MUNDO DE LOS SENTIDOS".


En la persecución del objetivo de establecer contacto con la “Voz Interior”, lo primordialmente importante es saber concentrarse. No hace falta estar practicando concentrándose en una flor un lago o algo externo. El primer objeto de concentración es la propia respiración. Observarla si es fría o tibia, densa o fina. Eso aunque parezca tonto nos llevará hacia adentro. No es tan fácil lograrlo concentrados. Para esto hay que buscarse un lugar quieto ponerse en postura de meditación y abstraerse hacia el interior dejando todo lo externo, la lucha del mundo, el querer figurar, el hacerse sentir, el aparentar, dejar de lado las voces de los deseos, de la mente, de la gente que nos rodea. Esto se hace mediante la observación. Observa sin juzgar ni ver como un horror como te distraes, sin pelear con la mente y diciéndole a toda distracción sin rabia, sin pesar: “DISUELVETE ERES IMPERMANENTE”.

Todo lo que tiene principio tiene fin y es irreal, impermanente, ilusorio y, no hay que ocuparse de eso, no apegarse a ello.
Es ignorancia, una locura, irse y confiar en los ofrecimientos de una persona que está pendiente del fashion, la moda, las marcas, apegada a lo transitorio, hacer con ella planes ilusorios para el futuro, construir quimeras sobre asuntos intrascendentes, depositarle nuestra confianza, peor todavía si es una persona desequilibrada, y darle responsabilidades, y creer que lo que se hace con ella externamente es para siempre o es espiritual. Eso es la perdición, estar totalmente volcado hacia afuera.
     Cada sensación que surge, aversión u apego, se debe observar fríamente y reconocerla como “Impermanente”, que es intrascendente y como tal se mira, se observa sin generarle rechazo o simpatía y ella sola sin que te des cuenta desaparece. Así se hace con las molestias físicas que aparecen durante la Meditación, las contrariedades que nos produzca la gente o las circunstancias de la vida. Todo es impermanente.