VIRGEN DEL ESCORIAL
Rubén Cedeño

Virgen del Escorial
Madrid 7.8.2009
Estábamos viviendo un día mágico. Ya los calores del arduo verano se ausentaban,
el dulce frescor del otoño se hacía sentir, el sol suave de esta época del año
teñía de un brillo especial los encinares, y pinos del camino. Hicimos una vez
más la visita al “Valle de los Caídos”, ausentes de las malas calificaciones con
que algunas personas suelen estimar este sitio. Proseguimos al Escorial,
recordando una vez más las interpretaciones metafísicas que en tiempos
pretéritos había descifrado para los estudiantes, que había escrito y repetido
decenas de veces cada vez a este lugar venía acompañado. Subimos la colina donde
se encuentra la silla de Felipe II y nos acomodamos en su trono pétreo a recibir
otra vez las vibraciones de su reino casi universal. Antes de que anocheciera
nos apresuramos a un pequeño prado donde la tradición asegura, que no mucho
tiempo atrás, en un fresno se le apareció la Madre María a Luz Amparo.
Avanzábamos por el terreno confiados de la memoria que guardaba de haber
visitado este coto años atrás. Los desniveles del terreno con los escasos rayos
de sol del ocaso, formaban hermosas sombras que aderezaban el encanto del
sagrado recinto. Solo, sublime, callado, elegante, limpio de supercherías,
rodeado de esa dignidad sagrada que envuelve otros lugares como este, se erguía
el árbol de las apariciones. Al lado estaba el manantial de aguas frescas,
cristalinas y sagradas, dándole un toque infaltable al recinto.

Rubén Cedeño, Laura Frías, Patricia
Paulo, Martín Anello y Sebastián Wernicke en la Silla de Felipe II
JUAN PEDRO
Me apresuré a una cabaña cercana al lugar donde había un humilde altar con una
imagen, por demás preciosa, de la Virgen del Escorial. Apareció un joven de unos
22 años, cerca de un metro noventa de alto, delgado, su rostro y hablar eran de
una dulzura celestial, con la hermosura trascendental de las tallas de los
santos rubios europeos. Sus facciones eran perfectas. El me preguntó por la
medalla de la Virgen del Rocío que llevaba al cuello. Esto hizo que entabláramos
una relación, que con el transcurrir de los momentos, incrementó a una potencia
infinita la magia del día que estábamos viviendo. Luego nos enteramos que su
nombre era Juan Pedro y con su castellano con el acento portugués de su tierra
nativa, comenzó a explicar las razones del sitio. Llamé al resto del grupo, que
éramos nueve, para que no se perdieran la explicación.
Juan Pedro era hijo de un rico portugués presidente de una multinacional
portuguesa, que a los dieciocho años ya andaba en BMW, presumiendo de su clase
social, mujeriego y dicho textualmente por él, fumando muchos porros. Así pasaba
los días como anestesiado. Su madre ocupada de resolver la situación de su hijo,
se lo trajo en una peregrinación al “Prado” de la apariciones de la “Virgen del
Escorial” esperando un milagro. Allí rezando el rosario, cual San Ignacio de
Loyola, San Francisco de Asissi o San Agustín, Juan Pedro vivencio una
conversión, hasta tal punto, que hoy en día estudia en el seminario para ser
sacerdote. Esta sola narración era suficiente para aceptar que algo inusual
sucedía en el lugar, una “Presencia Divina” inundaba el sitio y producía
transformaciones.
Mientras Juan Pedro contaba su historia varios de nosotros lo filmábamos y
fotografiábamos. Cual sería mi sorpresa al ver las fotos, que no se reflejaba ni
la cuarta parte de su belleza, era un continente de hermosura completamente
divino producido por su pureza de vida, algo que las cámaras estaban
imposibilitadas de captar.

Juan Pedro
TODOS JÓVENES
La imagen de la “Virgen del Escorial” era tan bella que le pedí a Juan Pedro
poder comprar unas de sus estampas. Eran las ocho de la tarde de un domingo y
nos dijo que ya la venta de recuerdos del lugar estaba cerrado, pero acotó que
no era problema que llamaría a los monjas a que fueran al lugar de las ventas a
atendernos. Para él no existía el no, era todo amabilidad y haciendo gala de
esta virtud, se fue con nosotros andando al sitio donde las monjas nos
atenderían. Al rato, en un auto llegaron las monjas. Eran todas jóvenes casi
adolescentes y bellísimas, el mismo tipo de hermosura que la de Juan Pedro.
Después me enteré que sobrepasaban los cuarenta años. ¿Qué pasa aquí, acaso es
un shangrila donde sus habitantes gozan de eterna juventud y hermosura? El sitio
de las ventas, era una antigua vaquera, que lo habían acondicionado en un
hermoso templo donde en la parte de afuera ofician misas masivas con asistencia
de miles de personas.

Laura Frías y Sebastián Wernicke en
el fresno de las apariciones
LAS VENTAS
Cuando entramos al lugar de las ventas de recuerdos, el olor a Rosas, que es el
Patrón Electrónico de la Madre María nos inundó. El lugar rebosaba con este
perfume. Adquirimos fotos, medallas, videos, postales y no sé cuántas cosas más.
Uno de los nuestros quiso llevarse una estatua de la “Virgen del Escorial”, pero
buscaba una que tuviera el rostro de la que habíamos visto en la cabaña cercana
a las apariciones, es más, quería esa estatua. Al comentármelo le dije: “creo
que será imposible, es un abuso semejante pretensión”. Metafísico al fin, hizo
su decreto. Juan Pedro accedió a darle la imagen de culto de la cabaña, si él la
reponía por otra de igual tamaño. Así lo hizo y se trajo la imagen cargada de la
energía del lugar de las apariciones, para ser colocada en nuestro local de
clases de Metafisica de Madrid. Debido a esto exclamé: ¡Milagro!
MIRÍADAS DE ÁNGELES
En un momento le pregunté a Juan Pedro por la imagen original de la Virgen y
Juan me respondió que estaba en otro lugar donde las monjas atendían ancianos.
Ya era muy tarde en la noche y a pesar de esto me dijo que haría que nos
abrieran las puertas. Juan Pedro se trasladó en uno de nuestros autos al lugar.
La noche era profunda, la luna todavía no la iluminaba. Entramos al sitio. Era
una hermosa casa que en medio de las sombras se observaba pulcra, de jardines
cuidados al extremo y plantas recién podadas. Unos vitrales multicolores muy
iluminados anunciaban la presencia del pequeño templo. Múltiples destellos de
miríadas de ángeles aleteaban desbordándose hacia fuera del lugar. Entramos. No
se podía contener la impresión de la belleza que el recinto emanaba. Todo
brillaba, resplandecía como nuevo. En una esquina del templo estaba la estatua
de la madre. Nunca vi rostro humano ni divino tan hermoso.

Virgen del Escorial en procesión
LÁGRIMAS DE LA VIRGEN
Un día en procesión, un fanático adverso a las apariciones de la “Virgen del
Escorial” brinco por encima de los hombros de los que portaban la bella imagen y
con piedras le arañó el lado derecho del rostro. ¿Cómo se puede osar dañar algo
tan hermoso? ¡Es inconcebible¡ Otra mano siniestra roció con gasolina e incendio
el fresno de las apariciones. Pero más pudo la vida que la muerte y el árbol
renació de sus propias cenizas como la mítica ave de los cuentos. Solo energías
muy siniestras pueden ser capaces de destruir o afear lo bello, tratar de acabar
con lo divino, desunir lo que Dios ha unido. Se preguntan, condenan y alegan:
¿Por qué la “Virgen del Escorial” tiene lagrimas? Mejor me gusta alegre como
otras advocaciones de María. La Madre del Mundo, la naturaleza, llora, por las
creaciones humanas imperfectas, la desunión y competencia de los grupos
espirituales, la falta de buena voluntad que hay en la gente, por la ignorancia,
la falta de amor, la destrucción de cosas bellas, por los que mienten, la falta
de devoción en los corazones, la ausencia de Amor Compasivo y Perdón.

Virgen del Escorial, su
Rostro dañado
MILAGRO
Cansados, pero henchidos de un divino gozo, comentando los diversos sucesos de
un día, encantados iniciamos el regreso. A mitad del camino fui a mover la mano
que la “Virgen de las Tres Manos” de Bulgaria mágicamente le había empatado los
huesos que se me habían partido en una cueva de Bulgaria. El día anterior el
traumatólogo de Madrid me había desentablillado el dedo y apenas podía mover la
mano después de diecinueve días inmovilizada. Sorprendido vi que repentinamente
había recobrado casi el total de la movilidad de la mano accidentada. En la
fuente de agua de la Virgen del Escorial había introducido con fe la mano y el
milagro no se hizo esperar, una hora después, camino a casa, el sagrado prodigio
estaba consumado.
Salió la luna grande y amarilla que nos acompañó con sus rayos durante el camino
de regreso a Madrid.

Aparición de la Virgen del Escorial