UN MOMENTO DE GLORIA


Por: Miguel Martínez


Ir al Monte Sinaí, era sin duda otro regalo que Dios nos brindaba, ya que inicialmente la persona que organiza el grupo de Nueva York, le había comunicado a Rubén, el deseo de asistir a la Montaña Sagrada en su compañía; y por razones del buen karma viajaríamos trece personas que no estabamos incluidos. Nos encontrábamos en inmigración israelí para ser chequeados. Entregué el pasaporte para el riguroso chequeo de rutina, y me extrañaba que se tardaban demasiado con la revisión.


De repente, uno de los agentes policiales, llamo a Karina la guía del viaje, para comunicarle que ya no tenía visa para entrar y salir de Israel; debido a que la embajada de Israel en Venezuela, solamente me habían otorgado dos entradas al país; y ya las había consumido con el viaje a Jordania y Palestina; sin embargo, hicieron una excepción permitiéndome salir del paìs, para regresar en setenta y ocho horas.


Se podrán imagina, que por momentos quise angustiarme, sin embargo, inmediatamente decrete “Yo Soy la puerta abierta que ningún hombre puede cerrar”, gracias Padre porque todo esta en orden.


No obstante, Karina nuestra guía era una chica muy particular, tenía momentos en que actuaba excesivamente en positivo, y otros instantes era terriblemente negativa, se imaginan aquella dualidad. Y comenzó, a alarmarme diciéndome: lo mas seguro es que te tengas que quedar en Egipto, porque es posible que se dañe un neumático y no puedas regresar. A lo que le respondí no lo acepto, en verdad tú estas totalmente loca de remate.


En eso llego Rubén y me dijo: “no le des mente a lo que te dijo Karina, si pasa algo yo me quedo contigo en Egipto”. Esto fue para mi un gran alivio, y sin comentar más el asunto nos comenzamos a reír y hacer bromas como siempre acostumbramos.


Por fin, ya estabamos en Taba Egipto, esperando al guía en la comby, el calor era inaguantable, el guía que nos había tocada para las explicaciones en Egipto, en realidad no sabía ni donde estaba parado, en verdad ya comenzábamos a extrañar a Karina, que aunque estaba loca, de remate, poseía una gran calidad humana y dominada a perfección su trabajo. Pero metafísicos al fin y al cabo, polarizamos la situación y empezamos a bailar y a bromear unos con otros.


Ya estabamos rumbo al Monte Sinaí, y durante el trayecto recibíamos las explicaciones, sobre el desierto, y el misterio de aquellas montañas color rojo, que daban la impresión de estar vivas y que de pronto iban a emanar fuego, sin embargo, a su vez nos sentíamos impactados por tan imponente belleza. Fue algo maravilloso bordear el mar rojo, jamas olvidare su color azul profundo y el reflejo del Sol que se hacía presente en aquella tan deslumbrante tarde.


Mientras realizábamos la travesía, no hacia, sino meditar en todo lo que vivía, y tenía latente el presentimiento que algo muy grande me iba a ocurrir.


Ya habían transcurrido seis horas de carretera, y por fin estabamos a los pies del Monte Sinaì. En verdad, todos experimentábamos una especie de éxtasis observando la Montaña Sagrada. Allí pude comprender lo que es una inmensa piedra ígnea, que da la impresión que ya va a emanar fuego, pero a su vez encierra un inmenso misterio.


Eran las seis de la tarde y el Monasterio de Santa Catalina estaba cerrado. Sin embargo, decidimos quedarnos a presenciar algo que tal vez, se presenta una sola en la vida, como es el privilegio de ver la puesta del Sol en el Sinaí. Después de disfrutar aquella bendición, nos retiramos al hotel a prepararnos para la subida a la montaña, que sería a la una de la madrugada, en compañía de un beduino experto en la zona.


En verdad, el buen karma existe, estabamos recorriendo los pasos de Moisés por aquel Santo lugar, tal cual como El, lo hizo, para recibir las Tablas de la Ley. Todo esto era demasiado importante, imagínense, que estabamos respirando los electrones de Moisés por toda aquella travesía. Aproveche el momento y a medida que iba ascendiendo, realizaba tratamientos con Llama Violeta, para quemar toda partícula de negatividad y de sufrimiento vivido en esta encarnación, y así ser penetrado por toda la energía sagrada de aquel lugar, para lograr purificarme.

Ya estábamos en la cima de la Montaña, nos quedamos en silencio absoluto, no lo podíamos creer. Esperábamos con ansias el amanecer, para por primera vez, ver salir el sol desde una de las montañas más sagradas del mundo. Fue realmente majestuoso ver aquella bola de fuego inmensa que te hace resplandecer todo el lugar. Comenzamos a realizar el saludo Solar, y decretos de alabanzas a la Existencia Divina.


Terminado el servicio, teníamos que hacer tierra, descender nuevamente al pie de la montaña. Pero ocurrió un pequeño percance, el beduino que nos había conducido hasta el lugar, se había desaparecido y como era de esperarse el grupo de Nueva York, ni siquiera se había percatado del asunto, pero seguía el conflicto, La gran pregunta, ¿por donde bajaríamos nuevamente? pero comenzamos a descender quien sabe por donde, sin embargo, entre risas y caídas por aquellas piedras, ya estábamos nuevamente al pie de la montaña.


Nos manteníamos en las afueras del convento de Santa Catalina, esperando a Rubén, para con el guía entrar al convento y recibir las explicaciones. Estando en la iglesia del convento, frente aquellas maravillas artísticas, en realidad, uno se queda impávido de tanta belleza, y sobre todo lo que encierra cada obra. En verdad, era un momento importantisimo en la vida de cualquier estudioso de la materia, pero Dios nos daba la oportunidad, que sin ser estudiosos de la materia, pudiéramos estar al frente de estas valiosas pinturas y tratar de comprender un poco sobre los iconos, que tanto me apasionaban, sobre todo por los siglos de los que datan esas obras.


No era la primera vez que Rubén visitaba el lugar, y había esperado con ansias estar nuevamente delante de aquellas joyas de la pintura, por esa razón, la situación se torno difícil, porque el guía no daba respuesta alguna a las preguntas que se le hacían, generando en todos los integrantes del grupo una grañidísima confusión, al extremo, que Rubén sugirió que resolviéramos el asunto de la mejor manera, por que las explicaciones tenían que ser fundamentadas en datos exactos, y en verdad el guía no manejaba el asunto.


El grupo no reaccionaba, estaban embobados totalmente, a lo que Rubén agrego: como es posible que sean tan tamasicos, que se conformen con tan poco, ¡reaccionen! Si no, estarán contribuyendo a la ignorancia. Así que salgan nuevamente y resuelvan el asunto. Salimos mandados del lugar indagando quien dominaba la materia, pero en realidad, todo conspiraba para que no apareciera una persona instruida en el tema.


No hallábamos que hacer, Juan se quería como morir, los demás seguían igualmente inmóviles, ellos todaviá no se percataban de la gravedad del asunto. Sin pensarlo, me acerque al lado de Rubén, no sabía ni que decirle, para remediar la situación, y en su tono característico me dijo: Miguel Martínez cállate la boca y vente, y salimos disparados para el convento nuevamente, estabamos en la iglesia frente a los iconos, los observábamos y salimos.


Nuevamente entrábamos a la iglesia hacíamos el mismo recorrido y súbitamente nos encontrábamos a fuera, ya era la tercera vez que entrábamos al lugar y me dije: Dios mío, que es lo que busca este hombre, no entiendo, les juro que ya sabia la posición de los cuadros y todo lo demás. En eso, nuevamente entramos en la iglesia, cuando observamos, un guardia en una pequeña puertita bien angosta y Rubén sale mandado y se pone delante del hombre y le dice: “por favor déjeme entrar” a lo que el hombre le respondió: para entrar a este lugar, tiene que tener un permiso del gobierno, o si no, ser un sacerdote.


Rubén le respondió agarrando con su mano derecha el crucifijo que llevaba colgado al cuello “I am a Prist ("Yo soy un sacerdote") y el guardia lo vio de arriba a bajo y le dijo: ¿Quién es el hombre que anda con usted? y le contesto: “He´s a prist too” (El también es un sacerdote)”. En eso, el hombre le permitió entrar al lugar y él me dio un jalón por el brazo y me dijo. “Miguel pasa que esto no lo vas a olvidar jamás, así que respira y no preguntes que esto es un momento de gloria”. No podía creer que estaba delante de aquella Santa Tierra, El Santo Santorum, observe todo detenidamente, sentí como una sensación de mareo muy leve y comencé a dar gracias al padre por permitirme tan glorioso momento. Por segundos, experimentaba que no podía con aquello, era una radiación fortísima, sin embargo, Dios me dio fuerzas y pude mantenerme.


Salimos del lugar insuflados de aquel momento tan sagrado en nuestras vidas, y le pregunte a Rubén ¿cómo había hecho para descubrir y propiciar este momento? El respondió” .


“Ya se lo había pedido a los ángeles, que por favor, buscarán el instante perfecto para poder introducirnos en el recinto Sagrado, por eso entrábamos y salíamos de la iglesia tantas veces, hasta que los ángeles asumieran el asunto y se diera el instante. Recuerda siempre este momento, has estado en el lugar donde Dios le hablo a Moisés, y agrego: “Si hubo alguna desarmonía en el viaje, no importa, porque el venir aquí ya lo compensa todo”.


Seguía en estado de estasis, porque el Sinaí quedaría allí para siempre, mientras que lo vivenciado y adsorbido en ese Santo lugar había significado un momento de Gloria que permanecería en mi ser por siempre.