Un asunto serio
Juan Rodríguez


New York, NY
4/19/10

Hace días, un señor que asiste a uno de los grupos de Metafísica que atiendo en Estados Unidos, me contó que un chico que había abandonado el grupo recientemente, por supuestamente haber encontrado una enseñanza superior, lo llamó para convencerlo de que se fuera a este nuevo grupo. No sé cuántos otros argumentos utilizó para tratar de confundirlo y convencerlo de que nos abandonara. Como si participar en un grupo fuera asunto de seleccionar personalidades. Al final, el señor me dijo: ¿crees que le voy a hacer caso a una persona que está tan llena de inseguridades y complejos?, obviamente refiriéndose al confundido desertor. Inmediatamente, estas palabras me hicieron trazar un perfil de las personas que en algún momento han decidido irse de los grupos llenas de odio, sentimiento que ya tenían almacenado en su interior porque la Metafísica es la práctica del amor y el perdón divino.
En los dieciocho años que llevo comunicando la enseñanza metafísica he visto pasar por nuestras actividades cientos de personas. Todas vienen y se van por diferentes razones pero como no se pasa lista ni tenemos membrecía, uno se olvida de ellas. Nosotros vivimos en el presente, otro principio metafísico, y nos dedicamos a trabajar con los que se presentan semanalmente. Dentro de este público itinerante, existe un puñadito de personas que se han ido calumniando, engañando a los que deciden quedarse, criticando, odiando y condenando. Al hacerlo, tienen como costumbre negar a quienes los alimentaron espiritualmente y fueron sus compañeros de camino. Obviamente, se les olvida que uno es la causa de lo que le sucede (Metafísica 101).
El cuento del señor hizo que me diera cuenta de que este particular puñadito de personas tiene un perfil común. Son personas que viven llenas de miedo y le tienen temor, a veces hasta terror, al que camina por la vida con seguridad, aplomo y paso firme. El miedo las hace influenciables a toda corriente de maldad y nunca se atreven enfrentar la verdad. Su personalidad está repleta de grandes complejos y por esto el eje de su vida es el conflicto. Como la ignorancia es su norte, no pueden ver con claridad ni pueden manejar inteligentemente la verdad. Carecen de creatividad y no pueden, aunque lo intenten arduamente, ser creadores de nada nuevo. Por esta particular razón, desean e intentan llevarse los que fueron sus compañeros de camino. Por esto también tratan de formar sus “nuevos” grupos y ofrecer su “enseñanza superior” en los mismos lugares donde fueron formados metafísicamente. Y por último, les encanta competir con los que fueron sus primeros maestros.
Una de las personas que hace años abandonó a uno de los grupos, y pertenece a este puñadito, sabiendo que poseo un grado de maestría en Trabajo Social Clínico, comenzó a ver el programa de Oprah Winfrey, una personalidad muy importante de la televisión estadounidense que se conoce por sus excelentes destrezas como entrevistadora, para competir conmigo. En otras palabras, ilusoriamente se convirtió en una psicoterapeuta improvisada. Otra característica del perfil de estas personas es la improvisación. Proyectan tener destrezas que no tienen y recitan de memoria algunos textos de la enseñanza de los Maestros Ascendidos. Pero el sabio y el estudiante sincero, al ver la improvisación y al escuchar estos textos, inmediatamente sabe que no son reales. Cuando la verdad se pronuncia, estremece, y al presentarse, convence por sí sola.
De este mismo puñadito, hay personas que han tomado mi vida personal como blanco de ataque, diciendo que soy homosexual y enredándome en líos de tipo sexual. Así de ruin es la conducta de algunas de estas personalidades. A todo tipo de ataque he mantenido silencio, aunque siempre he escrito y expresado sin tapujos la verdad. Personalmente, ya no me molesta que hablen todas estas cosas porque nací muy definido en muchas áreas y nada de lo que he escogido ser y/o hacer en la vida ha sido impedimento para que Dios me siga dando la oportunidad de comunicar la Enseñanza Espiritual. Mi tiempo lo invierto observándome, creciendo, aprendiendo, madurando, viajando e investigando. Por el contrario, estas personas invierten gran parte de su energía creando cizaña en las mentes que se lo permiten, a las cuales tendría que dedicarle otro artículo.
Existe algo de lo que sí puedo dar fe porque lo he visto, en primera fila, a través de los años: el seguro final de estas personas. El sentimiento de culpa y el arrepentimiento de toda la maldad que han generado, no los deja dormir tranquilos. Se vuelven témpanos de hielo, ya que el odio los endurece. Desarrollan delirios de persecución y su mente comienza a perder sanidad. Viven sufriendo, aunque aparenten ser felices y se les vea sonriendo. Nunca dejan de aparentar pero su mundo refleja lo que siempre llevaron por dentro. Esto no me lo estoy inventando sino que he tenido la oportunidad de hablar con algunas de ellas y esto es exactamente lo que ellas mismas me han contado. Por mi parte, las he perdonado a todas y he pedido perdón por cualquier daño que les haya causado. Ahora, ¡Que Dios tenga misericordia con todas ellas!