RUBÉN CEDEÑO
Hace 40 Años cuando conocí
a
Conny Méndez
1969-2009
Parte I

Conny Mendez en su oficina
PREÁMBULO
Los
“Ángeles del Plan Divino” hicieron que para el momento de mi nacimiento, mis
padres vivieran en el “Prado de María, apenas a una manzana de distancia de la
Escuela Normal Gran Colombia donde conocí doce años después a la persona que me
llevaría a Conny Méndez, quien sería el artífice de toda mi vida, tanto
espiritualmente como profesionalmente en la música.
Conozco y amo a
Conny Méndez desde que estaba en el vientre de mi madre, ya que siempre ella la
admiró y siempre escuchaba a Conny cantando sus composiciones con su guitarra al
aparecer por la radio y la televisión. Conny era famosísima en Venezuela por sus
canciones, antes de que se diera a conocer por sus libros de Metafísica.

Casa de
los Cedeño en el Prado de María
Desde que tuve uso
de conciencia, recuerdo, que siempre que aparecía Conny cantando por cualquier
medio de comunicación, mi madre me decía: “Esa es Conny Méndez”. Así, poco a
poco, desde que nací amo y conozco las canciones de Conny y conservo en la
memoria cuando frecuentemente era presentada en el programa “Sábado Sensacional”
por el famoso animador, ya desaparecido, Amador Bendayan.
Los sábados muy
temprano en la mañana, cuando iba con mi mamá al “Mercado Libre de Chacao”
llevábamos un radio portátil, porque en Venezuela a esa hora solían poner música
folklórica y nos gustaba escucharla, ya que siempre ponían a Conny Méndez
cantando sus canciones. Era notoria la alegría que sentíamos al oírla. Un día mi
mamá me dijo con voz esperanzadora: “Cuanto desearía conocerla.” Y parece que
los ángeles dijeron: “Amen.”

Conny Méndez con su guitarra
Nos mudamos cerca
de donde había pasado los primeros años de mi infancia, siempre cerca de la
“Escuela Normal Gran Colombia”. Algo hacía que no me alejara del lugar en donde
se iba a producir la conexión. Junto con mi hermano Eduardo, ingresé a estudiar
secundaria en el mencionado Instituto. Allí, nos encontramos y nos fascinamos
con la brillante personalidad de la directora del coro y de las clases de
Educación Musical, de María Carrasquero, la más grande pedagoga venezolana del
método francés Martenot, una mujer que me hacía soñar con su manera de ser y con
las narraciones de sus viajes por Europa. María Carrasquero se encantó con mi
hermano Eduardo porque cantaba ópera, y aunque mi persona no cantaba ópera,
llegué a ser solista del coro, cantando la famosa guasa folklórica “Sancocho e Güesito”. Esto hizo que me acercara mucho a María Carrasquero y ella me tomara
tanto cariño casi como si fuera su hijo. Nunca supuse, que siguiera tan de cerca
por los pasos de María Carrasqueño, me convertiría en director de coros,
pedagogo especialista del Método Martenot y que parte de las amigas de su
carrera musical como Conny Mendez, Ana Mercedes Asuaje de Rugeles, y Blanca
Estrella, a pesar de la diferencia generacional, se convirtieron en mis más
entrañables hermanas, madres y amigas espirituales de toda mi vida.

Rubén Cedeño, Olga Pucci, Ana Mercedes Asuage de Rugeles y Lucy Fernandez, Alumnos de Conny Méndez
Por querer entender la escritura musical, sin decirle nada a nadie –ni siquiera a María Carrasquero ni a mis padres– me inscribí en la “Escuela Superior de Música” de Santa Capilla y pase el difícil examen de admisión que hacia su director que para entonces era el renombrado Maestro Vicente Emilio Sojo. Días después, el profesor que me asignaron me mandó a estudiar una lección en clave de fa sin habernos explicado esta llave de lectura para el solfeo. No me quedo mas remedio que pedirle auxilio a María Carrasquero, y me dijo que no volviera a esa escuela. En la tarde, al terminar de dar sus clases me invito a que la acompañara al Conservatorio de Música “Juan Manuel Olivares donde impartía clases de Teoría y Solfeo. Encendió su Mercedes Benz color crema y sin ella saberlo, me llevo al sitio donde se desenvolvería el total de mi “Plan Divino de Perfección”.

Rubén Cedeño en el Coro con la Prof. María Carrasquero en la Escuela Normal Gran Colombia
Ya habían pasado
las inscripciones para que me aceptaran como estudiante de Teoría y Solfeo, y
era necesario hablar con la Subdirectora, la Profesora Ana Mercedes Asuaje de
Rugeles, la misma autora de las composiciones que escuchaba y admiraba cuando
las transmitían por la “Radio Nacional”. Ella me ubicó en el salón mas alto de
la escuela al lado de una joven llamada Lastenia, una joven muy fina y elegante,
pero que no sabía quién era. Para ese entonces no sospechaba que años después
gracias a estar en ese Conservatorio conocería a Conny Mendez, y mis mas caras
amistades, alli recibiría mi título de Profesor Ejecutante de Canto, y me
convertiría en profesor y subdirector de esta escuela. Gracias María Carrasquero
en cualquier lugar del cielo donde te encuentres.

Conservatorio de Música "Juan Manuel Olivares"
Comencé mis estudios de música con la crema y nata musical de Caracas. Para ese entonces era menor de edad, y no manejaba. Cada vez que terminaba la clase de solfeo Lastenia me ofrecía llevarme desde la colina donde estaba la escuela de música en la Alta Florida, a la Avenida Libertador donde tomaba el bus para la casa. La escuela estaba al pie del monte Ávila en un lugar con poco transporte público. Durante dos años Lastenia me estuvo haciendo este gran favor y así fue como entre ambos fue creciendo una gran amistad. Aprecio que todavía perdura.

Rubén Cedeño junto a Lastenia Gil, nieta de Conny Méndez
DIA DE ACCIÓN DE GRACIAS DEL 26 DE
NOVIEMBRE DE 1969
El “Día de Acción
de Gracias”, jueves 26 de Noviembre de 1969, en horas de la tarde en plena clase
de solfeo, se levantó Lastenia para irse antes de la hora de finalizar la
actividad y me dijo casi susurrando: “Hoy no puedo llevarte porque mi abuela
tiene una conferencia y quiero ir”. De inmediato le pregunté: “¿Y quién es tu
abuela? Ella me contestó: “Conny Méndez”. Me quedé pasmado en el sitio. Sin
salir del asombro, le interrogué: “¿Y sobre qué es la conferencia?” Me contestó:
“De Metafísica”. Me asombre sin poderlo expresar, para no interrumpir la
actividad de solfeo que se seguía desarrollando. Me dije para mis adentros:
“Esta es la oportunidad que tengo de meterme en algo de eso que tanto quiero
saber. Le conteste a Lastenia: ¡No puede ser que seas la nieta de Conny Méndez,
¿qué es eso de la Metafísica?, quiero conocer a tu abuela y saber de
Metafísica”. Lastenia me respondió: “Estoy apuradísima, te traigo un libro de mi
abuela para la próxima clase”.
Contaba los días
para la próxima clase de “Teoría y Solfeo” que al fin llegó. En voz baja
mientras el profesor daba una lección, Lastenia me paso el libro por debajo de
la manga. Era una publicación de bolsillo con tapa azul clara, que decía en
letras grandes: “Metafísica”, y abajo con letras más pequeñas: “al alcance de
todos”. Lastenia me dijo imperativamente: “Mi abuela te manda a decir que te lo
leas dos veces seguidas y que después te manda los libritos que siguen. En esa
época no existía “Metafísica 4 en 1”.
PRIMERA LECTURA METAFÍSICA
Esa misma tarde en
el bus camino a mi casa, por la Avenida Libertador a la altura de PDVSA, comencé
a leer Metafísica y desde la primera página me fascinó. Al seguir leyendo, me
empezó a parecer que su contenido era muy volado mentalmente. La cabeza se me
inundaba de efervescentes millones de luces y conocimientos nuevos. Sentí una
sensación de alegría e inmensa curiosidad por el mundo en que me estaba
introduciendo. Me pareció cosa de locos, pero me dije: “Qué divino es ser loco
así como Conny, “quiero ser loco”, y seguí leyendo.
Todo aquél que agarra un libro de Metafísica en sus manos se le transforma la
vida, tiene la oportunidad de ser feliz. Estudiar Metafísica es estar en
contacto con la Gloria.
PRIMERA CONVERSACIÓN CON CONNY
Me
moría por conocer a Conny Méndez en persona. Lastenia a los pocos días de
haberme regalado el libro de Metafísica, me dijo: “Rubén me voy de viaje con mi
esposo. Mi abuela se va a quedar cuidando la casa”. Para entonces ya eran los
primeros días de Diciembre. Ni corto ni perezoso, calculé el tiempo en que
Lastenia ya no estaría en su casa. Agarré el número de teléfono de Lastenia,
llamé y pregunté por Conny Méndez. Cuando ella me atendió al teléfono, le dije
que era amigo de su nieta y que quería estudiar Metafísica con ella. ¡Imagínense
cuántas personas ansiaban estudiar Metafísica con Conny directamente y era casi
un desconocido. Por eso me dijo con voz muy dulce: “yo no atiendo a
principiantes, tienes que estudiar primero con una maestra de las que tengo
preparadas”. Decepcionado le contesté: “Bueno está bien”. Me dio la dirección de
una casa donde recibí mi primera clase de Metafísica. Obedecí y fui a donde
Conny me dijo. Uno siempre tiene que ser obediente ante las sugerencias de
aquel que uno quiere que sea su maestro. No me gustó la maestra, ni la casa,
ni el grupo a donde me mando. Eran unas pocas señoras preguntando cómo resolver
problemas domésticos y con sus maridos. A mi me aburrió. Algo en mi interior me
decía que no era por allí que se me iba a develar lo que me tocaba hacer dentro
de la Metafísica. Y resolví de inmediato hacer lo que debía hacer.
En
el primer teléfono que encontré llamé a Conny Méndez y le dije: “Conny a mí esa
Metafísica de estar hablando de problemas con los maridos, no me gusta. Si esa
es la Metafísica, ¡no quiero estudiarla! Y allí me desahogué y le dije lo que
sentía: ¡Si no es contigo no quiero estudiar Metafísica con nadie! Conny Méndez
se asustó y me dijo: “ mi hijo no vuelvas a repetir eso más nunca en tu vida,
¿que vas a hacer ahora?, le contesté: ¡nada!. Ella me respondió: “vente para mi
casa ¿tu sabes la dirección?, dije: ¡sí!.

Rubén
Cedeño en la Silla en que Conny Méndez le dio su Primera Clase de Metafísica
En
un aparte a este relato, aclaro que no entre a la Metafísica por vocación ni por
amor a los Maestros Ascendidos ni por estar buscando un Sendero Espiritual, sino
por el Amor y la fascinación que sentía por Conny Méndez. Después que la conocí
a ella y la Metafísica se me despertaron otros intereses como el de servir a la
humanidad, ser facilitador, amar a los Maestros e investigar su presencia y
enseñanzas por el mundo.
Ya conocía la casa de Lastenia, puesto que en varias oportunidades había estado
allí estudiando solfeo con ella y con los compañeros de la clase. Incluso, una
noche, Lastenia y su esposo nos habían invitado a mi hermano y a mí, a un
agasajo que le ofrecían al eminente guitarrista venezolano de fama internacional
Alirio Díaz, en el que cantamos acompañados por él. Por cierto, él ha sido uno
de los mejores intérpretes del “Concierto de Aranjuez” llave tonal del Maestro
Saint Germain y sus grabaciones se consiguen en el mundo entero. Esa noche fue
muy celebrada, porque después aparecimos en una reseña en el periódico.

Conny
en la Silla en que dio la Primera Clase de Metafísica a Rubén Cedeño
Después
de conversar con Conny y que ella me invitara tan súbitamente a su casa, tomé un
transporte rápidamente y me dirigí a su domicilio. Me acuerdo que faltaban
quince minutos para las cinco de la tarde. Me bajé en la esquina de la Av.
Francisco de Miranda con la Av. Mohedano y comencé a subir a pie en dirección al
Ávila. La tarde era bellísima, el sol daba unos visos dorados que envolvían todo
en una magia que presagiaba grandes acontecimientos en mi futura vida. Era un
atardecer especial como ningún otro. La montaña estaba bañada de los visos
dorados y violetas que el Sol postrero le regalaba. Había tal encanto en las
cosas, que casi no me las podía explicar. Mi mente me repetía: “Voy a ver a
Conny Méndez y a hablar con ella”. Esto era para mí lo más fantástico que me
podía suceder desde que había nacido. Era natural tener esas emociones, Conny
Méndez era la artista venezolana que más admiraba y quería, y también la autora
de un libro con una Enseñanza que me fascinaba.
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