RUBÉN CEDEÑO
Hace 40 Años cuando conocí
a Conny Méndez
1969-2009

Parte II

 

Conny Mendez con su guitarra

 

ENCUENTRO CON CONNY MENDEZ
     Con la cabeza llena de imaginaciones, que casi flotaba por la calle, llegué a la Quinta el Jabillo y toqué el timbre de una puerta de hierro con arabescos pintada de blanco. Al rato, me abrió una doméstica morena, vestida con un impecable uniforme blanco, que me habló en un castellano, con acento inglés propio de la Isla de Trinidad. Ella ya sabía que me estaba esperando Conny Méndez. Me hizo pasar y sentarme en una sala muy bien decorada, con bellas alfombras y en las paredes cuadros hermosísimos, entre ellos habían unos pintados por la propia Conny, otros eran de Arturo Michelena y habían algunos de Manuel Cabré. En la esquina este de la sala había un sillón de cuero negro repujado. Todos los elementos decorativos combinaban en una maravillosa armonía. La actual casa de Lastenia conserva el mismo mobiliario.

Silla donde Conny le dio a Rubén la Primera clase de Metafísica

        Solo y meditabundo en aquella sala, únicamente ansiaba el momento en que Conny apareciera por el ancho portal principal del recibidor. Cuando Conny se asomó a la sala todo se iluminó, hubo dentro de mi una explosión de alegría, un despertar de simpatía que no pude disimular, me abalancé sobre ella, la agarré y le di un beso en la mejilla. No sabía que ese encuentro me iba a cambiar la vida radicalmente y para siempre, y realizar el propósito para el cual había venido a la encarnación.
     Me quedé fascinado con el cabello de Conny, era blanco plateado, peinado de forma circular, que le hacía resplandecer en su cabeza un nimbo parecido a una aura fulgurante. Era de baja estatura, tenía una sonrisa en que la alegría del mundo entero se desbordaba y esto la hacía grande como el Ávila. Vestía elegantísima, poseía los modales de toda una gran dama. Llevaba un prendedor a la altura y al centro del cuello que era una flor con cuatro pétalos cada uno de un tipo de oro de tono diferente.
     Conny se sentó en el butacón de cuero negro repujado que estaba en la esquina y que ya había contemplado. Este sillón todavía lo conserva Lastenia en su hogar. Después de hablar las intrascendencias que siempre uno dice al ver una persona, Conny entró en posición de “maestra” y comenzó a darme la primera clase de Metafísica. Esta enseñanza nunca se me olvidó y puedo repetirla de memoria cada vez que me la pidan.

Conny en el sillón en que dio su Primera clase a Rubén

     Allí, al frente, tenía a la propia Conny Méndez, para mí sólo, estaba en posesión de lo que más quería y necesitaba en ese momento. Era así como si hubiera esperado siglos para conocerla. La “razón de vivir” la había encontrado, estaba allí, era la persona que iba a cambiar mi vida para siempre.


PRIMERA CLASE DE METAFISICA QUE CONNY ME DIO

    Conny comenzó instruyéndome sobre el “Cristo Interno” y me dijo que todos llevábamos a Dios por dentro en forma de una Llama Triple. Me aseveró, “La Metafísica es la Enseñanza más adelantada que hay en el planeta actualmente, porque comienza de la mente hacia arriba. En ese momento se señaló la frente con el dedo índice que deslizó hacia arriba. Comienza en el plano mental y todo lo demás es de allí hacia arriba. Porque todo es mental. Donde está tu mente, allí estás tú. Así que, lo que tú piensas, se manifiesta. Si piensas lo bueno, se te dará, y si piensas lo malo, también. La Llama Triple de Dios que vive dentro de tu corazón tiene los colores de la bandera de Venezuela. Conny en ese momento levantó los tres dedos de su mano derecha, donde en el meñique le brillaba un reluciente anillo con un diamante destellando colores. Haciendo hincapié en sus dedos, afirmó: “La Llama Triple es Amarillo, Azul y Colorao. El amarillo es la Sabiduría de Dios; el Azul, el Poder y el Colorao o Rosado, el Amor Divino. Esas tres llamas con los tres “Aspectos de Dios”, los tienes dentro de tu corazón y todo el mundo en el universo”.

Triple Llama Crística en el corazón
    Después de casi una hora de clase, donde también me habló de las Leyes de Hermes y algo sobre los Maestros, buscó el libro “El Maravillosos Número 7” y me lo entregó. No me dio sus dos primeros libros, porque ya Lastenia me los había regalado, haciéndomelos leer ordenadamente, lo que me había preparado para comprender la clase magistral que Conny me estaba dando.
En un alto de la conversación, le manifesté a Conny que no había entendido bien lo del “Yo Superior”, y ella, con una gran dulzura, me dio un golpecito en la pierna y me dijo: “Ven, que te lo voy a enseñar”.

Katiusca Cordido y Conny Méndez

     Conny me llevó al segundo piso de la casa, donde estaban sus habitaciones, y en una terraza funcionaba su pequeña oficina dónde trabajaba su secretaria. Para ese entonces no había habilitado la parte de atrás de la casa llamada “La Casita” como oficina. Me dijo que su secretaria era una muchacha muy competente llamada Katiuska Cordido, seguidamente me hizo el comentario que era hija del primer Juez que había instituido los tribunales de tránsito en Venezuela. Allí Conny haciendo referencia a Katiuska y mi persona me dijo: “yo cometí un error al mandarte a casa de esa señora a recibir clases de Metafísica, yo te voy a poner a estudiar con mi secretaria que acaba de abrir un grupo, es muy joven y te va gustar. Conny no sabía que me ponía en manos de la persona que más iba a querer mucho y me marcaría su forma de hablar, de razonar espiritualmente y que junto a ella consolidaría la relación espiritual mas duradera de mi existencia, me haría amigo eterno de Ana Mercedes Asuaje de Rugeles, la directora del Conservatorio de Música donde estudiaba y junto a ella muchas otras personas influyentes en el mundo de la música. Conny me dio la dirección donde daba las clases de Metafísica Katiuska que era en la Escuela de Música Blanca Estrella en la Florida, residencia de Blanca Estrella una de las más grandes compositoras de Música Académica de Venezuela y que ya conocía, por que era profesora de Educación Musical donde había estudiado en la consabida Gran Colombia. Esto tampoco me presagiaba que gracias a la amistad metafísica con Blanca Estrella definiría mi vida como Educador Musical, que por ella llegaría a ocupar el más alto cargo como coordinador de Música en Venezuela para el “Instituto Nacional del Menor” y compondría tantas obras como lo hice para los niños.


Escuela de Música donde Rubén Cedeño estudió Metafísica con Katiusca Cordido

     Seguimos hacia la habitación de Conny, que estaba recubierta con una alfombra color crema; tenía una linda cama con un copete de madera labrada con una “C”. La madera estaba patinada por sus propias manos en un gris verdoso con visos dorados. En la pared interna de la puerta de entrada, hacia la derecha, tenía enmarcada en cañuela dorada la Lámina de la “Presencia Yo Soy”. Actualmente conservo una copia de esta lámina, que es muy antigua y no se parece a ninguna de las que se publican hoy en día. Al pie de la imagen había una repisa con una lamparita. Conny me dijo: “Aunque sé que cuando uno enciende lámparas es para uno mismo, yo la prendo cuando medito”.
Alrededor de la Lámina de la Presencia, tenía varios cuadros pequeños con fotos de los Maestros Ascendidos. Señalando con el dedo me dijo: “Ése es mi Maestro, Emmet Fox; luego me dio a conocer a Saint Germain, después a Koot Hoomi y El Morya. Del otro lado de la lámina de la Presencia, tenía al Maestro Jesús, que ella misma había pintado.

Lámina de la Presencia YO SOY que usaba Conny Méndez
      Conny continuó hablándome del “Yo Superior”, el “Cordón Plateado”, el “Cuerpo Causal”, los “Siete Rayos”, los “Siete Principios” y los “Maestros Ascendidos”. A los años, me di cuenta que en esa tarde Conny me había dado casi toda la Enseñanza Metafísica en pocas horas.


MI PRIMERA TAZA DE TE CON CONNY MENDEZ
      Después de la conversación pasamos a una sala semicircular muy bonita que hacía esquina con la calle. Conny me invitó a tomar el té. Allí nos sentamos y la doméstica nos sirvió el té al más puro estilo inglés. Había para escoger, si tomarlo con leche o con limón. Recuerdo la tetera y las tazas, que eran blancas, decoradas con flores color rojo viejo. Conny me preguntó cómo quería el té. No dudé en pedírselo a la inglesa. Echó primero el té y después como ella misma con su peculiar gracia me dijo: le echaré una “nube de leche”, quedando el té de un color ámbar precioso. El té, lo acompañamos con unas ruedas muy finas de pan tostado cubierto de mantequilla, canela y espolvoreadas de azúcar, que hacía brillar las rodajas. Años después me dijo que esa era una receta personal.
     Todavía Lastenia conserva la vajilla de Conny, que al decir de verdad no era de Conny sino de Lastenia, había sido parte de su regalo de bodas. Hoy en día cuando voy a casa de Lastenia a dar charlas de metafísica en simpático grupo de personas, siempre me sirve en esta memorable vajilla, para que recuerde aquellos gratos momentos vividos junto a Conny. Un día Lastenia me regaló uno de los platos de esta porcelana, pieza que conservo como una inapreciable reliquia.

Juego de té de Conny Méndez


CANTANDO CON CONNY MENDEZ

     Después del té, encontré propicia la situación para ver si Conny hacía algo de música, y me acerqué a un piano eléctrico un poco viejo; ella me explicó que lo había traído de New York y que lo utilizaba para estudiar de noche con unos audífonos. Conny se sentó en el piano y comenzó a tocar. Como me sabía todas sus canciones, comencé a cantar con toda naturalidad, “Yo soy venezolano”. Al ponerme a cantar acompañado de Conny al piano, desde ese momento consideré que ya era su amigo consumado. En una sola tarde ya compartía con Conny sus Enseñanzas Metafísicas, había tomado el té junto a ella y cantado sus canciones. ¿Qué más? Conny, entusiasmada al terminar de tocar, me obsequió su último disco, que había grabado hacía dos años para el cuatricentenario de la fundación de Caracas.
     Le dije: ‘Conny lo que quiero es estudiar Metafísica contigo”. Ella me contestó que los jueves se reunían los maestros de Metafísica. Así me incorporé en 1969 con los maestros que Conny Méndez preparó para expandir ésta Enseñanza.
 

Rubén tocando el piano de Conny Méndez