Rubén con Tania Chamagua

LA BENDICIÓN DE RUBEN EN MI VIDA
Homenaje a Rubén Cedeño y 40 Años de Expansión de la Metafísica

Recuerdo como si fuera ayer, las ansias y la emoción a flor de piel, con sólo pensar que asistiría a UNA conferencia de Metafísica, programada en El Salvador, para el mes de noviembre del 2002. Ya de por sí el término “Metafísica” me inquietaba bastante y me quitaba el sueño. Finalmente, después de días largos de ansiedad, llegó el tan esperado día sábado y sin pensarlo, salí rumbo al lugar donde se impartirían las conferencias. Llegué puntual y al ingresar al salón, noté que estaba bastante lleno, aún faltando casi media hora para el inicio. Era casi imposible circular, pero a pesar de todo, hice un tremendo esfuerzo para quedarme en las filas del medio, donde se tenía una excelente vista del altar. Recuerdo perfectamente la melodía de fondo. Era una música muy agradable que alegraba el lugar, mientras que un penetrante olor a incienso parecido al sándalo, perfumaba suavemente la atmósfera.


He de comentar que cuando recuerdo como conocí a Rubén, no puedo dejar de relacionarlo con mi primera experiencia en la metafísica, porque fue así como sucedieron las cosas. Mi primer día en la Metafísica fue con Rubén, y fue así como recibí varias cosas a la vez, no sólo se trataba de una clase sobre El Espíritu de la Navidad, que ya de por sí resultaba ser una clase hermosísima, sino que también el lugar estaba alegremente ambientado, con un altar bellísimo, donde en el centro , brillaba la figura de un ángel, emitiendo unas luces tenues que resaltaban sus alas y aureola dulcemente. Como se trataba de una clase de navidad, todo el ambiente evocaba a las fiestas decembrinas, perfumado por un delicado aroma a incienso que brindaba infinita tranquilidad. La melodía que acompañaba en ese momento fue White Christmas, en una de sus mejores interpretaciones. Fue un acontecimiento totalmente inolvidable. De esto hace ya 7 años, pero lo percibo como si hubiese sido apenas ayer. No hay duda que esto ha sido una de las cosas más bellas que me han pasado en la vida. Fue como si se abriera una puerta hacia un mundo fantástico, para finalmente encontrar aquello por lo que hemos venido, ya sea por primera vez, o retomando de nuevo ese conocimiento que ya conocíamos, y solo necesitábamos que alguien nos lo recordara en esta vida.


Pasaron algunos minutos y me llamó bastante la atención lo bien que me sentía, ya que también se me hizo familiar toda la música que ambientaba el lugar.
Después de unos minutos, dio inicio el Servicio de Llama Violeta. Recuerdo como si fuera ayer, cómo iban y venían mis pensamientos; escuchar el Concierto de Aranjuez me hizo de nuevo emocionarme, ya que siempre ha sido uno de mis conciertos preferidos desde adolescente, y disfrutarlo ahí, en ese lugar, fue como una reconfirmación de que ahí, había un espacio para mí. Estaba consciente de que no sabía exactamente de qué se trataba todo eso, pero algo muy bueno tenía que haber ese lugar para sentirme tan alegre como me sentía. Así que sin saber mucho al respecto, permanecí quietecita, muy atenta a todo lo que pasaba. Me moría de ganas por descubrir qué más estaba por acontecer.


Después del servicio, Rubén hizo su entrada. Recuerdo perfectamente que iba de traje, muy elegante, e ingresó al salón con una gran sonrisa, dando así inicio a la clase. Describiría mi primer sentimiento hacia Rubén como infinita confianza, seguridad y certeza en su forma de ser, certeza de que todo lo bueno y perfecto era posible en este mundo. Desde ese momento que lo vi, mi ser deseó no perderse ni un respiro de él, fue una conexión muy grande, muy profunda. Rubén fue para mí desde ese primer momento, un contraste entre un carácter fuerte y firme, pero a la vez, dulce y lleno de amor; como el amor de un padre, que te llena de su amor, y que con palabras firmes y a la vez amorosas, te corrige. Todo lo que decía y explicaba Rubén, de alguna manera, mi ser, muy dentro de mí, siempre supo que todo eso era así. Así que escucharlo, fue confirmar algo grande dentro de mí, algo que sabía que existía, pero no podía explicar, y Rubén lo estaba haciendo en ese momento, para toda esa gente que estaba presente y que seguramente , al igual que yo, era su primer clase de metafísica.
Fue entonces cuando me di cuenta que la magia existe. Una sonrisa llena de gran ternura y felicidad inundó mi rostro durante toda la conferencia. Rubén habló de la Luz, de amor y de la bendición de dar para recibir. Explicó a plenitud el significado de la Navidad. Y yo no podía creer tener tantos regalos de la vida, juntos en un solo momento. Tanta felicidad no cabían en mi ser, y me sentí inmensamente afortunada de haber encontrado lo que había buscado por tantos años.


Pero más bello aún, fue escuchar a Rubén cantar Joy to the world y que todo el lugar se inundara de toda esa paz y esa vibración tan alta que erizaba la piel. Como buen tenor, Rubén tiene una voz hermosa… y se veía muy feliz cantando. Escucharlo me llenó de inmensa felicidad.
Recuerdo que a mitad de la conferencia, el salón ya no daba a basto para tanta gente que deseaba escuchar, y Rubén, dulcemente, les iba indicando que se sentaran al frente, en la alfombra, cuidando que no pasaran detrás de él. Fue entonces que todo el mundo se abalanzó al frente para poder seguir disfrutando de su enseñanza y tenerlo más cerca.
Finalmente la clase llegó a su fin. Se me hizo tremendamente corta, aunque realmente duró aproximadamente 50 minutos. No pude acercarme a Rubén para darle las gracias, pero mi corazón y mi alma sí lo hicieron, y lo siguen haciendo hasta el día de hoy. Bastante gente lo rodeó para hablarle y fue imposible poder acercarme. Ese día regresé feliz a casa, al punto que no dormí, de tantas emociones que invadían mi ser.


Desde ese momento hasta el día de hoy, cada palabra de Rubén plasmada en un libros, en alguna de sus películas o escuchada directamente de él de forma personal, se ha convertido en un tesoro invaluable, lleno de tanta sabiduría y amor para quienes hemos tenido la fortuna de tenerle cerca aunque sea por un momento.


Cada vez que la vida me ha permitido estar al lado de Rubén, no deseo perderme ni un instante de su ser, de su luz y de su amor, fluyendo a través de su corriente de vida. El tenerlo al lado hace maravilloso e invaluable cada segundo, cada instante, porque todo él es enseñanza, y uno nunca deja de aprender cuando está cerca suyo.
Gracias a la vida y a los Maestros, por haberme permitido encarnar y coincidir en el momento que abrazas la vida Rubén, con toda su plenitud.

Sinceramente,
Tania Chamagua
El Salvador julio 2009