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Recuerdo
como si fuera ayer, las ansias y la emoción a flor de piel, con sólo
pensar que asistiría a UNA conferencia de Metafísica, programada en
El Salvador, para el mes de noviembre del 2002. Ya de por sí el
término “Metafísica” me inquietaba bastante y me quitaba el sueño.
Finalmente, después de días largos de ansiedad, llegó el tan
esperado día sábado y sin pensarlo, salí rumbo al lugar donde se
impartirían las conferencias. Llegué puntual y al ingresar al salón,
noté que estaba bastante lleno, aún faltando casi media hora para el
inicio. Era casi imposible circular, pero a pesar de todo, hice un
tremendo esfuerzo para quedarme en las filas del medio, donde se
tenía una excelente vista del altar. Recuerdo perfectamente la
melodía de fondo. Era una música muy agradable que alegraba el
lugar, mientras que un penetrante olor a incienso parecido al
sándalo, perfumaba suavemente la atmósfera.
He de comentar que cuando recuerdo como conocí a Rubén, no puedo
dejar de relacionarlo con mi primera experiencia en la metafísica,
porque fue así como sucedieron las cosas. Mi primer día en la
Metafísica fue con Rubén, y fue así como recibí varias cosas a la
vez, no sólo se trataba de una clase sobre El Espíritu de la
Navidad, que ya de por sí resultaba ser una clase hermosísima, sino
que también el lugar estaba alegremente ambientado, con un altar
bellísimo, donde en el centro , brillaba la figura de un ángel,
emitiendo unas luces tenues que resaltaban sus alas y aureola
dulcemente. Como se trataba de una clase de navidad, todo el
ambiente evocaba a las fiestas decembrinas, perfumado por un
delicado aroma a incienso que brindaba infinita tranquilidad. La
melodía que acompañaba en ese momento fue White Christmas, en una de
sus mejores interpretaciones. Fue un acontecimiento totalmente
inolvidable. De esto hace ya 7 años, pero lo percibo como si hubiese
sido apenas ayer. No hay duda que esto ha sido una de las cosas más
bellas que me han pasado en la vida. Fue como si se abriera una
puerta hacia un mundo fantástico, para finalmente encontrar aquello
por lo que hemos venido, ya sea por primera vez, o retomando de
nuevo ese conocimiento que ya conocíamos, y solo necesitábamos que
alguien nos lo recordara en esta vida.
Pasaron algunos minutos y me llamó bastante la atención lo bien que
me sentía, ya que también se me hizo familiar toda la música que
ambientaba el lugar.
Después de unos minutos, dio inicio el Servicio de Llama Violeta.
Recuerdo como si fuera ayer, cómo iban y venían mis pensamientos;
escuchar el Concierto de Aranjuez me hizo de nuevo emocionarme, ya
que siempre ha sido uno de mis conciertos preferidos desde
adolescente, y disfrutarlo ahí, en ese lugar, fue como una
reconfirmación de que ahí, había un espacio para mí. Estaba
consciente de que no sabía exactamente de qué se trataba todo eso,
pero algo muy bueno tenía que haber ese lugar para sentirme tan
alegre como me sentía. Así que sin saber mucho al respecto,
permanecí quietecita, muy atenta a todo lo que pasaba. Me moría de
ganas por descubrir qué más estaba por acontecer.
Después del servicio, Rubén hizo su entrada. Recuerdo perfectamente
que iba de traje, muy elegante, e ingresó al salón con una gran
sonrisa, dando así inicio a la clase. Describiría mi primer
sentimiento hacia Rubén como infinita confianza, seguridad y certeza
en su forma de ser, certeza de que todo lo bueno y perfecto era
posible en este mundo. Desde ese momento que lo vi, mi ser deseó no
perderse ni un respiro de él, fue una conexión muy grande, muy
profunda. Rubén fue para mí desde ese primer momento, un contraste
entre un carácter fuerte y firme, pero a la vez, dulce y lleno de
amor; como el amor de un padre, que te llena de su amor, y que con
palabras firmes y a la vez amorosas, te corrige. Todo lo que decía y
explicaba Rubén, de alguna manera, mi ser, muy dentro de mí, siempre
supo que todo eso era así. Así que escucharlo, fue confirmar algo
grande dentro de mí, algo que sabía que existía, pero no podía
explicar, y Rubén lo estaba haciendo en ese momento, para toda esa
gente que estaba presente y que seguramente , al igual que yo, era
su primer clase de metafísica.
Fue entonces cuando me di cuenta que la magia existe. Una sonrisa
llena de gran ternura y felicidad inundó mi rostro durante toda la
conferencia. Rubén habló de la Luz, de amor y de la bendición de dar
para recibir. Explicó a plenitud el significado de la Navidad. Y yo
no podía creer tener tantos regalos de la vida, juntos en un solo
momento. Tanta felicidad no cabían en mi ser, y me sentí
inmensamente afortunada de haber encontrado lo que había buscado por
tantos años.
Pero más bello aún, fue escuchar a Rubén cantar Joy to the world y
que todo el lugar se inundara de toda esa paz y esa vibración tan
alta que erizaba la piel. Como buen tenor, Rubén tiene una voz
hermosa… y se veía muy feliz cantando. Escucharlo me llenó de
inmensa felicidad.
Recuerdo que a mitad de la conferencia, el salón ya no daba a basto
para tanta gente que deseaba escuchar, y Rubén, dulcemente, les iba
indicando que se sentaran al frente, en la alfombra, cuidando que no
pasaran detrás de él. Fue entonces que todo el mundo se abalanzó al
frente para poder seguir disfrutando de su enseñanza y tenerlo más
cerca.
Finalmente la clase llegó a su fin. Se me hizo tremendamente corta,
aunque realmente duró aproximadamente 50 minutos. No pude acercarme
a Rubén para darle las gracias, pero mi corazón y mi alma sí lo
hicieron, y lo siguen haciendo hasta el día de hoy. Bastante gente
lo rodeó para hablarle y fue imposible poder acercarme. Ese día
regresé feliz a casa, al punto que no dormí, de tantas emociones que
invadían mi ser.
Desde ese momento hasta el día de hoy, cada palabra de Rubén
plasmada en un libros, en alguna de sus películas o escuchada
directamente de él de forma personal, se ha convertido en un tesoro
invaluable, lleno de tanta sabiduría y amor para quienes hemos
tenido la fortuna de tenerle cerca aunque sea por un momento.
Cada vez que la vida me ha permitido estar al lado de Rubén, no
deseo perderme ni un instante de su ser, de su luz y de su amor,
fluyendo a través de su corriente de vida. El tenerlo al lado hace
maravilloso e invaluable cada segundo, cada instante, porque todo él
es enseñanza, y uno nunca deja de aprender cuando está cerca suyo.
Gracias a la vida y a los Maestros, por haberme permitido encarnar y
coincidir en el momento que abrazas la vida Rubén, con toda su
plenitud.
Sinceramente,
Tania Chamagua
El Salvador julio 2009
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