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![]() Rubén Cedeño y Sebastián Wernicke |
Rubén
Cedeño |
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La primera vez que vi a Rubén Cedeño en cuerpo presente, se subió a un escenario y empezó a regañar al organizador del evento porque no se habían leído las recomendaciones. Para mis adentros me dije: “¡Esto me gusta! ¡Aquí me quedo!”. Al poco tiempo, me acerqué a Rubén porque me encantaba lo que hacía y quería colaborar en lo que pudiera. Rubén me preguntó: “¿Qué sabes hacer?” Con buenos conocimientos de computación e inglés, comencé traduciendo algunos libros de los Maestros del inglés al castellano. Rubén me acompañó a una librería y me hizo comprar los libros de gramática y ortografía de la Real Academia de la Lengua, y así comencé a ayudarlo en la revisión de textos en castellano. Recuerdo que las primeras revisiones las hicimos juntos en su propia computadora, donde él me iba indicando cómo hacer las correcciones gramaticales y ortográficas, sin cambiar el estilo ni desvirtuar la enseñanza. Mis ansias por colaborar en la expansión de la enseñanza espiritual, me llevaron a mudarme a California, Estados Unidos, y a los pocos meses de mi llegada a esta tierra inhóspita de esta enseñanza, Rubén me ofreció venir a dar una conferencia a la ciudad de Los Ángeles, pagándose él mismo el pasaje de avión. En esa conferencia se juntó la donación amorosa como siempre, y Rubén no me quiso aceptar un centavo ni para el pasaje ni para sus gastos. Me dijo: “Primero tú tienes que cubrir todos tus gastos. Si a ti te va bien, a mí me va bien”. Esto me dio el suficiente impulso para seguir invitando a Rubén a dar conferencias cada año desde entonces. Algunos años más tarde, ya había participado en viajes de instrucción por Venezuela, Perú, España y Tierra Santa, buscando aprender y tener una mejor formación como comunicador de la Enseñanza Espiritual, pero fue en el viaje a Grecia que caí en cuenta por primera vez de lo importantes que eran estos viajes para el verdadero crecimiento, formación y desarrollo de la persona, y no tan sólo del comunicador. Fue en este viaje donde tuve la oportunidad de asistir personalmente a Rubén y conocerlo más de cerca como persona, como amigo, instructor y coordinador de viajes. Rubén me seguiría dando mayores oportunidades en los viajes siguientes a Egipto, China, Nepal, Tíbet e India como fotógrafo, enseñándome el arte de la fotografía que fue siempre una de sus pasiones. Pero lo mejor estaba aún por venir. Eran tantas las consultas sobre la enseñanza que Rubén recibía por email que me pidió que lo ayudara a responderlas, y así comencé a hacerlo y sigo haciéndolo actualmente, y de estas respuestas, junto a otros escritos sueltos, Rubén me impulsó a publicar dos libros de mi autoría. En una de las visitas a California, teníamos planeado ir a Mount Shasta. Rubén me encargó que le compara una cámara de video para él llevar en sus viajes. Una vez en Mount Shasta, me dijo: “¿Y tú sabes usar esta cámara? A ver, aprieta el botón…”. Ese día aprendí a filmar. Y al regresar de ese viaje me compré una computadora Macintosh para editar el video. Así nació Loto Dorado. “Mount Shasta” fue la primera producción documental que hicimos con Rubén, a la que le siguieron a la fecha más de 50 videos de sus conferencias en varios países del mundo, y más de 30 documentales filmados en Venezuela, Argentina, Chile, Estados Unidos, México, España, Francia, Italia, Japón, Nepal, India y Bhután. Además de los Videos, Loto Dorado tiene publicados más de 60 títulos en Audio CD de Llaves Tonales, Meditaciones, Enseñanza y Canciones, y comenzó en el 2008 la actividad editorial en México, donde radico desde hace 5 años. Para muestra, un botón. Tal como lo hizo con mi persona, Rubén Cedeño ha impulsado la creación de decenas de editoriales, páginas web, una radio y televisión metafísica, formación de grupos, realización de congresos internacionales y viajes de instrucción en el mundo entero, sin ser dueño ni titular de nada, dándole la oportunidad de servir, crecer, proveerse, crear y expandirse a cada persona que se le ha acercado ofreciendo ayuda. Rubén sólo cobra el derecho de autor por sus libros, videos y audios, y en algunos casos participa monetariamente en la publicación de sus obras, lo que representa actualmente su único sustento y medio de vida. Jamás ha cobrado nada por comunicar la Enseñanza Espiritual. Su capacidad de iniciativa es sin duda fuera de lo normal. Es un generador de ideas y proyectos que no descansa. Si a uno le cuesta pensar un nombre para un libro, él ya tiene tres, o los que uno quiera surgen a la velocidad del rayo. Esta cualidad lo hace tan prolífico en sus obras, las cuales reinventa, reescribe, aumenta y corrige con cada nueva edición. Como escritor, su estilo ha sido siempre espontáneo y vivencial, llegando a profundos niveles teóricos, pero llevando siempre la teoría al plano de la aplicación práctica. Cuando escribe parece desconectarse del plano físico y concreto, al punto de cuidar celosamente ese momento sagrado de inspiración de cualquier interrupción mundana que podría ponerle fin a su esfuerzo por plasmar en palabras las ideas que brotan en su mente. Es raro que duerma más de las 4 AM sin levantarse a escribir en medio de la silenciosa noche, cuando las ideas de los planos espirituales están más frescas y claras en su mente. No es extraño que sus escritos necesiten de una buena revisión ortográfica y gramatical, ya que al momento de escribir, la mayor actividad se presenta en el hemisferio creativo de su cerebro. Escribe de corrido y pocas veces vuelve atrás sobre lo escrito. Como estudiante e investigador es incansable. Siente un gran respeto por el saber y siempre está abierto a aprender. A sus 57 años de edad, sigue aprendiendo computación, idiomas, y está al día con todo lo que sucede en el mundo. Como instructor y pedagogo, es intransigente con el desorden, la distracción, la impuntualidad, la incompetencia, la vacilación temerosa y la falsa adulación. No tiene reparos en el ‘qué dirán’ ni ha intentado jamás mostrar o sostener una imagen en público. Siempre se ha empeñado en darle a la Enseñanza Espiritual una pedagogía, y en formar pedagógicamente a sus comunicadores. Ha extendido sus ansias por educar a todos los ámbitos de la vida, enseñando a muchos el buen vestir, los buenos modales, cultura general, arte, música y todo lo que hace al perfeccionamiento del ser humano. Como documentalista, jamás trabaja con un guión, aunque tiene muy claro en su mente lo que va a explicar y lo que quiere filmar. Las explicaciones son filmadas ‘in situ’ en completa improvisación, y muy rara vez hemos tenido que rehacer una escena, siendo imposible repetirla. Mi mayor desafío como camarógrafo ha sido, y sigue siendo, intuir sus próximos movimientos. Jamás le pregunto qué quiere, cómo lo quiere o cuándo va a empezar; todo esto lo tengo que saber de antemano sin mayores explicaciones. Jamás avisa cuando va a comenzar. Nuestros criterios de filmación han tenido desde los comienzos una feliz sintonía, lo que ha resultado en producciones que ambos gozamos y son nuestra mayor felicidad, lo cual se ve reflejado en la respuesta entusiasta de la gente que los ve. Sus grabaciones en audio las hace también de corrido, sin práctica previa y sin repeticiones. Como organizador de congresos internacionales y eventos en general, trabaja con gente capaz, independiente y segura para tomar decisiones, a quienes delega completamente la organización de los eventos, sin dejar de supervisar hasta el más mínimo detalle. Cuando los organizadores fallan en algún asunto, está siempre listo para asumir cualquier tarea, ya sea acomodar gente o arreglar la decoración. No soporta la inseguridad al responder, la vacilación, el temor o los llantos lamentosos. Cuando se cometen errores sus palabras son duras y directas, sin paliativos, pero jamás con enojo, aunque a veces así se reciban. Su único afán es que todo salga siempre a la perfección, y sobre todo, que la gente esté despierta, alerta y actúe inteligentemente. El más grave de los errores no es un problema, cuando hay verdadera toma de conciencia de parte de la persona que cometió el error y se corrige la situación. Como amigo, Rubén está siempre pendiente de uno, se desvive en atenciones, desde dar el paso en una puerta, hasta ‘pelearnos’ por pagar una cena. Siempre llega con un regalo, un detalle, y esto lo hace con cada persona que lo recibe en cada ciudad. La alegría es uno de los alimentos que más requiere, y que también da y transmite a quienes están con él. Fuera de las actividades de Enseñanza Espiritual, le gusta la diversión, los chistes de todos los colores, la música con letras urbanas, las que hablan de la vida. Su pasión son las tiendas de música, los museos, el cine, el teatro de revista, la ópera y Disneyland, adonde vamos cada año que visita California. Rubén ha sido para muchas personas en el mundo, una bendición de oportunidades.
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