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País
Vasco, España, Julio de 2009
Conocí a Rubén
el día 30 de Abril de 1.999, viernes, en Madrid en una conferencia
que él dictaba en la mencionada ciudad.
Tengo pocos
recuerdos del contenido de la misma, si bien sé que algo habló sobre
el Maestro Saint Germain y sobre Conny Méndez, a quien no conocía y
de quien nunca había oído hablar. Del Maestro Saint Germain sabía un
poquito más, muy poquito.
Los días 1 y 2
de Mayo de 1.999, sábado y domingo, impartió sendas conferencias a
las que, así mismo, asistí. No recuerdo nada en absoluto del
contenido de las mismas.
Y si debo hacer
un resumen rápido, externo, de ese fin de semana en Madrid es
profunda y absoluta DECEPCION.
He de decir,
hoy lo recuerdo con muchísimo cariño y emoción, que ese primer
encuentro fue, para mí, tremendamente decepcionante por dos razones:
a) por mis propias expectativas, probablemente derivadas de lo que
yo quería oír, razón por la que estaba allí, en la conferencia.
b) Por las circunstancias externas que rodearon las conferencias.
Con el paso de
los años, he comprendido, sin el menor atisbo de duda, que todo
estaba preparado, que las situaciones debían darse así, que yo
estaba siendo puesto a prueba para ver hasta dónde era capaz de
llegar y cómo iba a reaccionar, que todo obedecía a un plan ya
establecido, y finalmente que los Ángeles del Destino se estaban
riendo de mí haciéndome una jugarreta.
Antes de
continuar con el relato, y para su mejor comprensión, debo hacer dos
aclaratorias:
1ª.- Este servidor nunca antes de ese día 30 de Abril de 1.999 había
asistido a ninguna conferencia de tipo espiritual y nunca antes
había oído hablar de la existencia de ninguna Escuela Espiritual.
2ª.- Nunca antes había visto a Rubén, ni sabía cómo era, ni cuál era
su profesión. La única referencia que tenía de él era la fotocopia
de un libro, “Cartas Metafísicas I, II, III, IV y V”, que aún hoy lo
conservo como el más preciado de los tesoros y por el que doy
gracias a Dios todos los días.
Y finalmente, antes de continuar, tengo que remontarme unos meses
atrás para explicar los acontecimientos que permitieron el encuentro
con Rubén:
A mediados del
mes de Noviembre de 1.998, decidí que a partir de ese momento todos
mis esfuerzos se iban a centrar en la búsqueda de los Maestros
Ascendidos. Quería saber quiénes eran, qué hacían, cuáles eran sus
objetivos, por qué y para qué estaban trabajando, en definitiva
quería saber todo sobre Ellos.
Cabe decir que
la primera vez que oí las palabras “Maestros Ascendidos” fue a una
señora maravillosa en San Sebastián, España, en 1.996 y desde
entonces estaba obsesionado en conocer cuanto he dicho con
anterioridad.
Por
“casualidad”, en esas mismas fechas, mediados de Noviembre de 1.998,
un amigo me fotocopió el libro de Rubén “Cartas Metafísicas I, II,
III, IV y V”, mencionado más arriba.
Enemigo
acérrimo, como yo era, a que se fotocopien los libros, sin ojearlo
siquiera lo dejé casi abandonado en una repisa de mi biblioteca.
Pasaban
las semanas, después los meses, y seguía sin saber qué hacer para
saber algo de los Maestros Ascendidos y cómo y dónde localizarles. Y
por supuesto ni se me ocurría buscar información sobre Ellos en
internet, que por aquellas fechas era una herramienta incipiente.
Finalmente
llegó el mes de Abril de 1.999 y de nuevo tomé en mis manos, hacia
el día 20, ese “fastidioso” libro fotocopiado de las Cartas
Metafísicas. Esta vez sí, comencé a ojearlo; no tenía otra cosa
mejor que hacer…
Pero he aquí
que su contenido comenzó a intrigarme. Ya no lo ojeaba, ahora lo
leía con muchísima atención y entusiasmo.
Ya en las
primeras páginas llegué a la conclusión de que la persona que
escribía sabía de qué estaba hablando y era erudito/a en la materia.
Y decidí que “donde quiera que esa persona estuviese en ese momento,
si aún vivía, en cualquier parte del mundo, fuese hombre o mujer, yo
iría a hablar con él/ella”. Por supuesto en ese momento no me
acordaba de los Maestros Ascendidos ni veía relación entre Ellos y
el libro fotocopiado.
Me
puse en contacto, vía correo electrónico, con la Editorial Serapis
Bey, y de inmediato me contestó, amabilísima y diligentemente, Jorge
Carrizo diciéndome “que no hacía falta que acudiese a ninguna parte
del mundo a hablar con el autor del libro pues el señor Rubén Cedeño
en persona estaría dictando una conferencia en Madrid el día 30 de
ese mes”.
Me
dio el teléfono de Domingo Laut, organizador de Madrid, a quien
llamé para reconfirmar la veracidad de la información.
¡¡¡ Diez días habían transcurrido desde mi decisión ineludible de
hablar con él hasta que le conocí!!!.
Y llegado el
día 30 de Abril, esperanzado, ilusionado, reservo plaza en un hotel,
y me apresto a pasar un fin de semana feliz en Madrid.
Pero todo
resultó un “desastre”, me decía mi mente juzgadora: Rubén comienza
la conferencia “ordenando” no tomar apuntes, etc…, (¡¡¡uy, uy, uy!!!
esto no me gusta, me digo), habla de Saint Germain y de Conny
Méndez… (pero si yo quiero oír ampliado lo que he leído en el libro
“Cartas Metafísicas”, me digo), pasa una película de video en la
televisión con diversos fallos técnicos… (¡¡¡uy, uy, uy!!! esto no
es lo que yo busco, definitivamente). Para colmo hay personas en el
público que se dedican a reventar la conferencia cuchicheando,
haciendo ruido, molestando al ponente y al resto de la concurrencia,
etc…, etc… (pero quién es esta gente, para qué ha venido a molestar,
me digo; y yo para qué habré venido si considero que estoy perdiendo
el tiempo?, pienso; esto no es lo que yo buscaba, ¡esto no puede
ser!). Y finalmente alguien pide la “donación amorosa” (pero qué es
eso de donación amorosa, por qué hay que dar nada si todo ha sido un
desastre, reflexiono).
Terminada la
conferencia, salgo defraudado sin saludar a Rubén, ni a nadie, y
pensando en irme a mi casa distante 400 kms., máxime cuando en el
hotel me habían anulado la reserva sin ninguna justificación.
No obstante, después de una fortísima lucha interna, decidí asistir
a las dos siguientes conferencias, del sábado y del domingo, que, en
apariencia no me reportaron nada positivo pues nada recuerdo de las
mismas.
Aún sin querer
reconocer mi error de que había fallado mi intuición, pregunté a los
organizadores en qué ciudad y cuándo sería la próxima conferencia de
Rubén: era en Valladolid, a 200 kms. de mi casa, el día 6 de Mayo a
las 19 hs.
Y allí me fui
con la esperanza de oír lo que se dice en el libro “Cartas
Metafísicas” y, sobre todo, de cambiar la imagen de lo que vi en
Madrid.
Pero el
desastre continuaba: la conferencia no empieza a la hora pautada,
todo el mundo está de pie, nadie sabe qué pasa, parece que se va a
suspender. (Mi mente ordenada, estricta, a veces cuadriculada no
entiende esta situación y me enfado con todo y con todos y en
especial conmigo mismo por permitirme el “lujo” de “perder el
tiempo”, de nuevo).
Con casi una
hora de retraso, alguien dice que Rubén está viniendo, que se ha
producido un contratiempo, …
Finalmente
aparece Rubén. Comienza la conferencia pidiendo perdón por el
retraso. Nos dice que viene directamente del hospital, que ha tenido
una situación grave de tensión, etc… (Es en este momento cuando
empiezo a valorar de otra forma a Rubén: qué amor tiene que tener
este hombre para venir directamente del hospital a dar su
conferencia. Todo mi respeto para este señor que hace semejante
ejercicio de abnegación).
La conferencia
versa de nuevo sobre Saint Germain (Aunque sigo sin oír hablar de
“Cartas Metafísicas”, se lo perdono por el enorme respeto que se ha
ganado conmigo por el tremendo esfuerzo físico que está haciendo).
Nos dice,
además, que, dado que, por prescripción facultativa, tiene que
permanecer algunos días no previstos en Valladolid está dispuesto a
dar más conferencias en esa ciudad si la concurrencia lo estima
oportuno. Y así va a ser.
Al día
siguiente, esta vez sí con una puntualidad exquisita, dicta una
conferencia maravillosa sobre “El Cristo Interno”. Por supuesto,
primera vez que yo oía algo semejante que me dejó perplejo,
anonadado, impresionado. Pero seguía sin oír hablar de “Cartas
Metafísicas”.
Finalizada la
conferencia, me llegó la sorpresa del día pues Rubén, sin motivo ni
razón aparentes, me invitó a cenar. Asistimos a la misma cuatro
personas, Pablo Velázquez y Carlos Monsalve, organizadores de
Valladolid, el propio Rubén y un servidor. Por supuesto en ningún
momento se habló de espiritualidad, ni de “Cartas Metafísicas”, ni
nada parecido; tan sólo de cultura general, de viajes, de
“chascarrillos”.
Y el lunes, 10
de Mayo de 1.999, Rubén dictó en Valladolid la conferencia no
programada con anterioridad y que añadió como consecuencia de la
ampliación de su estancia en mencionada ciudad motivada por su
apariencia de enfermedad.
Dicha
conferencia tampoco esta vez versó sobre “Cartas Metafísicas”. Habló
sobre la Jerarquía Espiritual de Shamballa. Habló sobre los
¡¡¡MAESTROS ASCENDIDOS!!!, sobre esos mismos Maestros con los que yo
estaba obsesionado desde 1.996, tres años atrás, sobre esos mismos
Maestros que estaba buscando desde mediados de Noviembre-98 en que
decidí que mis esfuerzos se iban a centrar en Su búsqueda para saber
quiénes eran, qué hacían, cuáles eran sus objetivos, por qué y para
qué estaban trabajando.
Se había
cerrado el círculo, había encontrado lo que con tanto ahínco estaba
buscando.
NOTA: No soy dado a escribir ni a hablar ante grandes auditorios;
mucho menos a expresar públicamente mis sentimientos. Sirva, por
ello, este escrito para agradecer a Rubén todo el amor que siempre
me ha dispensado, a mí y al País Vasco; la buena voluntad y
predisposición que siempre me ha manifestado, a mí y al País Vasco;
y la enseñanza con que siempre me ha distinguido, a mí y al País
Vasco. Nunca podré agradecérselo suficientemente pero, siquiera,
quede en estas líneas un leve reflejo de mi más profundo amor y
consideración por él.
En mi nombre y haciéndome eco del sentir del País Vasco, infinitas
gracias, Rubén, y Que Dios te bendiga y te permita disponer de otros
cuarenta años de Expansión de la Luz de Dios que Nunca Falla.
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