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10
– 07 - 2009
Córdoba-Argentina
Corría
el año 1986 y mi persona formaba parte de un Grupo de estudio y
práctica de Hatha Yoga y Raya Yoga, cuando llegó la noticia de que
una Conferencia sobre Metafísica se iba a realizar en Córdoba. Y
allí fuimos todas; la cinco componentes del Grupo, a ver qué era esa
misteriosa y prometedora Charla. Sorprendentemente nos gustó a
todas. Allí se leía el “Libro de Oro” de Conny Méndez, que contenía
la traducción de las Pláticas del Maestro Saint Germain y las clases
de Carola de Goya. Todo parecía maravilloso hasta que un día
lentamente se fue mezclando con otras cosas que el Grupo no deseaba
para sí. Así fue que nos comenzamos a reunir solas para estudiar las
Enseñanzas de Saint Germain, el Libro 4 en 1 de Conny Méndez y las
clases de Carola de Goya, todo esto por supuesto en borrosas
fotocopias y una pléyade de libros plagiados. Además, comenzamos a
decretar para que la Presencia ¨ YO SOY ¨ y los Maestros nos guiaran
hacia lo que queríamos. Así fue como llegó a nuestras manos un libro
llamado “Los Siete Rayos” de Rubén Cedeño, publicado por Bienes
Lacónica, además por eso días para mi cumpleaños en 1987, mis
compañeras me regalaron un libro de Rubén Cedeño llamado
“Principios”, lo que para mí fue una decisión interna y muy clara de
que eso era lo que yo quería, ya que había estado estudiando sobre
estos temas con otros autores y no los había clarificado mucho. Pero
en “Principios” estaba muy claro y eso me decidió en mi interior. Le
comenté al Grupo y a la Instructora, quien inmediatamente dijo:
“Llamemos a este teléfono que figura en el libro de Bienes Lacónica
y allí averiguamos cómo podemos conectarnos con Rubén Cedeño.” Así
lo hicimos inmediatamente y nos fuimos a una casilla telefónica
pequeñísima, y Mercedes y mi persona llamamos neviosísimas. Cual fue
nuestra sorpresa cuando nos atendió directamente Diego Gil Velutini,
nieto de Conny Méndez. Ansiosas nos identificamos y le preguntamos
si podía conectarnos con Rubén Cedeño y él nos respondió
amablemente: “Bueno, Rubén Cedeño no trabaja aquí, pero casualmente
en este momento está aquí frente a mí. Si quieren les paso el
teléfono con él”. Ay ¡nos temblaron las piernas y nos saltó el
corazón. ¿Qué era esta sorpresa? Al otro lado de la línea se oyó la
voz de Rubén que dijo: “¿Hola?” Respondimos al unísono, mirándonos
sorprendidas: “Queremos saber cómo contactarnos con usted para
estudiar Metafísica”. Y él nos respondió para aumentar nuestro
asombro: “Justamente mañana estoy saliendo para Argentina a dar
Conferencias en Rosario, vénganse y allí hablamos”.
Entusiasmadísimas dijimos: “Bueno, allí estaremos!” Y así fue que se
organizó un grupo para asistir a Rosario a entrevistarse y asistir a
la Conferencia, y a la vez llevaba la misión de invitarlo a Córdoba
a dar Conferencias. Y ya el 12 de octubre, Rubén Cedeño estaba en
Córdoba a tan sólo a unos pocos días de haberlo contactado por
primera vez. El Grupo le había preparado un Plan. Lo fuimos a
esperar al aeropuerto y habíamos encargado un ramo de flores en una
florería japonesa , de camino al aeropuerto recogí el ramo; grande
fue mi sorpresa al ver que me entregaban una “Ikebana” , me dio un
poco de vergüenza pero me fui y cuando Rubén llegó vestido con un
abrigo de cuero negro y al ver que no era alto, rubio y de ojos
celestes como se esperaba fuera un Maestro, algunos se impresionaron
y más aún, el hecho de que llevara anteojos de aumento para ver, ya
que alguien dijo que los maestros no llevaban anteojos y que
deberían ser de mentira, para despistar. No obstante allí estaba yo
con la Ikebana, y haciendo coraje se la entregué. Rubén me miró
profundamente con esos ojos negros y me dijo: “Es la primera vez que
me reciben con flores, es un buen presagio (eran rosas color rosa
té). Sentí vibrar todo mi ser y pensé: “¿Qué va a hacer un hombre de
viaje con una Ikebana? Me dio apuro. Lo hospedamos e invitamos a
comer a un restaurante vegetariano, no de lujo, y allí nos fue
preguntado qué hacíamos y cuál había sido la última clase que
habíamos dado. Cuando me tocó el turno a mí, dije: “Amida Buddha”, y
él abrió los ojos aún más, me clavó la mirada y me dijo: “Tú eres la
profunda del Grupo”. Me pregunté qué habría querido decir en mi
inconciencia, ya que el tema me gustaba pero mi dimensión de ello
era aún escasa. Al otro día lo invitamos a dar una Conferencia en
nuestro salón de Clases de Yoga. Cuando llegó los alumnos ya estaban
todos sentados en el suelo al estilo de la clase de yoga.
En
el frente del salón había una foto de la Madre Mercedes con aura
violeta, como patrona del Ejército Argentino, que había quedado allí
de mi clase del Rayo Violeta. La miró y dijo: “Y esto ¿de quien es?”
Tímidamente le contesté que era mía y se la ofrecí como regalo, y me
dijo: “No, esa es su Madre”. Así nos sentamos expectantes al frente,
en el suelo, Rubén en el medio, a la derecha mi persona y a la
izquierda Mercedes, al lado Azucena. Rubén comenzó la clase cantando
un divino ¨OOOMMMMM ¨ (prediciendo, para mí felicidad, que
recibiríamos la clase de La Creación. Pero, por ahí se oía un
ruidito de papel celofán desde una compañera que estaba abriendo el
casette para grabar la clase. Rubén se silenció, la miró, sonrió sin
decir nada continuó con la clase del Cristo Interno. Me sentí
desilusionada en el momento, pero esa fue mi primera clase. Cuando
el Maestro habla, todos se silencian para recibir y grabar en el
alma. Sólo el Espíritu está presente. Eso ha regido mi vida de
alumna hasta hoy día y lo será hasta que la vida lo disponga.
Al
día siguiente habíamos organizado una Conferencia pública a la que
fue mucha gente que llenó el salón, y Rubén Cedeño enseñó El Cristo
y La Bendición. Al finalizar nos hizo entrega del ACTA DE FUNDACIÓN
del Grupo Verdad, Unidad y Libertad. Ya solo quedamos dos miembros
del Grupo que firmó el Acta: Francisca Robledo y mi persona. Pero en
esa nostalgia hemos visto crecer, crecer y crecer a nuestros
alumnos. En nuestra conciencia late la Paz de haber recorrido este
país y haber fundado Grupos de Metafísica en cada rincón.
A
Rubén Cedeño: Gracias por habernos respondido, ayudado, enseñado,
culturizado, progresado, contactado con el cielo y por tantas horas
y momentos de una vida de veinte años compartida en su totalidad y a
Dios y a los Maestros por la vida que nos ha permitido servir
humildemente.


Asistentes a la primera Conferencia Pública que dio Rubén Cedeño en
Córdoba, Argentina.
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