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PADRE MARIO

 

Por: José Manuel Rodríguez

EL PADRE MARIO - JOSÉ MARIO PANTALEO

Hablar de vidas santas como la de José Mario Pantaleo es recordarnos que todos los Bienes que realmente podemos llegar a necesitar están dentro de nosotros. Dios en Su Inmensa Bondad, Sabiduría, Amor….., nos Creó Seres completos. La vida del Padre Mario es un ejemplo para todos en ver lo esencial, que es simple, silencioso y lleno, que en las cosas de todos los días está la Gracia de disfrutar la vida, cada detalle es necesario y esencial, más depende de cada uno tomar de Su fragancia.

SU INFANCIA- IL PICCOLO MARIOLO

Giuseppe Mario nació el 1º de agosto de 1915 en la ciudad de Pistoia, de la provincia de Florencia, Italia, hijo de Rafael Enrique Pantaleo y de Ida Melani; de familia dedicada a la industria de la tela y muy importante, más con la llegada del rayón, que desplazó a la seda natural, el negocio familiar entró en crisis.

Los Pantaleo vendieron su casa a una Orden de Clarisas de Clausura y en los años '20 partieron rumbo a la Argentina, más precisamente a la ciudad de Alta Gracia en Córdoba. Sus padres internaron al pequeño Mario como alumno pupilo en un hogar salesiano. Cuando la paz volvió a Europa decidieron volver a Italia pero, por alguna razón que se desconoce, lo dejaron a cargo de los hermanos salesianos, Mario sólo tenía seis o siete años. "Sé que sintieron un rechazo hacia mí y por eso me dejaron al cuidado de una nodriza", dijo Mario una vez.

Luego de un tiempo, los salesianos no tuvieron más noticias de los padres y recurrieron a las autoridades italianas para solicitar la repatriación del pequeño. Así fue como ese chiquito volvió solo a Italia, a Génova, en barco. Fue internado por su tía Rubina en un seminario a cargo de sacerdotes en Arezzo.

Los recuerdos que el Padre tenía de su infancia eran muy vagos, tal vez porque la tristeza fue su única compañera. Este capítulo de su vida fue, quizás, el más doloroso. ¿Qué de persona puede llegar a ser completamente feliz cuando no tiene una base sólida de afecto?

EI pequeño Mariolo, como le decía su familiar, dio muestras de su vocación desde muy pequeño. En los jardines del Palazzo Pantaleo había una glorieta y a unos metros de ésta, una mesita de piedra donde el pequeño de sólo 4 años jugaba a ser cura. Su hermana mayor lo encontró una tarde en plena tarea y ocultándose entre los árboles espió la ceremonia. Con una fina y larga tela, el niño cubrió sus hombros alrededor del cuello. En la mesa acomodó minuciosamente un pedazo de pan y una copita con agua sobre una impecable servilleta blanca. Con sus pequeñas manos elevó el pan hacia el cielo, lo mojó en la copita y les dio las migas a las palomas que asistían inocentemente al juego. La hermana, sorprendida, le preguntó: "¿Qué estas haciendo, Mariolo?", y como respuesta recibió: " ¡Pero... Yo soy un Padre! ".

De pequeños la esencia de lo que somos y venimos a hacer está más fresca, se es más puro, y es el trabajo de padres y madres observar e incentivar esas cualidades que hacen bien a todos y que se van desprendiendo y desarrollando desde los niños; que desperdicio de tiempo y energías cuando crecemos y decidimos ir contra-natura; ¿que pasa con todos esos bellos sueños que estábamos dispuestos a llevar adelante?

Siendo un pequeño de 3 añitos, Mariolo sufrió una crisis muy aguda de asma. Su madre Ida, desesperada, lo acompañó con sus plegarias rogando por la vida de su hijito. Se dice que, en un momento, uno de los rincones de la habitación comenzó a iluminarse y, según contó Ida más tarde a su familia, apareció ante ellos la imagen de Santa Teresita.

La misma Santa Teresita de Lisieux quién viviera una infancia similar a la del pequeño Mario y que hizo que se acentuara aún más en ellos el deseo por una vida interna. Teresita que haciendo su “caminito” y con las cosas simples y cotidianas mostró el Amor, la Humildad y la Fe ciega en Dios.

Muchas veces y de pequeños nos pasan cosas aparentemente difíciles o desagradables pero que hacen que desde muy temprana edad nos tengamos que refugiar en lo interno, y ese es un gran crecimiento para el resto de la encarnación. Por otro lado ¿cómo darnos cuenta que dentro de nuestros corazones hay cualidades divinas si desde lo externo no nos pasan cosas para que ellas florezcan?

El Padre Mario nunca tuvo un recuerdo muy claro de ese momento, lo único que quedó fijo en su memoria fue la sensación de una intensa luz, que baño con su calidez, a él y a su madre. A partir de allí Mario no dejó de adorar y dedicar todas sus plegarias a Santa Teresita que, junto con la Virgen de la Inmaculada Concepción, fueron las únicas imágenes que trajo a Argentina desde su Italia Natal.

A los cinco años, su gato estaba muy enfermo y le habían dicho que moriría. Mario, con lágrimas en los ojos se acercó al felino que estaba tendido en el suelo, moribundo y le acarició el lomo como una amistosa despedida. Apenas dos horas después, el gato corría por la casa y por los techos, sin vestigios de enfermedad, esta fue la primera curación por imposición de manos del padre Mario.


PADRE PIO
En Italia, siendo ya un adolescente, la luz de esperanza que guardaba en su corazón de poder reencontrarse con sus padres se fue apagando al ser internado en el seminario de Arezzo, bajo la tutela de su tía Rubina. A pesar de la corta distancia entre Arezzo y su Pistoia natal, el joven Mario no pudo volver a estar con sus padres. Por cuestiones económicas, luego de una corta estadía, fue internado en otro seminario en Viterbo, a pocos kilómetros de la imponente Roma. Más tarde, por la misma razón pasó al seminario de Salerno, al sur de Nápoles, sobre el mar Tirreno, ese mar azul fue testigo y compañero de largas caminatas y atardeceres solitarios de un joven que quedaría mareado en el alma cuando tomó conciencia de que nunca pudo disfrutar de sus padres como lo habían hecho sus hermanos Andrés, Inés y Salvador, y también supo que ya no los vería nunca más.

Ya seminarista de 20 años, Giuseppe Mario decidió conocer a un Sacerdote capuchino muy especial: el Padre Pío de Pietrelcina. Este humilde hombre, Santo, se convirtió en confesor del joven Pantaleo. Entre ellos nació una relación fraternal. Mario encontró en él paz y consejo. Por esto, decidió verlo y consultarlo tantas veces como le fue posible.

Ambos fueron no entendidos y muy resistidos por parte de la propia Iglesia a la cual pertenecían y a pesar de ello nunca renunciaron a formar parte de ella.

Eso es entender más allá de la forma, de la estructura, eso mismo puede pasar entre cualquier grupo de gentes que gustan de seguir a Dios por una vía y que por Claridad dan el ejemplo de lo que es y debe ser a pesar de toda oposición e incomprensión de quienes no ven más allá del árbol, y que por ver el árbol no ven el hermoso y frondoso bosque que se encuentra a sólo un paso de distancia. Es más, si de diferentes formas se nos da la oportunidad de transitar el sendero hacia lo infinito y elegimos una de ellas ha de haber algunos seres que nos muestren el camino hasta que nosotros mismos seamos el camino.

El 3 de diciembre de 1944 -etapa final de la Guerra-, Giuseppe Mario Pantaleo, de 29 años se ordenó sacerdote católico. Pocos días después, el 8 de diciembre, celebró su primera misa en Matera, pueblo cercano al Golfo de Táranto, y comenzó un corto peregrinaje por Italia, pues todavía no había sido designado para cubrir un puesto fijo.

En 1946, uno de sus superiores le habló a Mario sobre un pedido desde la Argentina en el cual le habían solicitado al Papa Pío XII que le enviara ministros. Ése era su destino, no podía quedarse más tiempo deambulando sin rumbo en Italia. El sabía que debía cumplir con una tarea y el camino se abría en América. Mientras comenzaba a preparar su partida, decidió ver nuevamente al Padre Pío para ponerlo al tanto de su decisión. El capuchino, luego de confesarlo, le dijo: "Ve, hijo mío, estás en tu camino... Tú también has sido elegido para una singular misión... Adiós, hijo, adiós".

Ambos padres, Pío y Mario manifestaron dones de curación y sanación a través de la imposición de manos, ambos hacían lo necesario por la gente.

Luego andando los años Mario conoció a la Madre Teresa de Calcuta con quien compartiría una misma Visión de prestar Servicio: acoger en su obra a todos los necesitados sin importar que adhirieran o no a la creencia religiosa que ellos pudieran impartir, tal como si se fuera laico lo cual es lo que debe ser, hacer el Bien sin mirar a quién.

Los Santos se reconocen y se ayudan en el camino al servirle a una causa más alta.

 

LAS CURACIONES - IMPOSICIÓN DE MANOS Y DONES DIVINOS

El 4 de marzo de 1948 regresa a la Argentina José Mario Pantaleo, pero en esta oportunidad como Sacerdote.

Desde su retornó a la Argentina el padre Pantaleo conoció la miseria de miles de seres enfermos y empobrecidos. Desde alguna pequeña capilla o a cielo abierto logró rodearse de esas mujeres, hombres y niños que necesitaban no sólo palabras de consuelo, sino también la inmensa fe que ese cura cordial les impartía con sus manos, con esas manos que guiadas por el Poder Divino podían diagnosticar y sanar a quienes, cada vez con más convicción, se acercaban a su figura humilde y siempre dispuesta a ayudar a sus semejantes. Durante nueve años dormía en un baño del subsuelo del Hospital Santojanni; donde había logrado ser asistente del Capellán; donde realizaba sus curaciones.

Con su férrea voluntad para cobijar a los desposeídos y mostrar el amor y la humildad que lo convirtieron en un sacerdote alejado de oropeles se vieron las largas “filas de la esperanza” con gran cantidad de gente que desde la madrugada se juntaba en González Catán y dos veces por semana en los fondos de una panadería del barrio de Floresta para buscar alivio a sus enfermedades y problemas de las manos del Padre Mario, un Cura Sanador. Se calcula que atendió en los últimos treinta años un promedio de 2.000 personas por semana. Sus seguidores eran principalmente los humildes, pero también muchos famosos y de renombre, como artistas, empresarios, y hasta en su tiempo el propio Presidente de la República, Carlos Menem. Pero por supuesto que no siempre fue fácil la tarea del padre Mario debido al interés de algunos en desacreditarlo y combatirlo. Frente a ellos están, los que dudan de sus poderes, y ambos enfrentarán el recelo de las altas autoridades de la Iglesia Católica, del gobierno de turno y de los responsables de la ley.

También en ello se puede ver la grandeza y piedad del cura para con quienes atacaban su obra: Un comisario de González Catán, quien había recibido “sugerencias” y algunas presiones para terminar con la obra del cura, varias veces lo amenazó con que lo llevaría preso si continuaba sanando. Uno de los hijos del comisario enfermó de gravedad y desesperado lo llevó hasta el cura, como un último recurso y por supuesto el padre Mario sanó a la criatura y esto llevó a que el comisario no solo lo dejara tranquilo, sino que hasta llegó a trompearse con alguien que acusó al padre Mario de mentiroso.

Cierta vez una mujer -aparentemente muy preocupada- fue a ver al sacerdote y le entregó una foto (en la que una mujer sonreía cálidamente) diciéndole que era una amiga afectada por una grave enfermedad (habitualmente el padre Mario curaba con solo ver fotografías o tener en sus manos alguna prenda). El padre Mario luego de tener la foto en sus manos, miró fijamente a la mujer a los ojos y le reprochó: Pero hermana... ¿por qué me traes la fotografía de alguien que ya no está?, la mujer se echó a llorar y confesó que efectivamente la mujer de la foto había muerto hacía un tiempo y que ella lo sabía. Su misión era tenderle una trampa para que alguien (nunca se supo quien) hiciera luego público el engaño y demostrar que los poderes del padre Mario no eran tal, sino solo charlatanería. La mujer, arrepentida de su acción, quiso besar las manos del cura, pero él no lo permitió y tomándola de los hombros simplemente le dijo que fuera con Dios.

Con esto se ve claramente que a las intenciones siniestras hay que definitivamente y sin más miramientos ponerle alto, porque sino lo que sucede es que comienzan a envolvernos y a dañarlo todo.

Estos hechos tenían dos orígenes: Un sector del clero católico, su propia Iglesia (quienes presionaban, por ejemplo a los sectores policiales) y un grupo de médicos de la zona que intentaban acusarlo por ejercicio ilegal de la medicina. Increíblemente los médicos fueron quienes ayudaron en la obra del Padre Mario, cuando comprendieron que el cura no quería reemplazarlos, muy por el contrario, su obra ayudaba a salvar vidas. Un médico llevó cierta vez a su propia esposa atacada de una enfermedad terminal, hasta el padre Mario. En un portafolio tenía todos los estudios y análisis hechos a la mujer. Cuando quiso abrir el maletín, el padre Mario le dijo que no era necesario, puso su mano sobre el maletín cerrado y detalló al médico algunos exámenes que allí se encontraban. Luego de hablar a solas un tiempo con la mujer le comentó a su esposo que la mujer moriría al poco tiempo pero que lo haría sin dolor, plácidamente y con una fe renovada. Efectivamente, la mujer de este médico murió un mes más tarde, sin dolores, en paz, con su fe reconfortada y al decir de su esposo, murió con una sonrisa. Por el contrario, el clero nunca lo aceptó y solamente pudo desarrollar su obra gracias a la comprensión de Monseñor Bufano y a la muerte de éste de Monseñor Meinvielle (ambos obispos de San Justo, diócesis en la que trabajaba el Padre Mario Pantaleo).

Quienes hablan de las “milagrosas” curaciones del Padre Mario se cuentan por miles. A modo de ejemplo, algunos relatos de personajes famosos y de anónimos fieles que recibieron el auxilio del cura sanador cuentan: “Apenas me miró me diagnosticó que tenía. Después fui al médico y me confirmó exactamente lo que el Padre Mario me había dicho”.


Uno de sus amigos cuenta que cierta vez que lo vio ayudándose con nebulizador para respirar le preguntó porque si podía ayudar a tantos, no podía curarse él mismo, a lo que el cura le contestó: “Cuando alguien recibe un don, es para darle a los demás, no para uno”.También agrega: “El principal milagro del Padre Mario fue su obra para con los huérfanos y discapacitados. Ese tano tozudo y luchador era de los que pensamos que si podemos soñarlo, podemos hacerlo y lo hizo”.

Muestra certera de los que Sirven es la Humildad, no la Humildad en que puedan creer los demás, sino en lo que es esa aceptación de Ser no nada ante las grandes y buenas cosas que El Padre muestra a cada instante; no creerse lo que no se es, eso si es Humildad.

Otro caso: “En enero de 1990 una tomografía computada determinó que tenía un tumor canceroso de dos centímetros en el pulmón derecho; por lo que los médicos decidieron operarme urgentemente en una semana. Fui al Padre Mario y con su péndulo me confirmó el diagnóstico diciendo que se podía curar en 60 días. Bajo mi responsabilidad, aplacé por dos meses la operación y visitaba diariamente al Padre Mario, quien sin tocarme, pasaba su mano por la zona afectada y oraba. A los 63 días me dijo que me hiciera una nueva tomografía la que arrojó como resultado que el tumor había desaparecido. Cuando mi médico vio la tomografía no podía creerlo y tuve que confesarle que tenía un asesor espiritual. Mi médico llevó el caso a la Academia de Medicina”. “A los seis meses me hice otra tomografía y no hubo dudas, el tumor ya no existía. Tengo toda la historia clínica a disposición de quien quiera verla...

“El Presidente Carlos Menem en los funerales del Padre Mario lo definió diciendo: “Es un santo”. Cuando meses más tarde los restos del cura fueron trasladados desde el cementerio de la Recoleta a González Catán, también estuvo presente el Presidente quien dijo: “Yo se que cuando se habla de curaciones hay muchos que desconfían. Se habló mucho del Padre Mario y de sus curaciones. Quiero decirles que yo soy uno de los que recibieron su palabra y su curación”. Menem fue atendido por el Padre Mario a raíz de problemas en sus cuerdas vocales (enfermedad ésta que hizo correr rumores de un cáncer en el primer mandatario).

Una señora tenía un tumor en el cuello en 1984. Era inoperable. La quimioterapia no había resultado y la cobaltoterapia tuvo que ser suspendida. Estaba desahuciada y lo único que quedaba era esperar el desenlace. Cuando el Padre Mario la atendió pasando su mano (sin tocarla) por la zona y rezando, el tumor desapareció. En los años ‘86, ‘87 y ‘88 se le volvieron a hacer tomografías y se confirmó que el tumor ya no existía.

Otra mujer de muy buen nivel social y económico que colaboró durante mucho tiempo con la Fundación, cuenta: “Una vez le pregunté al Padre sobre los enfermos de SIDA y él me dijo que con eso no podía hacer nada. Pero al tiempo, muy contento me dijo que ya tenía tres casos de SIDA en los que la enfermedad había cedido. Yo le dije: Pero Padre si Ud. me dijo que con eso no podía hacer nada y el me dijo: Si, pero ahora El De Arriba me dio permiso”.

Nada se puede realizar realmente si no es bajo la Voluntad del Padre y confiando en ella, con Fe, entregándose sin resistirse desde la personalidad más haciendo el Bien y no haciendo el mal, es así que todas las cosas se acomodan de acuerdo a nuestro Plan Divino de Perfección. Confiando que siempre hay un Bien aunque pueda estar oculto detrás de una apariencia y que eso es lo que Dios quiere que se manifieste. Y Dios es “Yo Soy lo que Yo Soy”, somos co-creadores con Él, hechos a Su Imagen y Semejanza y por tanto esos poderes divinos no son negados a nadie que acceda a ese estado de conciencia. Cuando los discípulos del Maestro Jesús se preparaban para su Servicio tenían la Gracia y los Dones que Su Maestro les irradiaba y sostenía y en Su nombre obraron milagros, más el “milagro” es que todos somos hijos del Padre y tenemos los mismos dones sin necesidad de tener que recurrir a nadie más que a nuestro verdadero Ser que “Yo Soy”, el asunto es tomar conciencia de que así es, tomar conciencia de que “Yo Soy” y que nada que sea externo es realmente perdurable.

Dice el Dr. Daniel Trocki sobre su experiencia de dos años junto al Padre Mario: “Presencié algunas cosas que eran increíbles. Si yo no las hubiera visto, confieso que me hubiera costado mucho aceptarlas. Antes de conocer al Padre Mario no creía “en esas cosas, de ninguna manera”. Dice luego refiriéndose a su profesión médica: “Uno no tiene por que encorsetarse en los parámetros médicos, esto lo digo como profesional. Nosotros somos profesionales, pero antes que eso somos seres humanos”.

Somos Uno, hermanos, humanos, ángeles, elementales, sin importar las ignorancias que momentáneamente nos estén segando, separando; pareciera que no nos detenemos ante nada para conseguir lo que se nos antoja. Pareciera que porque creemos estar mejor que otros, ser más adelantados, saber más que los demás, nos olvidamos que ese “otro” que está en frente de nosotros soy yo mismo, hoy o un tiempo atrás, sufriendo y no entendiendo. Cuando las personalidades quieren hacer valer su título, cargo rango o nombre dañan a los demás, esto es así, porque no se reconocen y no pueden reconocer a Dios en Todo. El sólo hecho de escuchar a los demás cuando están sufriendo, es un acto de Compasión; el hecho de ponerse en el lugar del otro es volverse conciente de que no hay espacio para el juicio, la condena, la arrogancia y el odio, porque soy yo mismo quien ocupo ese lugar, ese estado de conciencia por un instante. Y el hecho de poder ver las cosas con otros ojos, no los ojos de la limitación y la desesperación, ver con los ojos del Espíritu, de las Leyes de la Vida debiera volvernos seres Humildes, silenciosos, dispuestos a dar y dar, mansos como corderos de Dios, hace que volvamos nuestra cara hacia el Cristo Interno, nuestro Maestro Sabio y siempre presente, capaz de maravillas, maravillas como saber intuitivamente como actuar y así consolar al afligido.

El último milagro del Padre Mario fue en la sala de Terapia Intensiva del Sanatorio de la Santísima Trinidad donde estaba internado en agosto de 1992 afectado de una deficiencia cardiaca, la que sumada a su crónico problema respiratorio sería el desencadenante de su fallecimiento. Junto a él se encontraba Amanda “Mandy” Salas una joven norteamericana de 16 años quién a raíz de un accidente automovilístico estaba cuadripléjica, sin poder mover ninguna parte del cuerpo y con respirador artificial, los estudios y las tomografías determinaron una lesión en la médula irreversible. Cuando el Padre Mario se enteró le pidió a Perla (su secretaria y mano derecha en la Fundación) una foto de la chica y que gestionara para que retiraran el biombo y acercaran las camas. El biombo fue retirado, pero no se pudieron acercar pues los dos dependían de sus respiradores. Desde su cama el padre levantaba su mano que le temblaba, porque tenía que hacer mucha fuerza, y bendecía a Mandy. Poco antes de morir, le dijo a Perla en un susurro que él “se iba a ir”, pero que la chica “se iba a quedar”; agregando que volvería a caminar en un año y medio o dos”. Agrega la enfermera que Mandy, después de ser trasladada a su ciudad (San Diego) abandonó el respirador, y no solo pudo mover sus dedos, sino que logró pararse de su silla de ruedas. Mandy Salas, se graduó al año siguiente como bachiller con todos los honores y con la fe inquebrantable de que muy pronto volvería a caminar.

El Padre Mario, se autodefinió, cuando dijo: “No hago milagros, solo tengo a Dios a mi lado”.

Sus dones: diagnosticar y sanar enfermedades, clarividencia, una voluntad inquebrantable y un profundo amor por los demás.


PENSAMIENTO

Además de ser sacerdote se graduó como profesor de psicología y filosofía.

En su Obra Las Oraciones Del Padre Mario dice:

"Yo no soy hombre de muchas palabras", sin embargo más de setecientas personas por día se reunían para escuchar las reflexiones intensas, profundas sobre las grandes angustias, dolores y conflictos que agobian a todo ser humano.

"Sembrar la buena semilla...ésa es la consigna que debería guiarnos permanentemente", y él sembraba la palabra. Era la palabra que conforta, que consuela almas e ilumina espíritus.

En sus Ensayos Filosóficos habla de la explicación del Ser, que el denomina Sistenciología, dar una pauta para el nivel de muerte, con su esperanzado enfoque sobre el destino del hombre cuya sistencia libera un día al ex de origen, permitiéndole el retorno hacia el Ser Absoluto.

Sus teorías sobre vibración y energía basadas en la percepción e intuición son el “concepto” no entendido por quienes no se sensibilizan ante la realidad del Ser Interno, el Cristo. Ese Cristo sanador que no necesita más que le prestemos atención y lo dejemos Ser.

El Padre Mario no se dejó llevar por la condena que otros hacían de él y sus métodos. Terminó, paradójicamente, siendo consultado por los más prestigiosos profesionales de la salud, obligando además a la mismísima Iglesia a revisar su postura respecto a la capacidad de curar que tienen ciertos humanos.

LA OBRA

Con el nombre de Obra del Padre Mario se conoce a la totalidad de los distintos servicios y acciones sociales desarrolladas a partir de Su extraordinaria capacidad de amar.

Esta Obra, declarada de Interés Nacional para la Argentina, tiene estatus de miembro consultivo de Naciones Unidas; es llevada adelante desde el fallecimiento de su fundador por dos entidades jurídicas por él creadas para ayuda a los necesitados: La Fundación Pbro. José Mario Pantaleo y la Fundación Nuestra Señora del Hogar. En educación creó, un colegio primario, uno secundario, un taller para los de la “tercera” (edad) ocupándose de infancia y familia, una panadería y fábrica de pastas manejada íntegramente por discapacitados, un centro médico, una guardería donde se cuida y se da alimento a hijos de mujeres que trabajan, una biblioteca con más de 5.000 libros y un taller textil, donde encontraron trabajo muchos hombres y mujeres a quienes la pobreza y la ignorancia marginaba y un complejo deportivo. Actualmente, las actividades desarrolladas por la Obra alcanzan a más de 30.000 beneficiarios directos en González Catán, Ciudad de Buenos Aires y Ciudad de Santa Fe.


TESTAMENTO

El compromiso con su Obra hizo que instituyera como su única y universal heredera a la institución "Fundación Nuestra Señora del Hogar".

Su casa será destinada a museo y biblioteca, con todo lo en ella contenido y los cálices, ostentorios, vestiduras litúrgicas, efigies sagradas, así como todo lo perteneciente al Culto y la Liturgia, como así también objetos de valor artístico o económico, deberán formar parte del museo mencionado.

Deja establecido expresamente, que sus restos mortales reciban sepultura en el altar de la Virgen de las Mercedes de la Capilla Cristo Caminante, y que en dicha Capilla, se celebre de una Santa Misa, todos los meses para el eterno descanso de su alma. Que con relación a la Capilla Cristo Caminante, la misma se mantenga como lugar de práctica del Culto Católico Apostólico Romano para el que fuera destinado, y que el Cristo, el Sagrario y el Altar de la Virgen de Nuestra Señora de las Mercedes del Cristo Caminante, deberán permanecer para siempre en el lugar en el que se encuentran actualmente emplazados en la citada capilla.

Busco por todos los medios conseguir para Su Iglesia la incardinación, el derecho a oficiar misa, eso es que esa tierra pudiera considerarse santificada.

Este es el Campo de fuerza de la radiación sostenedora de la actividad de la Obra del Padre Mario; así mismo en su cuarto del Palacio Pantaleo donde hoy funciona una Orden de Clarisas de Clausura se encuentran los electrones y radiación del momentum vivido por el padre.

Todos los lugares donde se han realizado experiencias místicas entre los seres y lo divino están cargados con la energía calificada en Luz; así como las fotografías gravan una imagen en un momento determinado, también se crean registros que quedan gravados en todas las cosas y objetos.

Se puede ver su vida en la película Argentina “Las manos” de Alejandro Doria y en ella la música que muy representa al Padre: La orilla negra, la orilla blanca de Tosti.


José Manuel Rodríguez, 28 de Octubre, 2006