Metafísica Sede Central

 

Museo Salvador Dalí

Juan Rodríguez

Cuando llegué al pueblito de St. Petersburg en la Florida, pensé que había cometido un grave error. No había nadie en las calles. Parecía un pueblo fantasma. Mis padres, quienes me acompañaban, me reclamaron primero con sus miradas y luego con sus palabras por qué habíamos escogido quedarnos allí. Tan pronto llegamos al cómodo hotel, frente a la desierta playa, nos dijeron que había pocas tiendas abiertas y los restaurantes eran escasos.

Estando en el único restaurante que conseguimos abierto se desató una tormenta de lluvia y viento que nos dejó petrificados. El cielo se oscureció totalmente y parecía que el mundo iba a acabarse. Definitivamente, fue una llegada muy superrealista, quizá como un aperitivo a lo que nos enfrentaríamos al siguiente día.

Todos los sinsabores del viaje se desvanecieron como por arte de magia al entrar al pequeño pero importante Museo Salvador Dalí, donde se exhibe la más extensa colección de arte (fuera de España) de uno de los grandes del movimiento Surrealista, el español Salvador Dalí. Aunque Dalí entró tarde a este movimiento, el cual comenzó como uno literario y artístico en el 1924,  llegó a convertirse en uno de sus mayores exponentes. La pérdida de su hermano a temprana edad hizo que los padres del artista se empeñaran en que Dalí se convirtiera en el hijo que habían perdido. El artista, por su parte, comenzó a desarrollar una personalidad “diferente” para no parecerse en nada a su hermano, al cual extrañaba mucho.

Hasta el año pasado, no me interesaban mucho las pinturas de Dalí. Pero después de haber visto Dali: Painting and Film, la retrospectiva que presentó sobre su obra el MOMA (la cual fui a ver dos veces), comencé a ver el genio de este artista que conoció brevemente a Freud una sola vez. Aunque hablaron muy poco (por la barrera del idioma) en su único encuentro, Dalí se conectó con las teorías del “Padre del Sicoanálisis”. Freud murió sin poder analizar la obra del artista. Se lo había prometido pero nunca pudo hacerlo por quebrantos de salud.

Los surrealistas plasmaban en sus obras el mundo del inconsciente y, por consecuencia, de los sueños. Esto era un planteamiento controvertible y aterrador en los años que se gestó este interesante movimiento artístico. A Dalí lo expulsaron del grupo eventualmente, acusándolo de querer sobresalir con sus excentricidades y su personalidad rimbombante.  Una galería del museo está dedicada a mostrar decenas de fotos del artista con diferentes disfraces. Las fotos son espectaculares y nos ofrecen una idea de la intensa y rica vida que llevaba. Estas también documentan la razón por la cual es muy difícil olvidar a Dalí, una vez se entra en su alucinante mundo.

La historia asegura que Dalí y el poeta español Federico García Lorca vivieron un tórrido romance que nunca se consumó. Esto no debe sorprendernos porque hay muchos elementos de ambigüedad sexual en la obra del artista. Tanto en las pinturas como esculturas se encuentran a menudo alusiones a los genitales, especialmente los símbolos fálicos. Recordemos que las teorías de Freud hablaban constantemente de la fuerza libidinal (deseo sexual) en todo ser humano. No es muy difícil darse cuenta de la razón por la cual Dalí y los surrealistas abrazaron las frescas teorías de Freud. En ellas descubrieron nuevas herramientas para analizarse interiormente.

Es imposible detallar las casi cien pinturas que se exhiben en esta joya de museo. En todas ellas me detuve con calma para observar la maestría con la cual Dalí pintaba, especialmente en miniatura, y manejaba el color para que sus pinturas se proyectaran como sueños en tercera dimensión. En su mundo onírico, Dalí jugaba con la inexistencia del tiempo y el espacio (por esto vemos tantos relojes derretidos), la vida y la muerte, la ambigüedad sexual y el deterioro de lo material (la abundancia de hormigas e insectos), entre otros asuntos de gran profundidad humana y filosófica. Gala, su adorada esposa y mejor modelo, jugó un papel importante en su obra. Fue su principal musa, e indudablemente un elemento de estabilidad en la vida real del artista.

Uno sale de este museo como en las nubes, mientras en la mente giran todos estos símbolos que representan la vida de un ser humano que vivió cruzando la línea fina y peligrosa que divide la realidad de la fantasía. Pocos artistas retan a uno a meterse dentro de este mundo superreal, donde siempre hay preguntas certeras pero nunca  claras respuestas. Dalí muestra un dominio artístico impresionante, tanto de la técnica como la teoría del movimiento que abrazó con pasión. Sólo habría que preguntarse si pudo resolver todos los acertijos de su propia vida a través del mundo surrealista que dominó artísticamente.