MAGDA OLIVERO
Rubén Cedeño

Óleo de Magda Olivero
Milán 18.9.2009
Siendo
muy joven, en Caracas, un día apareció uno de los grandes mitos de la ópera
mundial, la Gran soprano Magda Olivero, presentándose en el Teatro Municipal de
Caracas. Acostumbrado a escuchar sopranos en mi hogar desde mi nacimiento, la
voz de esta cantante extrañamente me sorprendió desde que emitió la primera nota
interpretando “Malincolia ninfa gentile”, de Vicenzo Bellini, y que después de
todo un concierto que recorrió diversos autores, concluyó con “Io sono l´umile
ancella” de la ópera Adriana Lecouvreur de Cilea. Los fanáticos de la ópera le
gritaban vítores y bravos después de cada aria, había una conmoción insólita en
la sala, como nunca antes había sucedido por ninguna de las primeras figuras de
la lírica internacional que allí solían presentarse frecuentemente. Me
interrogaba: ¿Qué pasa con esa voz? ¿Por qué canta así? Aunque sabía de canto,
no me lo explicaba. Magda Olivero era diferente, extraña, no se parecía a los
otras sopranos, había un extra en ella que no daba con explicármelo. No
entendía.
La Olivero hizo varias óperas en Caracas, como una legendaria “Manon Lescaut” de
Puccini y una “Adriana Lecouvreur” de Cilea. Desde entonces no descansé en
comprarme todos los discos de ella que aparecían en las disco-tiendas fuera en
Caracas, New York o Europa. He llegado a tener toda su discografía y aún así no
la entendía. Había comprendido a todas las sopranos menos a ella. ¿Por qué?
CAUSALIDAD INSÓLITA
En
el Vigésimo Sexto Congreso Internacional de Metafísica realizado en Córdoba
Argentina en Mayo del 2009, decidí
ofrecerles a unas 800 personas que asistían la explicación Metafisica del aria
“Io sono l´umile ancella” de la ópera “Adriana Lecouvreur” de Cilea y escogí un
video de Magda Olivero donde lo interpreta sin orquesta en la versión de
concierto, sólo con el acompañamiento de piano. Se creó una atmósfera tan
espiritual en la sala que la gente comenzó a llorar para el final del aria y al
terminar la charla se vino abajo el auditorio a aplausos. De repente sucedió una
causalidad insólita, saltó del público un joven italiano corpulento, alto, rubio
y muy bien parecido y me dijo: Me llamo Oliviero, soy ahijado de Magda Olivero y
mi madre me puso este nombre por ella, porque es su íntima amiga, cuando vengas
a Milán te la voy a hacer conocer. Me quedé más que sorprendido del hecho.

Oliviero (ahijado de Magda Olivero)
y Rubén Cedeño
en el XXVI Congreso Internacional de Metafísica en Córdoba, Argentina.
Meses después, en Septiembre del mismo año, realizando el Segundo Congreso
Internacional de Metafisica en Milán, planificamos en una mañana darnos una
escapada con Oliviero a la casa de Magda Olivero. Casi no lo podía creer que
esto se hiciera una realidad, era demasiado. Dios así lo quiso. La noche antes,
después de una suculenta cena, me dediqué a preparar hablándoles de tan singular
artista, a los que me acompañarían al siguiente día a la tan honorable visita a
Magda Olivero y les expliqué:
QUIÉN ES MAGDA OLIVERO
Magda
Olivero es una de las grandes sopranos del mundo, que nació el 25 de marzo de
1910 en Saluzzo, una antigua ciudad y principado en la provincia de Cuneo del
Piamonte en Italia y está considerada una de las más grandes cantantes de la
ópera verista de la historia y es especialmente recordada como Adriana
Lecouvreur en la ópera homónima de Cilea.
No hay dudas de que el “Plan Divino de Perfección de Magda Olivero era ser
cantante, pues comenzó a cantar debutando a los dos años con la canción
napolitana “Torna a Surriento” de Ernesto de Curtis, donde está el sonido de
“Sole” que es el Ángel Protector de la ciudad de Sorrento al sur de Italia. Esto
lo hizo desde la ventana de su casa paterna a los transeúntes de la calle y la
gente que pasaba no podía creer que una voz tan potente saliera de una niña casi
recién nacida.
Contradictoriamente a su carrera de famosa cantante, un jurado del
conservatorio, a quien le hizo su audición, la encontraron deficiente, sin voz,
sin musicalidad, dicho textualmente, “sin nada de nada”, que no venga aquí a
perder el tiempo y la rechazaron. Pero ella continuó y triunfó. Así es como se
hace: insistir en lo bueno y constructivo que uno se plantea hacer en la vida.
Magda Olivero debutó en 1932 en la radio de Turín. Ha sido la mejor interprete
de Adriana Lecouvreur, tanto es así, que en un tiempo que ella se retiró de los
escenarios por diez años por la pérdida de un hijo y de la guerra, Cilea el
autor de esta ópera, que ya estaba enfermo terminal, le suplicó que se la
volviera a cantar antes de morir y así lo hizo, regresando a los escenarios.
Magda Olivero actualmente tiene 99 años y todavía no se ha retirado, es un caso
insólito dentro de la historia del canto, tal vez sea la cantante lírica que más
ha cantado en su vida y sin perder la voz a tan avanzada edad.
La Olivero ha cantado en los teatros de ópera de todas partes del mundo y con
los mejores y más legendarios tenores, como Beniamino Gigli, Mario del Mónaco,
Alfredo Kraus y Plácido Domingo entre algunos otros. Magda Olivero cantaba cada
vez más apasionada, expresiva, con más potente voz. Entre sus mejores
interpretaciones, además de su famosa Adriana, están: Iris, Fedora, La Boheme,
La Fanciulla del West, La Traviata, Madama Butterfly, Manon, Francesca da
Rimini, Mefistófeles y Turandot. Cantó la Medea de Luigi Cherubini en Dallas en
1967, que es uno de los roles más difíciles y exigentes para soprano, tanto
vocalmente como dramáticamente. En 1975, de 65 años, después de cuarenta y dos
años de una carrera brillante, hizo su debut en el Metropolitan Opera House con
una sensacional Tosca que fue aplaudida con una ovación de más de veinte minutos
que solo Caruso y la Callas la han obtenido. Ha continuado cantando música
religiosa a nivel local de la que se conservan algunos discos amateur. Existen
de ella grabaciones de óperas completas, así como de arias y escenas completas
de muchas óperas.

Rubén Cedeño junto a Magda Olivero
DESCIFRANDO A MAGDA OLIVERO
Oír
a Magda Olivero a través de toda mi vida me ha hecho responder mis interrogantes
con respecto a su voz: Me di cuenta que Ella lo que hace es decir con música más
que cantar, es una fuerza divina más allá de los recursos técnicos vocales, se
ocupa más que nada de la interpretación, expresa con el sonido el contenido de
cada palabra, lo que ellas significan, lo hace con el gran aplomo técnico de una
voz fuerte, potente, explícita, rica y no se si se podría decir bella, porque su
belleza está escondida detrás del poder Divino que contiene. Posee la capacidad
de fusionar drama, significado de cada palabra, sentimientos, voz, técnica vocal
y música en una unidad inseparable. La Olivero no siempre consigue emitir
sonidos convencionalmente bellos, ni poseer una línea de canto consabida. Allí
está el enigma de la Olivero, descubrí que lo grande en ella es ser lo que dice
en su canto. La expresividad fue siempre su capo laboro y con la edad esta
expresividad se fue incrementando cada vez más. Ella impresiona por la capacidad
que tiene de transmitir a los oyentes cada emoción contenida en cada frase de su
canto, dándole a cada palabra la intensidad particular que debería tener y que
en las partituras no se puede escribir. Ella ha modulado su timbre, dinámica,
velocidad y tono según el significado del texto que expresa. Su estilo como
actriz es igualmente intenso al dramatismo de su voz y musicalidad.
En la historia de la música y del canto ha habido muy pocas sopranos como Magda
Olivero, y aunque las comparaciones no existen, porque cada quien es único y la
Olivero es como nadie, solo creo que se le pueden igualar unas pocas, como
pueden ser María Callas y Leyla Gencer, que han sido las cantantes más grandes
de siempre.
Entre sus grabaciones de estudio se encuentran: cantando como Liu en Turandot,
haciendo Fedora con Mario del Mónaco y Tito Gobbi, y fragmentos de Francesca da
Rimini con Mario del Mónaco.
SU CASA

Rubén Cedeño junto al piano y óleo de Magda
Olivero
Le compramos a Magda Olivero rosas blancas y un rico pastel de frutas al estilo milanés y nos fuimos a su casa en el Corso Magenta, que curiosamente quiere decir “Violeta”, como el Rayo Divino del Amor Compasivo, y su casa es numero 77, dos veces siete, que es el número de la perfección para la tierra, porque todo lo perfecto es siete, como las siete notas y los siete colores. Magda vive en una de las zonas más distinguidas de Milán. Cuando llegamos al pasillo de su puerta, ella personalmente nos estaba esperando, la cara sonreída y sostenida en pie sin que nadie la sostuviera. Entramos a un apartamento, que de piso a techo, y cada lugar estaba repleto de adornos, recuerdos, fotos de ella, premios y reconocimientos. Todo el recibidor estaba lleno de finísimos muebles, sillas en todas partes y alfombras por todos lados, tanto así, que había que andar con cuidado de no precipitar al piso una de las tantas bellas reliquias ornamentales de la casa. En la pared junto al piano, estaba el famoso óleo con su figura bella y rozagante en sus años de juventud, pintura que aparece en la mayoría de las fotos de sus discos. Sobre el piano se encontraba una escultura de su rostro realmente hermosa que se destacaba entre bustos de grandes músicos, siendo el más notorio uno de cuerpo completo de Puccini, de quien ella ha sido una gran intérprete.

Escultura de Magda Olivero
SUS DIÁLOGOS
La
Olivero se sentó en un sillón y todos nosotros a su alrededor. Durante una hora
no paró de hablar, era inútil que interviniéramos, sus diálogos eran como la voz
sagrada de la que no se podía perder ni una palabra. Para los noventa y nueve
años, su lucidez, coordinación, memoria y recuerdos eran impecables, parecía una
joven emocionada que humildemente, como un gran descubrimiento, le contaba a sus
amigos sus primeras vivencias con el canto. Magda Olivero nos explicó que en
algunos momentos cruciales de su vida oyó una voz impeliéndola a seguir
cantando. En otros momentos, esa misma voz le inspiraba ofrecer a Dios su voz.
Nos narró sus éxtasis místicos, sus oraciones, sus sueños donde le indicaron qué
cantar en ciertos conciertos. Todo un mundo interno, rico y maravilloso. Nos
tomamos fotos, filmamos con Magda Olivero, compartimos con ella todo lo que
quisimos y siempre estuvo dispuesta y atenta. En un momento le obsequiamos la
versión al italiano de los Pilares de la Metafisica.
Fue un día inolvidable en la historia de nuestras vidas. No todos los seres
humanos tienen la fortuna de estar “de tú a tú” con una grande entre las grandes
como Magda Olivero y compartir con ella sus más caras vivencias.

Adelante: Rubén Cedeño junto
a Magda Olivero
Atrás: Raúl Micieli, Sebastián Wernicke, Oliviero y Fernando Candiotto
IO SONO L´UMILE ANCELLA. INTERPRETADA
POR MAGDA OLIVERO CON ACOMPAÑAMIENTO DE PIANO.
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