Metafísica Sede Central ®

 



EL SEÑOR DE LA PACIENCIA

Parroquia San Francisco de Asís, Solís 1469, Ciudad Vieja, Montevideo, Uruguay.

Montevideo, 17 de Noviembre, 2006
José Manuel Rodríguez

 

ORIGEN DE LA DEVOCIÓN

La antigua devoción al “Señor de la Paciencia y la Humildad” cuando fue introducida en tierras americanas encontró un eco extraordinario en la religiosidad popular. El pueblo a la vez convertido y “conquistado”, “emancipado” y “esclavizado”…, veía en esta imagen dolorosa y paciente la expresión de su propia vida. En algún día remoto, no posterior al siglo XVIII, una hermosa estatua tallada en madera del “Cristo de la Paciencia” traída por los Jesuitas, salía de Perú, y de origen posiblemente incaico, iniciaba un trabajoso viaje por el antiguo camino del oro; pasando por Asunción de Paraguay otro día al comienzo del siglo XIX, la imagen llegaba a Montevideo.

La DEVOCION: es uno de los caminos en los que, con Amor, con entrega y con prontitud a estar dispuestos a que se haga la Voluntad del Padre, nos conducimos con ese estado en que nos olvidamos de nosotros mismos.
Saturados del yo-ismo (personalidad-separatividad), de intereses personales, es imposible llegar a ser devotos, amantes del Amor sin la necesidad mental de cuestionar porque no hay necesidad para ello, ya que todo es naturalmente bueno. Lo opuesto es estar vacíos de lo externo, más llenos del Todo que lo contiene todo, para darlo a los demás seres.

PACIENCIA: es la Ciencia de la Paz que se adquiere al pasar diversos trabajos en la vida de todos los días, de sufrir adversidades y aún así, sin perturbarse el ánimo se sale adelante con la comprensión de las situaciones, con la Paz que trae el conocimiento de uno mismo.

HUMILDAD: es conocer nuestra bajeza y miseria humana, es no creerse uno lo que no es y rendir nuestras personalidades ante la grandiosidad de lo que Es, la Causa, el Origen, el Principio de toda cosa buena creada para engrandecer y hacer Feliz. Ser tan pequeño que nada nos moleste, que no requiramos la atención de nadie más que del Dios Vivo en nuestros corazones y que nos conecta a un Divino Cielo, que es un Divino estado de Conciencia de común unión con Todo, lo pequeño y lo grande.

LIBERTAD: encadenada la personalidad por muchas vidas y errores que parecen condicionar; atado, dominado el ego, surge la transformación, surge el Goce de una nueva mente, nuevas formas de relacionarse con la Vida. El asunto no es hablar de Libertad sino de Ejercerla, de Hacer lo que sea necesario para ganárnosla con cada decisión acertada, justa, haciéndose uno cargo de si mismo sin dañar, con la Libertad de poner las cosas en Orden. Libertad, Libre Albedrío que es nuestro desde el Nacimiento pero que olvidamos por enredarnos con estructuras, moldes de otros o auto-adquiridos.

HISTORIA DEL SANTUARIO-ANTECEDENTES

En 1724 los Jesuitas llegaron para la fundación de Montevideo con los indios Tapes y construyeron una pequeña capilla, que funcionó como Iglesia Matriz “interina”; este fue el primer edificio religioso que existió en Montevideo y allí colocaron la “Virgen de la Fundación”; luego en 1740 ceden la capilla a los Franciscanos, los cuales, con tres religiosos y un lego, construyen un refugio junto a la misma; también se dedican “con esmero en la enseñanza y doctrina de los niños”.

Comienza, en 1760, la construcción del convento de San Bernardino de Sena.
Entre el año 1825 y 1830 cuando la patria abría los ojos a la luz de la libertad fue levantada una ermita junto a la histórica Casa de Ejercicios de San Ignacio. Fue allí que la imagen del Señor de la Paciencia se expuso a la pública veneración.

El 2 de Diciembre de 1840, siendo Larrañaga vicario apostólico, en la esquina de Cerrito y Solís, se aposenta una parroquia modesta, la “Parroquia de San Francisco de Asís”, que con el paso del tiempo se convertirá en la heredera del rico patrimonio del histórico convento de San Bernardino en el que se había educado el joven José Artigas libertador del Pueblo Oriental.

En 1868 al ser demolida la casa de los ejércitos ignacianos, el pbro. Marcos Iriarte, cura párroco de la nueva Iglesia de San Francisco trasladó definitivamente a este templo la venerada imagen, y al terminar los trabajos de la Iglesia, en 1877, fue colocada en una Capilla lateral. En el año 1900 como homenaje a Jesucristo Redentor del mundo, el Arzobispo de Montevideo, mons. Soler, dedicó la Cripta del templo de San Francisco como Santuario consagrado a la venerada imagen del Señor de la Paciencia, a manera de monumento expiatorio dedicado a la Pasión del Salvador. Desde este momento se le denominó “Cripta Santuario del Señor de la Paciencia”. Declarado monumento histórico en 1975.

En Agosto de 1948 un incendio destruye casi por completo el altar mayor que había venido de Valencia, España en 1899, salvándose milagrosamente la imagen de San Francisco y la de Santo Domingo.

El órgano de esta Iglesia es el más antiguo del Uruguay, fue traído desde Alemania en 1886.

No faltan imágenes de Santos, y entre ellos se encuentran la Virgen Fátima, Luján, Lourdes, la Virgen de Aranzazu y de la Begoña, estas dos últimas traídas por los emigrantes vascos llegados al Uruguay.

Una de las más bellas es nuestra Señora de la Merced, nuestra Madre Mercedes, sosteniendo a un niño que parece hablar y decirnos que encontrando al Cristo encontraremos la Libertad que nos da la Gracia de Ser lo que somos.

Las celebraciones sólo se realizan los días viernes ya que se continúa con las tareas de reconstrucción, aún con la posibilidad de que existan derrumbes, viernes tras viernes millares de devotos de todas las clases sociales desfilan en la Cripta de este santuario pidiendo a Cristo la curación de sus males. A la entrada de la Cripta el peregrino encuentra este Cristo que estuvo en la capilla levantada por los Jesuitas en la fundación de Montevideo en 1724 y este escrito:

Haciendo alusión clara a que no nos preocupemos si nos condenan, nos contradicen en querer hacer el Bien, en que nos ocupemos solamente de lo Bueno que podamos llevar adelante, que así se hará buen uso de la energía que se nos ha dado.

Dentro, música de Cantos Gregorianos que invita a la reflexión, sin ruidos externos y lo más importante el Cristo de la Paciencia en Su gruta, igual que Jesucristo nacido en una Gruta oscura allá en Jerusalén, igual que el Cristo Interno cuando aún se encuentra envuelto en la oscuridad del velo de Maya, la ilusión, que está esperando a que nos dignemos a prestarle atención con toda la Paciencia del mundo, y así poder revelarnos Su Faz, en la Cripta sin tumba ha de quedar fuera la Personalidad.

 

ORACIÓN AL SEÑOR DE LA PACIENCIA

Danos la capacidad de ESCUCHAR como tú,
con respeto, apertura y COMPASIÓN.
Danos ENTUSIASMO para buscar
la verdad donde se encuentre.
Danos PACIENCIA para aceptar
nuestras propias limitaciones.
Danos CORAJE para seguir luchando
cuando todo nos salga mal.
Danos LUCIDEZ para aceptar la verdad
Sin que nadie nos la imponga.
Danos FUERZA para mantenernos
fieles en nuestra entrega.
Danos VALOR para rechazar
lo injusto, lo vulgar y la mentira.
Danos VALENTÍA para salir al encuentro
de quienes nos buscan.

Esto te pedimos, Jesús,
hermano y amigo nuestro.

ESCUCHAR al Cristo Interno y a través de Él a todos los demás Cristos y a las dolientes personalidades que sufren y reclaman sin saberlo la Liberación. Las gentes no escuchan, lo que desean es ser escuchadas y el escuchar es lo que hace el Cristo, con respeto del sufrimiento ajeno, con la apertura de no condenar a nadie aunque lo que se diga o haga nos perjudique y COMPASIÓN, la pasión que viene de amar y por tanto Perdonar.

ENTUSIASMO para no desfallecer, para avanzar en busca de LA VERDAD donde se encuentre; hay caminos más directos, otros más sombríos, siempre es empinado y hasta solitario, pero esa Verdad llega porque está en todas partes y una vez que se comprende que es dentro de nosotros que encontraremos la Verdad aparece la Libertad primera y última.

PACIENCIA para aceptar que no somos Nada, que la película que nos hemos hecho es sólo un entretenimiento, una limitación, que lo único que hay que aceptar es que somos Hijos de Dios; CORAJE, FUERZA, FE, que aunque nos lleve tiempo entenderlo no somos nada de imperfección, que debemos lidiar con nuestros propios errores y trascenderlos y así trascender lo pesado de la humanidad que va a venir a que la escuchen y le den consuelo.

LUCIDEZ para aceptar la Verdad, para ver claramente cuál es y con convicción ser la Verdad por nosotros mismos sin que nadie nos la imponga, con libre albedrío, con la Libertad que da entender y actuar de acuerdo a ella construyendo.

VALOR y VALENTÍA para rechazar lo injusto, lo vulgar y la mentira, para salir al encuentro de quienes nos buscan para intentar obstaculizar nuestro camino, para que se haga lo Bueno, y finalmente salir airoso.

Esto te pedimos, amado Cristo hermano y amigo nuestro.