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DESTRUCTOR
DE LO REAL
RUBÉN CEDEÑO
Del Libro "Segunda Iniciación"

Dice el “Libro de los Preceptos de Oro”: “LA MENTE ES EL GRAN
DESTRUCTOR DE LO REAL. DESTRUYA EL DISCÍPULO AL DESTRUCTOR”.
La mente crea situaciones inexistentes, enfermedades, conflictos,
crisis emocionales, problemas de pareja, fantasías que no son la
realidad, problemas, desavenencias, depresiones, escasez, odios,
separaciones, divisiones y muchas cosas más, que sólo están en la
mente del que las piensa. La mente forma y deforma los hechos.
Hay que penetrar más allá de toda fascinación, encanto,
entretenimiento, sonido y visión externa que no lleve hacia dentro
de nuestro “Ser Interior”. Así como la mente construye, también
destruye. Hay que cuidarse de esto. Con los pensamientos,
sentimientos y actos errados, dejándose llevar por un ofrecimiento
de poder espiritual, viajes u opulencia, la gente puede, sin darse
cuenta, salirse de su “Vivencia Espiritual” y ponerse de parte de
las sombras. Esto lo puede ocasionar una persona que manipula con su
dinero, su poder económico, y así desprecia o trata de ignorar el
“Poder de la Luz”.
Se dan casos que a
un estudiante devoto le aparece una persona con mucho dinero que le
ofrece viajes, comodidades y opulencia, a cambio de que éste le
sirva en sus intereses personales, y de esta forma pierde la
libertad de su alma; así, sin darse cuenta, esa “Corriente de Vida”
es sacada, confundida, desorientada de su “Vivencia Espiritual”,
sirviéndole a la vanidad, lo externo, lo efímero y pasajero. Sin
darse cuenta, pierde atracción hacia lo eterno, inconmensurable y
trascendente. Pero la mente es tan hábil, que hace que esta persona
que está fuera, separada y desorientada, crea que sus actitudes son
culpa de los demás, y como no le faltan amigos que lo apoyen en su
posición, de allí no sale nunca y hasta allí llegó ese proyecto de
estudiante de la Luz. La mente siempre hace creer que, con los pocos
conocimientos Espirituales que se ha comprendido, se está bien, se
está en lo correcto, haciendo un velo que le nubla su separación, su
crítica, y que no le permite ver que lo que aconseja en sus pláticas
y escritos es lo que esa misma persona debería hacer. Estos son
asuntos muy complicados de la mente y cuesta hacérselos ver a los
que son víctimas de ellos. Estos son los terribles “vórtices de la
mente”.
La mente se
contamina con las creencias turbias y conflictivas de la fascinación
social, religiosa, familiar, política y de orientación sexual; se
enreda y sufre sin necesidad. Cuidémonos de no ser atraídos por
nada ni nadie externo que afecte los sentidos. La mente sólo puede
entender, percibir la verdad, cuando está quieta, en silencio, sólo
observa y está en “Gracia Escuchante”.

Destruyamos al destructor. La mente siempre interfiere con
sus creencias haciendo ruido con sus conceptos, ideas, ilusiones,
cristalizaciones, que entretienen en cosas efímeras que impiden ver,
escuchar, percibir la “Voz Interior”, los Susurros, las Indicaciones
del Maestro, el Preceptor, el que te ha aconsejado toda tu vida, el
“Ser Superior”. Santa Teresa llamaba a la mente “La loca de la
casa”, porque piensa en un momento una cosa, después cambia a otra,
se le ocurren mentiras y nada es en serio.
Hay que
armonizarse, centrarse y aclararse en los lineamientos que se
estudian en libros como éstos sobre las Iniciaciones, para ver las
cosas como deben ser, sin apego a lo externo, a lo que distrae,
porque si no, la mente comienza a maquinar una cantidad de
argumentos y cosas inarmoniosas que terminan sacando al estudiante
de la “Vivencia Espiritual”.
El arduo trabajo consiste en observar todos los pensamientos con
claridad de mente, sin opiniones; luego, desterrar los pensamientos
negativos, negándolos, diciéndoles: “Les quito poder”. Así
alcanzar fijeza de mente en nuestro “Ser Íntimo”; el “Santuario
Propio”, que es nuestro interior y que debe estar vacío de todo
deseo, de acción, de asuntos que no conduzcan a la manifestación de
lo Real e Imperecedero. Es no escuchar más el sonido o luz
fascinadora de lo externo. Todo pensamiento terreno, ha de caer
muerto ante la puerta del Santuario.

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