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DÁDIVAS |
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Una vez dentro de la iglesia, el padre explicó de nuevo la importancia de la “Piedra del Primado” donde Jesús le había encomendado a Pedro su misión. Le pedí un pedazo y el padre fue a un rincón donde tenía varios, y me dio tres, los cuales fueron acogidos con un fervoroso beso. En un momento fue propicio dar una limosna, ya que, según explicó el fraile, todo era muy costoso, y la reparación de la iglesia era urgente. Sin pensarlo dos veces y en silencio, le puse en una cesta la donación. Después de un rato, la señora sacó cien chequels y dijo en voz alta: padre, esto es para ayudar ¿Está bien? ¿Le parece bien? De inmediato me acordé de las palabras de Jesús: “Cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará”.
No se puede ir por allí vociferando cuánto se hace por los Maestros, los facilitadores, la Enseñanza, las donaciones que se ofrecen, lo que se le sirve al grupo espiritual, lo que se sabe, lo que se lee, para que los demás lo admiren a uno. Vociferar lo que hace por los demás es feo, muy feo, falto de clase, se nota la bajeza del ser que lo hace. Si esto se hace, ya el “Principio de Causa y Efecto” no nos devolverá el “buen karma” que esto ocasiona, porque te lo estás disfrutando vanamente con la satisfacción que te da decir lo que haces. Es como gastar los ahorros en caramelos y cuando llega el hambre no tener con qué comer y morirse de inanición. El “buen estudiante” vive en silencio y así Dios en su prudencia va observando sus buenas acciones y cuando necesita algo, usa esa suma de bondades acumuladas y se las devuelve en un maravilloso milagro. Los estudiantes de metafísica saben esto y por eso desde que ingresan a los grupos una de las primeras disciplinas es el servicio y como dice el Guita con “Desapego al fruto de la acción”. Esto quiere decir, sin esperar nada a cambio. Pero si empiezan a vociferar lo que hacen para que vean que buenos son y les reconozcan sus sacrificios, se sabe de antemano que ese no va por el camino de ser un buen estudiante. Y por su bien de inmediato son suspendidos de su labor para que no se dañen más con la exacerbación del “yo personal”.
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