VIAJE A LAS CIUDADES ETÉRICAS DE JUAN EL AMADO
Por Sebastián Wernicke
Arizona, 16 al 18 de Abril del 2010.


TERCERA PARTE

TRANSMUTACIÓN
El día sábado emprendimos el viaje hacia la entrada sur del Gran Cañón del Colorado, o Grand Canyon, a unas 2 horas al norte de Sedona. Día del Rayo Violeta, no podía comenzar sino con una transmutación y una liberación de sentimientos que debían salir a la superficie para ser purificados.
Ya cerca de nuestro destino, nos detuvimos en un parque temático de los Picapiedras, no para entrar, sino para tomar consciencia de la importancia de soltar el pasado y olvidarlo para siempre. La crucifixión y muerte de la personalidad, del pasado, volvía a presentarse como un requisito indispensable para poder entrar en el Grand Canyon, contraparte física del Templo de la Llama Oro Rubí de la Paz y la Provisión, templo principal de las Ciudades Etéricas de Juan El Amado.
Pasando por el museo de aviación de Tusayan, nos volvimos a encontrar con el patrón electrónico de Juan El Amado, el Águila con sus alas extendidas.

GRAND CANYON
No hay palabras que puedan explicar la grandiosidad, la magnanimidad del Grand Canyon. Las imágenes solo son un tenue reflejo de la elevación a la que uno es sometido instantáneamente al contemplar una de las maravillas más grandes de la naturaleza. El Grand Canyon tiene 2 mil millones de años de antigüedad, y originalmente estaba completamente cubierto por las aguas, que a lo largo de millones y millones de años fueron horadando el Cañón y hoy quedaron reducidas a un río que tiene por nombre Red River, o Río Colorado, que debe su nombre al color rojizo de sus aguas al mezclarse con la tierra de la misma tonalidad, otra manifestación patente de la radiación Oro Rubí que emana en todo el Grand Canyon.
En las Ciudades Etéricas de Juan El Amado hay templos de los Siete Rayos, y el templo Central y más importante es el Templo de la Paz y la Provisión del Rayo Oro Rubí.



La grandeza del Grand Canyon reside en su vacío, allí puede uno contemplar su magnanimidad, gracias a que está vacío. Esto mismo sucede con la mente, que puede ver la realidad tal como es y ser parte del gozo de la creación cuando está vacía, cristalina, silenciosa, sin condicionamientos, sin recuerdos del pasado. En esa mente vacía es donde puede surgir la Luz Infinita del Esplendor Sin Límites de Amida Buddha. Es también el Estado de Gracia Escuchante, de la Paz interior y tranquilidad que nos da el Rayo Oro Rubí.

ENCARNACIÓN
Los seres humanos evolucionamos a través de la encarnación en el plano físico, naciendo con cuerpos físicos, etéricos, emocionales y mentales. Así vamos naciendo en sucesivas encarnaciones y vamos dejando nuestros vehículos cuando pierden su utilidad en lo que llamamos la muerte, que ciertamente no existe, ya que lo que hacemos es salirnos de un cuerpo inútil. Lo que muere es el cuerpo, pero su ocupante, el Alma humana, no puede morir. En todas estas encarnaciones desarrollamos vínculos, aprendemos de nuestras experiencias y así crece nuestra Alma.
En cada encarnación cultivamos nuevas relaciones de familia, amistad, laborales, etc…, en las que vamos tejiendo hilos de Luz que unen nuestras Almas a las de todas las personas con las que nos relacionamos. A veces estas uniones kármicas son tan fuertes que nacemos en repetidas ocasiones con otra alma, pero cada vez en distintas relaciones: padre-hija; mejores amigos; jefe y empleado; maestro y discípulo; pareja, etc. Y cada uno va alternando su sexo en cada encarnación, de modo de poder desarrollar ambas polaridades, la masculina y la femenina, de forma armónica y balanceada. Así es que una misma persona nace como hombre en algunas vidas y como mujer en otras. Esto hace que el sexo no sea algo esencial en el ser humano. Tú sexo no define quien eres en esencia. Por eso no tiene ningún sentido decir que alguien es gay, heterosexual o lesbiana, ya que estamos hablando solamente de una inclinación o atracción hacia cierta polaridad energética, masculina o femenina, que varía de encarnación en encarnación, e incluso puede variar en una misma vida.
Los calificativos que separan a unos seres humanos de otros, como el decirle a alguien gay, lesbiana, travesti, siempre van acompañados de connotaciones condenatorias y destructivas, y nos hacen pasar por alto lo más importante de esa persona, el verla como PERSONA, el percibir la esencia de su ser, adonde sus gustos o inclinaciones sexuales son de escasa importancia.
En siglos anteriores, uno encarnaba para tener cierta experiencia de vida, formar una familia, desarrollar una profesión, y luego desencarnaba y volvía a encarnar para una nueva experiencia de vida. La aceleración planetaria ha determinado que hoy en día uno tenga múltiples experiencias de vida en una sola encarnación. Por eso hay tantos divorcios, cambios de profesiones, migraciones a otros países, incluso cambios de inclinación sexual, etc…, ya que estamos viviendo muchas vidas en una sola y de esa manera aceleramos nuestra evolución.
Para poder sacar el máximo de provecho a estas experiencias de vida, es requisito fundamental el morir psicológicamente al pasado, olvidarlo y erradicarlo de nuestra mente. Porque sino lo que sucede es que los recuerdos del pasado contaminan las nuevas relaciones, trabajos y experiencias de vida. Uno se vuelve a casar, pero mantiene el recuerdo de la pareja anterior, y eso no nos permite vivir a plenitud el presente. Al nacer, el velo del olvido no nos permite recordar las vidas anteriores, pero cuando nacemos a una nueva vida por un cambio radical en nuestra encarnación actual, no hay velo del olvido y nosotros lo tenemos que activar a través del uso de la Llama Violeta: “Yo Soy la Llama Violeta Transmutadora y la Ley del Perdón y del Olvido, envolviendo toda situación discordante del pasado, borrando su récord y memoria y consumiéndola para siempre”.
Nuestro cuerpo etérico es el almacén de la memoria del pasado. Su función es primordial para el aprendizaje a través de la experiencia, el desarrollo y la evolución. Cuando la memoria de lo aprendido se requiere con fines de aplicación práctica, allí está, surge espontáneamente y ni siquiera es necesario recordar el pasado. Te subes al auto, lo enciendes y lo manejas. No tienes que recordar si poner primero el pie, luego el cambio, ni tampoco recuerdas cuando aprendiste a manejar y quién te enseñó. Simplemente SABES hacerlo.
Ahora que estoy escribiendo esta crónica del viaje, puedo recordar las cosas más importantes que sucedieron y todo lo que se habló. Todo está allí, en el cuerpo etérico, y la mente puede acceder a ese recuerdo instantáneamente cuando lo requiere.
La memoria psicológica del pasado es la que nos trae el recuerdo de aquel insulto, traición, agresión, abandono, y que cada vez que lo recordamos nos hace sufrir nuevamente, o tememos que vuelva a ocurrir. O si tenemos recuerdos de cosas que nos hicieron felices, las añoramos y nos entristecemos porque ya no están, tememos que no se repitan o las deseamos con ardor. Esta es la memoria a la que hay que morir para siempre.
Todo lo que tiene principio, tiene fin. Todo cambia, todo es impermanente. Alguna vez hubo aquí un inmenso mar, pero ya no está, sólo está el vacío de lo que alguna vez fue, y sólo se ven los trazos que las aguas dejaron en las rocas. El pasado no existe, más que en nuestra mente, cuando lo atesoramos y vivimos enajenados en él. El futuro no ha llegado todavía, lo podemos planificar, pero tampoco podemos vivir pensando en el futuro. Sólo existe el presente, el aquí y ahora, este momento, que es la eternidad.



Grupo Metafísico de Las Vegas en Grand Canyon