La ciudad de los vientos


Juan Rodríguez
 


Chicago



     Hacía muchos años que no regresaba a la ciudad de Chicago en el estado de Illinois. La primera y última vez que la visité, estuve sólo un par de días, y la abandoné con un sabor amargo por razones que ya expliqué en su momento. Debido a aquella experiencia, había pospuesto mi regreso. Pero ya sentía que era tiempo de volver, y tomando como excusa que deseaba visitar sus museos, abordé un tren que me llevó a la ciudad en lo que pareció ser un viaje interminable de 20 horas, que, por cierto, disfruté de principio a fin.
La primera parte del viaje, nueve horas desde New York a la ciudad de Pittsburg, fue espectacular. En mi asiento de Business Class leí, escribí y tomé fotos cómodamente. Antes de llegar a la estación donde esperaría la conexión, se nos informó que el tren hacia Chicago había sido cancelado y un autobús nos estaría esperando para hacer el resto del recorrido. La verdad es que tuvimos que esperar casi tres horas para poder abordarlo. Minutos antes de salir, me levanté del asiento para preguntarle a la encargada de la compañía de trenes si pensaba que el chófer (un señor que se veía muy fatigado) podría completar el viaje. Al dirigirme hacia ella, me leyó el pensamiento, y sin dejarme hablar me insinuó que no cuestionara nada y me sentara. Inmediatamente comprendí que nos esperaba una larga noche y esta sería la forma en que transmutaría la energía negativa que había dejado en Chicago años atrás. Comencé a decretar, lo que estuve haciendo toda la noche. No los quiero agobiar con las historias de todo lo que nos sucedió durante el maratón de doce horas en carretera, sin nunca saber si llegaríamos vivos. Cuando finalmente salí del autobús con mi maleta en la mano, le di gracias a Dios por haberme permitido volver. Mis energías del pasado habían sido transmutadas. En lo que tomé un taxi para llegar al hotel, el cielo que nos había recibido muy nublado y con lloviznas, se despejó y un torrente de luz solar inundó toda la ciudad.
Estaba tan agotado que desempaqué y me tiré en la cama a descansar. Sin embargo, el mismo cansancio no me dejó conciliar el sueño. Es inevitable visitar a Chicago y no pensar en la familia Ballard y el Maestro Saint Germain, ya que fue en esta ciudad que Guy y Edna Ballard recibieron la enseñanza del YO SOY y la Llama Violeta del propio Maestro. Aquí se comenzó a gestar una nueva parte del Plan Divino de Salvación de nuestra Tierra. La enseñanza dada por Dios a Moisés sobre Su verdadero nombre, fue descargada por el Avatar de la Era de una manera más práctica y comprensible para que se convirtiera en un pilar fundamental de la Era de Acuario y de la Metafísica que ahora conocemos.

 


Guy y Loto Ballard
 

     En el 1893 se celebró en esta ciudad la conocida Feria Mundial de Chicago (World’s Columbian Exposition). Esta se realizó para celebrar los 400 años del descubrimiento de América por Cristóbal Colón, quien ya sabemos que estuvo energizado por el propio Maestro Saint Germain. Nada sucede por casualidad. Esta celebración de libertad que expuso las mentes humanas a los nuevos inventos de la época fue como una antesala a la liberación que traería el Maestro al mundo occidental través del uso del YO SOY y la Llama Violeta. Todavía se puede visitar el lugar donde ocurrió este gran evento, que ahora ocupa la Universidad de Chicago.



Amado Maestro Saint Germain


     Tampoco es casualidad que a Chicago se le conozca como “la ciudad de los vientos”, ya que los Directores del Elemento Aire, Thor y Aries, son una expresión de transmutación de esta nueva era que comenzó en el 1954. Ellos rigen la Era de Acuario, que es un signo de aire. Un gran proceso de purificación sucedió en los éteres de esta ciudad para permitirle al Maestro Saint Germain descargar Su sagrada enseñanza. El elemento aire no sólo puede purificar los éteres de una ciudad sino que también purifica, si se pide a conciencia, nuestros cuerpos etéricos, donde se alojan nuestras memorias del pasado.
Al caer la tarde, queriendo tomar fotos aéreas de los edificios que componen el impresionante contorno de la ciudad, me monté en una gigantesca noria (ferris wheel), copia de la original que fue la atracción principal de la feria mundial, ubicada en un gran parque cerca de los muelles. Cuando comenzó a subir, los vientos se acrecentaron y el asiento, en el cual me encontraba solo, se mecía como una hamaca. Sin nada de nervios, pasé los siete minutos que dura la carrera invocando a los amados Thor y Aries para la debida purificación de los éteres de la ciudad.

     Aunque pensé que mi regreso a Chicago sería exclusivamente por motivos de arte (llegué con una lista de museos que deseaba visitar), mis pensamientos estuvieron más que nunca atados al Maestro Saint Germain y a su discípulo Godfre Ray King, a quien contactara en Mount Shasta en los años treinta, obviamente conociendo perfectamente la importante misión que los volvía a unir. A cada instante, mi corazón agradeció este encuentro y el sacrificio que la familia Ballard realizara para ser un receptáculo de esta Magna Enseñanza.

     A los seres humanos que tuvimos la fortuna de encarnar en Occidente se nos entregó un poder ilimitado a través del conocimiento del YO SOY. Se nos regaló una manera práctica de contactar a Dios Mismo dentro de nosotros. También nos otorgaron el conocimiento de la Llama Violeta para poder transmutar el karma negativo y aprender a perdonar. Estando en pleno conocimiento de todas estas verdades, nos corresponde más que nunca difundir esta Enseñanza de la Nueva Era de Acuario. ¡Gracias Padre!