Billy Elliot, el musical

Juan Rodríguez

 

 

Estando de vacaciones en Londres, después de un viaje a China, me compré un boleto para ver el musical Billy Elliot, basado en la película (con el mismo nombre) producida en el año 2000. Pero la noche que me tocaba verlo, me quedé profundamente dormido, perdiendo así la tan esperada oportunidad. Al siguiente día, sintiéndome totalmente agotado, me fui directamente al aeropuerto y adelanté mi vuelo. Cuando llegué a mi apartamento en Manhattan, me enteré que Londres se había paralizado debido a un ataque terrorista. Gracias al amor misericordioso del Padre no tuve que atravesar esa experiencia. Definitivamente, todo es causal.

Por esta razón, tan pronto aterricé en Chicago y me enteré que este musical se estaba presentando en el Oriental Ford Theater, inmediatamente me compré un boleto. El año que Billy Elliot se estrenó en Broadway fue nominado para 15 premios Tony, de los cuales ganó 10, incluyendo el de Mejor Musical. Contrario a lo que mucha gente piensa, este musical no trata sobre la historia de un niño homosexual que desea ser bailarín de ballet. Su mensaje es mucho más poderoso que este planteamiento simple, y se hace evidente en cada escena de esta excelente y electrizante producción.

Billy es un niño de un pueblito minero de Irlanda, donde los hombres trabajan en las minas y el olor a testosterona flota en el ambiente. Se desarrolla a mitad de los años ochenta, en medio de una violenta huelga que tiene a todo el pueblo sumido en toneladas de negatividad. Billy vive con su padre, su abuela paterna y un hermano mayor, quienes cuidan de él cuando le sobra tiempo. Su madre ha muerto y toda la familia sigue lamentando esta pérdida. La vida de su padre y hermano gira en torno a las minas, la huelga y la situación política del país, y su entretenimiento favorito es la bebida. Es sólo su abuela quien, en sus grandes momentos de lucidez, le presta la mayor atención. La familia de Billy representa la conciencia atrasada de Piscis.

En medio de este ambiente familiar tan disfuncional y esta energía tan negativa, Billy se da cuenta de que desea bailar y no le interesa más boxear (hay un sentimiento innato en él que rechaza la violencia). Como todo niño, desea explorar las necesidades de su vida y expresar sus honestos sentimientos. Billy es una conciencia que está despertando. Representa el deseo de todo ser humano de conocerse y expresar lo que siente. Para lograrlo, debe enfrentar sus propios miedos, los tabúes de la sociedad y las mentes estrechas de los pueblos pequeños. Billy tiene un íntimo amigo llamado Michael, a quien le gusta vestirse con ropa de mujer, que lo apoya en todo. El día que Michael le confiesa a Billy lo que siente en su interior, éste lo apoya con un tierno beso en la mejilla. Michael es la otra conciencia que despierta en este loco enjambre. Hay un contundente mensaje de aceptación dentro de la trama de este musical.

La música del conocido Sir Elton John, quien también compuso la música de The Lion King y Aida, nos ayuda a percibir lo que siente Billy en cada momento de su acelerado despertar. Además, nos va transmitiendo el cúmulo de emociones, alegres o tristes, que el pueblo está sintiendo. Si bien es cierto que no hay canciones pegajosas, no es menos cierto que la música es un exquisito banquete auditivo. La balada que Billy canta con su madre, quien aparece esporádicamente para aconsejar a su hijo, convirtiéndose así en su voz interior, toca las fibras del corazón. Por el contrario, en los momentos de gran tensión, los cuales abundan, la fuerte música grita con voz propia, erizándonos los pelos.

 

La maestra de baile, quien descubre el potencial que tiene Billy para bailar y lo prepara para su audición en la Royal Ballet School de Londres, representa las hadas madrinas que todos tenemos. Ellas son estos seres que siempre aparecen en momentos claves para facilitar el cumplimiento de nuestros sueños. A Billy le cuesta creerle al principio lo que ella piensa de su talento, como a veces sucede en la vida real, pero luego acepta su ayuda y la adopta como a una madre. Ella, estando consciente de que su momento para brillar ha pasado, canaliza sus propios deseos de triunfo a través de Billy. Esta acción representa la conciencia que despierta y le abre el paso a una nueva era. El día que Billy le informa que ha sido aceptado en la escuela de baile londinense, la maestra respira profundo y le aconseja que siga adelante y no mire nunca hacia atrás. Esto lo manifiesta con plena conciencia porque su vida es un ejemplo de lo que le sucede a quien tiene aspiraciones y sueña con triunfar pero vive atrapado en el miedo y el pasado.

Cuando el padre de Billy descubre que su hijo está tomando clases de ballet, sus prejuicios afloran. Su hijo mayor y sus compañeros de trabajo se unen al coro de voces que censuran al inocente niño. En su mente tan esquemática de tantos años, las niñas toman clases de ballet y los niños practican boxeo. Nosotros conocemos estas voces que viven tratando de que la conciencia despierta vuelva a su estado de dormición. Billy representa para ellos el pensamiento nuevo, un nuevo orden de vida y un futuro que nunca imaginaron. Después de una reflexión profunda, el padre finalmente decide que su hijo debe de seguir adelante con su sueño. Se enfrenta a su hijo mayor y a todo el pueblo para defender el derecho de Billy a ser feliz. Frente a este sincero pedido, el pueblo echa a un lado sus actitudes negativas y comienza a apoyar al niño.

Todas las actuaciones son memorables. No se desperdicia ni una sola pizca de talento. En los años que llevo viendo musicales en Broadway, nunca había visto una coreografía contemporánea que hablara tan claramente. La misma le permite a los personajes seguir hablándonos sin darnos cuenta que lo hacen sin palabras. ¡Bravísimo! Durante toda la noche, el niño que interpreta a Billy demuestra tener una gran presencia escénica y un dominio del baile impresionante. Para cerrar el primer acto, tuvo un solo de baile (Angry Dance) que nos dejó atónitos y tuvimos que ponernos de pie para darle una merecida ovación. Ahora comprendo por qué este musical, en su estreno en Broadway, ganó tantos premios.

El musical Billy Elliot nos inyecta de una gran dosis de positivismo y optimismo. Nos llena el corazón de deseos de seguir viviendo. Tiene el poder de hacernos reflexionar profundamente sobre la forma en que vivimos y dónde están puestas nuestras energías. Es un musical que ataca el egoísmo y nos lleva lentamente a comprender que vale la pena sacrificarnos por los demás. La clave del triunfo está en aceptar nuestra naturaleza, dejarla expresar libremente y nunca arrepentirnos de lo que dejamos atrás. En este proceso de aprendizaje, aceptarnos y aceptar a los otros es de vital importancia. Al final de la noche, después de todas las ovaciones, las lágrimas y carcajadas, este es el mensaje inequívoco de Billy para todos los que presenciamos la que podría ser nuestra historia. ¡No se lo deben perder!