BAJO EL PIMENTERO
Rubén Cedeño



Jiddu Krishnamurti

 

Ojai, 1998
Revisado Enero 6.2010
(Charla que siempre comunica Rubén Cedeño a los grupos de facilitadores y estudiantes de Metafísica que a veces acompañan al Pimentero donde se Iluminó Krishnamurti en Valle de Ojai)

PELIGRO DE AFIRMARLO
Algunos esotéricos niegan, o no afirman, la iluminación de Krishnamurti y los erróneamente llamados “krishnamurtianos”, nunca se les escucha hablar de eso. Es atrevido referirse a este asunto. Pero cuando uno se entera de lo que aconteció debajo del pimentero que está en Ojai, no queda otra cosa que pensar que fue algo especial.
Krishnamurti durante toda su vida se negó a afirmar ser un Iluminado, o escogido, porque esas aseveraciones son la simiente del orgullo. El considerarse diferente, escogido, el único, el seguidor de los Maestros o sus enseñanzas genera autoritarismo, y conflicto en las personas que son víctimas de esto. Al decir, “fulano es un iluminado”, “sigue las Enseñanzas de los Maestros”, “es discípulo de tal Maestro” o “pertenece a tal escuela muy adelantada”, se le está diferenciando de los demás que no lo son, y esto es agresión al que no lo es. Es orgullo espiritual que daña, no es amor, por esto terminan destruyéndose las organizaciones y peleando unas con otras; porque dicen: ¿Por qué él tiene que ser un iluminado, alguien especial, o un contacto con un ser superior y yo no? “A quien sigo es a los Maestros Ascendidos o a un canal o mensajero directo” Esto genera conflicto, superioridad. Si alguien es un iniciado, maestro, canal verdadero o no lo es, para nada debe importar. El que busca esto está persiguiendo apoyo, y autoridad externa.

POR LOS FRUTOS

Por los frutos se conoce a cada persona. Si un individuo lo que hace es derramar bondad, amor, buena voluntad; tiene un continente de belleza que lo rodea, es un ser pacífico, todo perdonador, ayuda a aliviarle el sufrimiento a los demás; no hay que interrogarse si es un Iluminado, maestro o no, esa persona no lo tiene que decir. Cuando alguien se autoproclama, iluminado, iniciado, discípulo de algún maestro en especial, en el camino de la verdad, ese sólo hecho de afirmarse conlleva a su negación, eso no tiene que decirse, esas cosas se ven o no se ven. Lo que uno es, grita tan fuerte, que no se oye lo que uno dice. No es necesario ver el aura de la gente, lo que la gente es, está descripto en lo que se ve que es.

PURIFICACIÓN

El proceso de purificación de la mente de Krishnamurti fue muy doloroso; para 1948, se expresaba así: «Están limpiando el cerebro, ¡oh! completamente lo están vaciando». Aquí Krishnamurti se refiere sin mencionarlo, al Vacío que elimina el “yo personal” para que la claridad pueda expandirse en uno. Krishnamurti, refiriéndose a los Maestros dijo: «Ellos me han quemado para que pueda haber un vacío mayor», «Es este vacío el que trae poder»


LLEGADA DE KRISHNAMURTI AL VALLE
Al Valle de Ojai llegó Krishnamurti por primera vez en 1922, acompañado de su hermano Nitya que había enfermado de tuberculosis. Fueron invitados por Mr. Warrigton, por ser considerado este valle poseedor de una fuerte radiación curativa. Debido a lo seco del ambiente, era ideal para curar personas con la apariencia de tuberculosis. Cuando ya Krishnamurti tenia 27 años, el día 20 de agosto, en medio de «el proceso», sucedió algo en el Valle de Ojai. Bajo un pimentero, tuvo una vivencia muy particular.
Krishnamurti, en esos días, estaba muy dolorido a causa del proceso de purificación de su mente, a través del cual toda su conciencia fue vaciada de conceptos y creaciones humanas. Su sufrimiento era muy terrible.


Krishnamurti en su casa en Ojai. California. USA


LUZ EN EL PIMENTERO
En procura de alivio a los días que Krishnamurti había pasado en su doloroso proceso, Mr. Warrington le sugirió a Krishnamurti que se sentara debajo del Pimentero, a ver si allí, con el frescor de la noche, recibía un poco de consuelo.
Dicen algunas personas que percibieron el hecho, que Krishnamurti tuvo una vivencia muy particular bajo el pimentero. Dicen que una luz muy fuerte iluminó el lugar. Una música celestial comenzó a inundarlo todo. Krishnamurti estaba bajo el pimentero en posición de Samadhi. Acababa de entonar unos mantrams. Sobre el árbol comenzó a brillar una estrella y aparecieron el Señor Gautama, Lord Maitreya y Lord Koot Hoomi. Cuatro personas fueron testigos de esto: Mr. Warrington, Nitya, el hermano de Krishnamurti, la Señora Rosalind Williams y el Señor Walton.


KRISHNAMURTI EXPLICA LO QUE PASÓ EN EL PIMENTERO
"Cuando estaba sentado así durante algún tiempo, me sentí a mí mismo saliendo de mi cuerpo, me vi a mí mismo sentado con las hojas tiernas y delicadas sobre mí. Miraba hacia el este. Delante mío estaba mi cuerpo y sobre mi cabeza vi la Estrella, brillante y clara. Entonces pude sentir las vibraciones del Señor Buddha; contemplé al Señor Maitreya y al Maestro KH. Me encontraba tan feliz, en calma y en paz. Todavía podía ver mi cuerpo y yo me encontraba suspendido cerca de éste. Había una calma tan profunda, tanto en el aire como en mi interior, la calma del fondo de un lago profundo e insondable... La Presencia de los Seres poderosos permaneció conmigo durante algún tiempo y luego se fueron. Yo era sumamente feliz, porque había visto. Nada podría ser nunca lo mismo. Había bebido en las aguas claras y puras del manantial de la fuente de la vida y mi sed fue saciada... He tocado la compasión que cura toda pena y sufrimiento; no es para mí mismo, sino para el mundo. He permanecido en la cumbre de la montaña y observado a los Seres poderosos... El Amor en toda su gloria ha impregnado mi corazón; mi corazón nunca puede cerrarse. He bebido en la fuente de la Alegría y la Belleza eterna. Estoy impregnado de Dios."
Después de esa noche, Krishnamurti meditaba todas las tardes bajo el pimentero.
Krishnamurti le dijo a Leadbeater: "Me siento de nuevo en contacto con el Señor Maitreya y el Maestro y no hay otra cosa que deba hacer sino servirles. Mi vida entera, ahora, está... dedicada al trabajo y no es probable que cambie." Así le dijo a la Señora Besant: "Siento como si estuviera sentado en la cumbre de una montaña en adoración, y que el Señor Maitreya está cerca de mí. Siento como si estuviera andando sobre aire delicado y perfumado. El horizonte de mi vida es claro, bello y preciso."



Pimentero de la casa de Krishnamurti

 

CASA DE MARY ZIMBALIST
Ojai Enero 6. 2010
Aunque la gente de la Fundación Krishnamurti no le gusta que uno vea con devoción y admiración los sitios donde vivió Krishnamurti y las habitaciones donde durmió, uno de mis más caros deseos era visitar, frente al pimentero, la casa de Mary Zimbalist, donde vivió Krishnamurti y penetrar en la habitación donde expiró su último aliento de vida terrenal. Esta casa fue mandada a construir por Mary Zimbalist en unos terrenos que no eran de su propiedad sino de la Fundación Krishnamurti de América, con la condición que al ella desencarnar pasara la casa a la propiedad de la Fundación. La Señora Zimbalist vendió su propiedad en Malibú, una población cercana a Ojai y construyó esta casa.
Nunca pude entrar en esta casa porque allí seguía viviendo la Señora Zimbalist y como no la conocía, era como invadir su privacidad. Por muchos años, cada vez que iba, deambulaba por los alrededores imaginando cuál de las ventanas sería la de la habitación de Krishnamurti.


Casa de Krishnamurti en Ojai

Pero en vista que la Señora Zimbalist desencarnó en el año 2009, la casa pasó a manos de la Fundación y fue convertida en Biblioteca y salón de lectura. Al llegar a Ojai en este viaje de enero del año 2010, lo primero que inquirí fue poder entrar a la casa de Mary Zimbalist, que estaba cerrada por esos días. Cuál sería mi sorpresa cuando Sebastián Wernicke viene con la llave de la casa que nos la entregaban para que todo el grupo con que viajábamos, que éramos aproximadamente veinte, entráramos en la casa a solas y como si fuera nuestra.
Con gran reverencia introduje la llave y penetré en aquel recinto que no era una casa normal. El grupo en silencio y sin zapatos seguía detrás de mí, en forma sigilosa y en completo silencio. Era una de esas casas de millonarios como las que aparecen en las revistas de “Ricos y Famosos”. Totalmente hecha con los lineamientos de la arquitectura moderna casi minimalista y decorada muy profesionalmente con uno de los más exquisitos gustos. Todo el piso era de baldosas blancas con unas leves hojas y pequeñísimas flores de decoración. El salón principal era inmenso con muebles amplios muy bien iluminado y el techo muy alto con vigas decorativas muy bien logrado. Aquí Krishnamurti, a veces realizaba reuniones informales con su famosas discusiones. Por un pasillo estrecho se llegaba al lugar que más añoraba ver y era la habitación de Krishnamurti. En silencio, casi sin querer pisar, sobrecogido en lo más interno de mí, penetré y vi la habitación vacía, sin muebles con sólo la alfombra y las paredes blancas. Donde estuvo su cama, donde entregó su Corriente de Vida había un par de cojines para meditar. Un balcón de ventanas amplias tenía al frente el escritorio donde Krishnamurti se sentaba a leer y revisar las transcripciones de sus pláticas. En una biblioteca que estaba de un lado se podían ver los libros de ciencia ficción y Cowboys que leía. No había un solo libro espiritual. Allí estaban sus inmensos closet vacíos que la imaginación de mi mente llenó con su ropa y zapatos de muy fina elaboración. Un baño privado, solo para él, hizo que entrara y viera su gavetas donde guardaba sus enseres de aseo.


Rubén Cedeño en la habitación donde desencarnó Krishnamurti
Dios mío, qué regalo del cielo, era como estar “Navegando por las Estrellas”. De los veinte miembros del grupo, nadie hablaba, todos estaban sobrecogidos, sin palabras, era más de lo que esperaban. Deambulábamos por toda la casa, entrábamos y volvíamos a entrar, salíamos y volvíamos a salir varias veces por todos los lugares. Después de un buen tiempo, les dije a todos, vámonos.
E
n las afueras de la casa, en el garaje me encontré el Mercedes Benz de Krishnamurti y con un respeto inmenso abrí su puerta me senté al volante y por un rato estuve allí. No puedo describir tantas cosas que me cruzaron por mi mente y mis sentimientos, fueron numerosas y juntas. Una vez más estaba muy cerca de él, de su volante, su asiento, el vidrio por donde veía las carreteras y paisajes por donde andaba. Nunca he sentido adoración hacia la persona de Krishnamurti ni he querido contactar sus lugares como si fueran sagrados, ni sus objetos como si fueran reliquias. Acercándome a él, a sus lugares y sus cosas percibo algo distinto, que nunca he podido identificar en mí. Es la misma sensación que sentí cuando lo conocí y estuvimos agarrados de la mano por tanto tiempo. Algo me pasa, no es emoción, no es admiración, tampoco idolatría, es como si el fuera algo muy cercano a mí y allegarme a sus asuntos me produce algo indescriptible, no catalogable ni calificable dentro las palabras que el idioma ofrece. Pero siempre todas las puertas hacia él se me abren solas. Tal vez nunca descifraré ese enigma.



Rubén Cedeño junto al Mercedes Benz de Krishnamurti
Un sol tímido, dorado viejo, daba sus últimos visos en una tarde hermosa como ninguna, de un cielo azul totalmente despejado y con mucho frío, que obligaba a abrigarse. Una colina cercana invitaba a treparla y así lo hicimos. Les dije a todos: Meditemos, quedémonos en silencio viendo el ocaso. A lo lejos, debajo de todo, se veía el pimentero como un monumento silencioso y solitario a la “Iluminación de un Hombre Ilustre”, al lado, la casa de Mary Zimbalist atesorando, lo que para mí, eran los más encarecidos recuerdos de Krishnamurti. Todo el conjunto de sucesos acompañados del hermoso atardecer,  nos hacía sentir como “Navegando por las Estrellas”.