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ADIOSES
Rubén Cedeño

Rubén Cedeño
Bucarest,
25-3-2002
He aprendido en la vida y lo hago: Al que está desafinado, hay que
afinarlo, al que no sabe algo, hay que decírselo, al que nunca ha
ido a una ópera o concierto, hay que llevarlo. Siempre había que
facilitarle el aprendizaje a quien lo ignora.
Tenía como 12 años cuando veía a María Carrasquero haciendo estas
cosas y me pareció excelente, me dije a mí mismo: “Quiero ser así” y
por eso trato de hacer lo mismo que ella me enseñó.
Más adelante conocí a Conny Méndez y a Katiuska, en la misma actitud
de enseñar a toda costa y corregirle los errores a la gente, ya que
si vemos a alguien cometiendo un error y no se lo decimos, somos
culpables de la falla de esa persona por “pecado de omisión”.
Blanca Estrella de Méscoli me enseñó a ser generoso y a dar
oportunidades de triunfar y de realizarse a todo el mundo. Ella me
puso a dar clases en el “Conservatorio de Música de Maracay” siendo
casi un adolescente, hizo que mi nombre apareciera impreso en
programas de concierto a su lado, para que fuera agarrando renombre
desde joven.

Rubén
Cedeño junto a sus alumnos en la Escuela de Música Juan Manuel
Olivares
Con todos estos
parámetros me fui formando y por eso trato de hacerle el bien al que
esté a mi lado, como mis maestros lo hicieron conmigo.
A las charlas de metafísica me han llegado jóvenes de barrios
populares, sin ningún tipo de refinamiento de cultura clásica, mal
vestidos, sin saberse comportar protocolarmente, sin saber hablar en
público, con pocos o ningún viaje cultural al exterior. Otras veces,
me han llegado algunos adultos, incluso médicos, que aunque tenían
cierta preparación, no los conocía nadie, tampoco sabían dar
conferencias, hacían mal uso del castellano, podían hablar en otros
idiomas, pero no se les ocurría traducir un libro, escribir en
revistas ni tenían roce internacional.
A cada quién según su caso y en cada uno diferente, les fui
enseñando a algunos a vestirse de estilo formal, incluso hasta a
hacerse el nudo de la corbata, que no lo sabían. Día a día les fui
corrigiendo el vocabulario para que se expresaran mejor. A otros los
llevé a la ópera por primera vez y no solo esto, sino que les
explicaba compás por compás su significado. A otros les enseñé cómo
editar un libro, porque nunca lo habían hecho; también les comuniqué
los estilos al traducir, los llevé a las imprentas para que
publicaran sus obras o traducciones, porque nunca lo habían hecho.
En otros casos muy especiales, tomé aviones junto a los estudiantes
para llevarlos y explicarles con lujo de detalles el Museo
Antropológico de México o del Cairo, a las Galerías Vaticanas o a
los Oficios de Florencia, al Museo del Prado, al Metropolitano de
New York, a la Acrópolis de Atenas, a las ciudades donde vivió el
Buddha en Nepal e India, a las ruinas incaicas, a Japón o China.

Rubén Cedeño con Grupo de Metafísicos en el Cairo. Egipto
Todo esto a la par de pasar años y años dándoles instrucción metafísica a
cada instante, diciéndoles qué libros leer, informándoles de autores
y escuelas convenientes y miles de detalles de los que ellos no
sabían nada.
El que aprende, pocas veces se da cuenta de su ignorancia, y
desconoce lo que le cuesta al que comunica poderle transmitir una
transformación.
Comunicar de la forma que digo y he hecho con mis estudiantes,
implica un trabajo que siempre cuesta mucho, y uno pasa días
preparándose o meditando cómo comunicar determinado asunto, pero uno
lo hace sin darse cuenta, sin esperar nada, solo por preparar unos
estudiantes para que estén a la altura de poder hacer el exigente
trabajo por la humanidad al que nos insta la Jerarquía Espiritual.
El ignorante, por lo mismo que es ignorante, siempre ignora todo lo
que ignora, y cuando aprende, cree que siempre supo y fue culto.
Esto es una desgracia, porque lo llena de orgullo y ceguedad.

Rubén
Cedeño junto a estudiantes en Pekín. China
Algunas de las personas que llegan a mis charlas ignorando muchas
cosas, cuando saben un poquito y prueban algo de la fama que a veces
da impartir charlas de Metafísica, se sienten unos sabios, todo
poderosos, que pueden hacer las cosas mejor que uno, y nunca faltan
personas y escuelas espirituales que les dicen defectos de mi
persona, que por supuesto los tengo. Esto hace que algunos
queridísimos estudiantes se vayan no solamente de nuestras
actividades, sino que maltrataran a algunos de los metafísicos que
los ayudaron, les dieron de comer, les regalaron viajes y buenos
tratos a donde quiera que fueron.
Cada quién es libre y tiene derecho a evolucionar, salir y volverse
a meter por donde quiera. Eso no se cuestiona ni critica, emitiendo
juicios de lo que hacen. Solo deseo exponer lo que me pasa a
mí con estas situaciones.
Cuando los estudiantes se van de mala manera como desconociendo todo
el bien recibido es lo más doloroso de la vida, me enseña mucho y se
lo agradezco a quien me lo hace, porque me desarrollan mucho el
ejercitar el perdón, bajar la cabeza, tener humildad y sobre todo
algo grandioso, a no sentir pena porque digan cosas vergonzosas de
mí, sean éstas verdades o mentiras, y que ellos consideran defectos.
Todo esto hace que desenvuelva el valor de seguir viviendo y de
darle la cara a la gente, sin que me importe el qué dirán, ni que
sepan que soy algo deplorable. He aceptado que mis libros tienen
muchos errores que debo corregir y que por eso, los que se han ido
de mala forma, con razón han hablado mal de ellos, botándolos,
quemándolos y poniéndolos en las aceras de las calles como basura.
Esto me ha
enseñado a confiar solo en Dios y en los Maestros Ascendidos más que
nada en el mundo, porque en medio de los sufrimientos que me ha
ocasionado el que esta gente se fuera, he visto que Dios y los
Maestros no me han dado la espalda y que están conmigo a pesar de
todos mis errores. Los Maestros son realmente seres de perdón,
porque he visto que mientras algunos de mis estudiantes más amados
me condenan, Ellos me acogen y protegen para que no me pase nada
malo.
En lo peor de las crisis donde he llorado amargamente, porque a los
que se han ido los he amado como a nada en el mundo, me he dado
cuenta que lo más valioso y grande que tengo, que nadie me lo ha
podido quitar y nunca se me ha ido, es mi propia conciencia
espiritual y todo el amor que me dieron Katiuska y Conny, y que eso
lo llevo en mi corazón como lo más grande que poseo en la vida. Sé
que ese amor es lo que me ha salvado de los ataques y peligros más
grandes. Nadie, ni la energía siniestra más poderosa, ha podido ir
contra la fuerza conquistante y protectora del amor.

Katiusca
Cordido y Conny Mendez
A los que se han ido los he querido mucho, y algo maravilloso es que
no los he dejado de querer, ni por lo que hicieron, ni por lo mal
que de mí han hablado, ni por el tiempo que ya hace que muchos se
fueron, ni por las distancias en los países que a veces me
encuentro.
Si nunca me hubieran abandonado un grupo de estudiantes de Caracas
jamás hubiera renunciado a la Escuela de Música, ni hubiera escrito
ciertos libros que hoy en día a la gente le gustan mucho, ni
estuviera viajando tanto, libremente por todo el mundo, expandiendo
la Enseñanza de los Maestros Ascendidos, así como lo estoy haciendo
ahora. Así que les agradezco de todo corazón lo que hicieron que
aunque fue doloroso me reportó grandes beneficios en mi vida.
Recuerdo un día en la Plaza Roja de Moscú que me preguntaron cómo
llegaste hasta aquí y contesté: "Gracias a unos estudiantes que me
abandonaron en Caracas y me zafé del trabajo con horarios fijos".
Allí mismo me puse a darle las gracias a una por una a estas
personas.
Estoy tan consciente de esto que estoy diciendo, que cuando me
encuentro en los Retiros Etéricos de los Maestros, sea en
Transilvania, Beijín, Luxor o Tierra Santa, y los que me han dicho
adiós me vienen a la cabeza, porque siempre me acuerdo de los
momentos felices que pasé a su lado, lo que hago es darles las
gracias y colmarlos de mi amor y bendiciones, porque los que han
venido a mis charlas y solo escuchan y se van sin pena ni gloria, a
esos no tengo nada que agradecerles. Pero a ellos, los que pasaron
tiempo a mi lado, disfrutando, aprendiendo y se fueron, les
agradezco todo lo que he crecido y he aprendido hoy.

Nota de Domigo
Laut:
Querido Rubén ¡Que ciertas tus palabras! Hoy en día puedo
entenderlas a cabalidad y saber por propia experiencia de lo que
hablas que solamente una persona que lo ha vivido y pasado un
proceso así lo puede procesar en su interior, del AMOR como lo
hablas bien cierto es que lo ÚNICO que nos salva es ESE AMOR , Es
ese GETSEMANÍ interno que uno atraviesa antes de la Resurrección, y
ese AMOR el bálsamo que todo lo cura. Yo en mi caso personal MI AMOR
Y GRATITUD A TI me salvó de la locura de la ignorancia, ANTES
PENSABA QUE TE QUERÍA AHORA LO SÉ ( GRACIAS POR TODO, SIGUE
ADELANTE, TU PUEDES) y recuerda que gracias a ser como eres algunos
pobres ignorantes nos salvamos. TE AMO Y ES LO MAS GRANDE Y SINCERO
QUE TE PUEDO DECIR ( AHORA CONSCIENTE DE ELLO) GRACIAS OTRA VEZ UN
ACHUCHÓN.

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