A propósito de la Cuaresma
Por Camilo Torres



19/03/10
Hay seres humanos que llegan al grado que a quien les muestras sus errores, horrores y hediondeces, al no observarse , no mirar, sus propios horrores, en vez de cambiar se van contra quien los corrige y ama, cargando así más peso en su espalda, por defender a su ego, y suman más sufrimientos a su espalda, da pena el sufrimiento de quienes condenaron, verbalmente y luego crucificaron a Jesús en la Cruz, a un ser que solo les amo, les enseño, corrigió y muchas veces alerto, por amor, de gratis, sin esperar nada a cambio, como vemos a muchos hoy día que al igual que los santos de ayer, emulan el ejemplo del Bendito Maestro. Jesús en la Cruz, al ver la injusticia, lo único que tuvo para sus asesinos fue un infinito perdón, en ese momento se compadeció de los que actuaban mal.



En la película de la Pasión de Mel Gibson, hay una escena desgarradora, pero al mismo certera en lo que hay que hacer, Jesús, es vil y cruelmente lacerado, hasta caer al piso y al ver la sandalia de su agresor, su mente se traslada al momento en que hablo a la multitud en el Monte, sobre el tema del amor; el amor a los enemigos (Lucas 6-40, Mateo 5,40) “Yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen, a sus enemigos, hagan el bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen, rueguen por lo que los maltratan”. En ese momento de injusticia el Gran Maestro puso en valía todo el amor que tanto enseño. Qué grande el amor de Jesús, incluso para aquellos, quienes lo calumniaron, lo vendieron, lo execraron e incluso desgarraron su hermosa envoltura física.



Jesús ante el mal actuó de forma enérgica y contundente contra el mal, llamó de hipócritas, de fariseos, de sepulcros blanqueados a quienes así se comportaron; expulsó vendedores del Templo, maldijo higueras. Ante el mal toma partido del bien, de la justicia, de la sabiduría, en la batalla escoge bien tu bando, ya que el simple hecho de no tomar partido es permitir el mal, no te alinees pues con el mal, si no lo quieres.



En la Octava estación del Vía Crucis Jesús advierte a las mujeres de Jerusalén, y les dice: no lloren por mi; lloren más bien por ustedes y por sus hijos” (Lucas 23, 27-28), y por qué lo hace?, el sabia que el efecto del mal uso hecho por quienes lo condenaron, lo difamaron, hasta quitarle su propia vestidura carnal, no era un buen fin, ya que 70 años después, la historia, nos habla de la diáspora, donde una revuelta del pueblo, produjo la dispersión de judíos, por todo el imperio Romano, incluso, su esclavitud, y también la destrucción del Templo. Peor y con más dolo, los tibios, los que vieron la injusticia y no hicieron nada, mientras el Maestro estaba encarnado, se convirtieron inmediatamente en cómplices de la injustica y como tal tuvieron que participar del dolor, de la diáspora.
Cuando nos aflore lo que somos si es el más exquisito olor a santidad, perfumemos, y si es nuestra hediondez, limpiémosla, y por amor a Dios, no seamos inconscientes, no ensuciemos el mundo con inmundicias, y mucha menos pretendamos ensuciar a quienes lo único que hacen es amar; corregir; enseñar; hacer! ¡Que Dios nos libre!