UN VIPÁSSANA EN SANTA MARÍA PALAUTORDERA


Por Fernando Candiotto
Barcelona, 9 de Febrero de 2009


Me enteré de la existencia del Vipássana, cuando a fines de mayo del año pasado llamé a Rubén (Cedeño) a España, y me comentó que acababa de terminar un curso en esta técnica de Meditación, en el centro de meditación Vipássana que existe en Santa María Palutordera, Cataluña, a una hora de Barcelona. En dicha conversación me contó algunos pocos detalles de lo que había vivido en el curso, y me dijo: “Esta era la meditación que practicaba el Señor Gautama”. Eso me motivó inmediatamente a hacer el curso, y me recomendó que hiciera lo posible por realizarlo en este mismo lugar, debido a la excelencia de sus instalaciones y a que se trataba de un centro dedicado exclusivamente a esta práctica y su difusión.

Durante los siguientes meses mucho se habló de Vipássana en la Metafísica, Rubén escribió un libro sobre el tema, en el Congreso de Córdoba habló sobre esta técnica y varios facilitadores de metafísica realizaron el curso también en otras ciudades y países, compartiendo algunas de sus vivencias, lo que me entusiasmaba cada vez más para hacerlo. Incluso Rubén grabó, en Buenos Aires, la “Meditación Vipássana Metafísica”, y durante varios meses utilicé la grabación para practicar la técnica durante unos veinte minutos al día. Todo esto me iba a ser de muchísima utilidad.

Finalmente conseguí una plaza para hacer el Curso en el Centro de Meditación de Santa María Palautordera durante el mes de Febrero de 2009, precisamente dos días después de finalizar un viaje que realizaríamos por Nepal e India con Rubén Cedeño y un grupo de facilitadores de metafísica de diversos países, recorriendo los lugares donde había vivido el Señor Gautama.

El lunes 26 de enero de este año llegué a Madrid procedente de la India, después de casi 30 días en Nepal, India y Buthán, recibiendo las enseñanzas del Buddha de los labios de Rubén. Esa noche me hospedé en casa de un matrimonio de metafísicos con quienes había compartido dicho viaje, y a la mañana siguiente tomé un vuelo a Barcelona. El esposo de una facilitadora de metafísica amablemente me recogió en el aeropuerto, para llevarme hasta el pueblito de Santa María Palautordera, aproximadamente a una hora de distancia, donde al día siguiente entraría en retiro por 10 días.

Ese día tomé una habitación en una pequeña posada, aprovechando para comprar algunos elementos que me serían útiles durante el curso, disfrutar del silencio y la soledad, y así prepararme de alguna manera para lo que me esperaba en los próximos días, pues al entrar en Vipássana uno debe comprometerse a cumplir con algunos votos, entre ellos, el de Noble Silencio, el cual debe ser mantenido durante los primeros 9 días.

El pueblo de Santa María Palautordera se encuentra al pié del Montseny, palabra que significa “Monte de la Sabiduría”, un pico de unos 1500 metros, que en esta época del año se encontraba nevado, dándole al paisaje un marco maravilloso.

Al día siguiente, 28 de Febrero, llegué al Centro Dhamma Neru 5 minutos antes de que comenzaran las inscripciones de los estudiantes nuevos, que se realizarían entre 14 y 18 hs. Era el primero en llegar. Después de algunos instantes y de rellenar algunas planillas de datos, un servidor del curso me acompañó hasta la habitación que compartiría con unas 30 personas, todos ellos hombres, pues las mujeres se hospedarían en otra zona de las instalaciones. Durante el curso existe segregación y en ningún momento hay contacto con el sexo opuesto. Hombres y mujeres duermen, comen, pasean, por sectores separados, y sólo comparten la sala de meditación.

En la habitación me asignaron la parte superior de una litera, la cama C8, que numerológicamente suma 11, número de la maestría. Dentro de mí dije: “Gracias Padre”.

Entre las 14 y las 18 hs fueron llegando el resto de los estudiantes. En las habitaciones y el parque algunos pequeños grupos se reunían a conversar y conocerse. Preferí mantenerme en silencio y evitar el contacto visual, otro de los puntos a observar, pues el hábito de hablar está fuertemente arraigado en el ser humano y quería asegurarme de mantenerlo durante todo el curso. La disciplina en los mismos es tal, que si un estudiante es sorprendido quebrantando alguno de ellos, puede ser automáticamente expulsado, y conocía casos en los que esto había ocurrido, por referencia de otros metafísicos que ya habían realizado el curso.

A eso de las 19 hs comenzó una charla explicativa. Finalizando la misma llegó un estudiante nuevo, obviamente tarde. Ese fue el único estudiante que no concluyó el curso y huyó.

Esa noche entramos por primera vez a la sala de Meditación. Uno a uno nos iban llamando y ubicando en el puesto que nos correspondía. No había elección ni podíamos cambiar de lugar, sin la autorización del profesor asistente. Durante los días que siguieron, sólo a 3 o 4 personas les permitieron sentarse atrás en una silla o apoyar la espalda en la pared, y supe que al menos en un caso, se debió a que el estado interno y físico del estudiante era tal, que si no se le hubieran otorgado la silla, hubiera abandonado el curso.

Después de cumplir con algunas formalidades, entre las que se contaban: solicitar la enseñanza al profesor y tomar los 3 Refugios de Buddha, comenzó el curso.


LOS DOLORES

A la mañana siguiente, después de la primera hora de estar sentado, comenzaron los dolores, sobre todo en las caderas, las rodillas y la espalda. Suaves al comienzo, iban agravándose de a poco. Al principio se los adjudiqué a la falta de práctica, pues tenía que meditar sentado en el suelo, con las piernas cruzadas en postura de loto, y jamás había pasado más de 20 minutos seguidos en esta posición en toda mi vida. Pero me daba ánimo la idea de que, después de 10 días, seguramente me sentiría cómodo así sentado, y me vería como un buddhita o uno de esos sadhus que se sientan en los Gaths, a orillas del Ganges, en postura del loto y con las manos en dhyâni-mudra (ambas sobre el regazo).

Con el transcurso de los días, observando cómo los dolores aparecen o desaparecen, y con las enseñanzas que Goenka imparte cada noche, se van haciendo claras las causas internas de esos dolores.

A mi lado estuvo sentado un joven catalán, estudiante de yoga, que llevaba años practicando esta postura y se lo veía muy cómodo en la misma, con su espalda bien erguidita. Me comentó el último día de los terribles dolores que había experimentado en otras partes del cuerpo y confirmé que, definitivamente, los dolores no tienen que ver mucho con la postura, salvo tal vez al principio.


LAS CHARLAS DE GOENKA

Estudiante al fin y al cabo, para mí lo más grande de todo eran las clases de S.N. Goenka, que se impartían cada noche. Su exposición de las enseñanzas del Señor Gautama eran tan prácticas, sencillas y claras, como las que estamos acostumbrados a recibir en Metafísica, lo que dejaba ver que verdaderamente se trata de alguien que transmite lo que ha vivenciado. Lo mismo que uno percibe al leer a Conny Méndez o Rubén.

Durante las clases que recibimos en las noches, se expusieron temas como el noble óctuple sendero, el Karma, los skandhas, los paramitás, entre otros. Me encantó descubrir que todo esto lo había estudiado ya en Metafísica; pero como buen facilitador, Goenka tenía una forma propia o unos puntos de vista para abordar cada tema, que eran nuevos para mí; y todos, los abordaba de una forma completamente práctica. No podía evitar pensar, que cuando llegara a Buenos Aires, tenía que dar tal o cual clase.

Una de las últimas clases fue la de los Paramitás, o las perfecciones que se deben desarrollar para alcanzar el buddhado. Durante la misma se explicaba cómo durante el curso de Vipássana habíamos desenvuelto, en alguna medida, cada una de estas cualidades. Pude reconocer que un facilitador de metafísica o un alumno colaborador, sincero y desinteresado, desarrolla igualmente en cada clase de Metafísica y en su vida diaria, los 10 Paramitás.

Para mí la clase que se llevó el broche de oro fue la de los skandhas, o los agregados que conforman la personalidad, pues con esta clase se hizo claro el proceso por el que estaba pasando en el curso, y por el que pasa toda persona que lo hace. Recordé que a medida que se avanza en el proceso de la iluminación, estos skandhas se van transformando en un aspecto de la conciencia iluminada, lo que se conoce como las 5 Sabidurías, y que cada una de estas Sabidurías está personificada en uno de los 5 Dhyâni Buddhas, y ahí desencarné, fue él éxtasis.

Esa noche le agradecí tanto a Rubén y a Graciela por sus clases sobre Cetro Diamantino; a Anagarika Govinda, que en su “Meditación Creadora” habla sobre el tema; y a Krishnamurti, que con otras palabras explica estos procesos, que me eché a llorar de emoción en la cama.


PRÁCTICA

La práctica de Vipássana consiste básicamente en:
1) Sila o Moralidad, aplicando 5 preceptos a la vida diaria, que son:

* Abstenerse de matar a cualquier ser vivo (incluyendo animales), y por lo tanto, la comida que se sirve en el curso es estrictamente vegetariana.

* Abstenerse de robar, y para evitar tentaciones, los objetos de valor se dejan en la entrada, bajo la seguridad de los organizadores.

* Abstenerse de una conducta sexual ilícita. En el caso del curso, uno practica la abstención de toda práctica sexual, lícita o ilícita, y por ello, está prohibido todo contacto físico, ya sea con personas del mismo sexo o del sexo opuesto. Uno ni siquiera se da la mano ni un beso, y también está prohibido el contacto visual. No se puede usar ropa escotada, ajustada, pantalones cortos o faldas cortas.

* Abstenerse de mentir. Y para que uno no se vea ni tentado a mentir, está prohibido hablar, salvo con el profesor o el manager del curso, y en casos estrictamente necesarios o para hacer preguntas sobre la práctica de la técnica. No se responden preguntas teóricas.

*Abstenerse de todo tipo de intoxicantes. Está prohibido fumar, beber alcohol, y si una persona está tomando algún medicamento, debe informarlo en el momento de inscribirse al curso. Ni siquiera se bebe café.

La práctica de Sila tiene por objetivo una purificación interna y física que facilitará:

2) Samadhi o Concentración, que es la segunda práctica. Durante los 3 primeros días, las 10 horas y media de meditación consisten en observar el flujo de la respiración. Esto va desenvolviendo la concentración, fortaleciendo el rayo de la atención y afilándolo, pues el mismo será utilizado desde mediados del 3° día en adelante, para la práctica de Vipássana, propiamente dicho.

3) La práctica de Vipássana, enseñanza que diera el Señor Gautama en el Sutra de los Fundamentos de la Atención (ver “Enseñanzas del Señor Gautama”), permite que los Samkharas, o nuestros hábitos a reaccionar con apego o aversión ante las vicisitudes de la vida, surjan y se disuelvan. Estos Samkharas venimos acumulándolos desde encarnaciones y son la causa de nuestro sufrimiento. El rechazar lo que nos desagrada es, en nosotros, crítica, odio, etc; el apegarnos a lo agradable origina en nosotros, celos, depresión al perder un objeto o persona amada, etc. Por lo tanto, al liberarnos de los Samkharas nos liberamos del sufrimiento.

La técnica tiene como principal objetivo, que aprendamos a observar sin reaccionar ante lo desagradable, rechazándolo, o ante lo agradable, apegándonos. Esto se convierte en ecuanimidad ante las circunstancias de la vida, o dicho en otras palabras, hay que aprender a no calificar.

 

INICIACIÓN VIPÁSSANA

El tercer día se realizó la iniciación en la práctica del Vipássana. Durante los 40 minutos que duró la misma, a medida que la atención iba pasando por las diversas partes del cuerpo, me retorcía como una culebra. No podía mantenerme 3 minutos en la misma posición, los dolores eran intensos y aparecían por aquí y allá. Aunque tenía los ojos cerrados, creo que nadie se movió tanto en la sala. Al terminar la misma, pensé para mis adentros: “Yo, el peor de todos”, y me eché a reír. Pero en una de las noches anteriores, Goenka había avisado, que estábamos aquí para “una operación profunda, sin anestesia”, y me di cuenta que sus palabras no eran metafóricas.

Después de la iniciación al Vipássana, en la siguiente práctica de meditación que hicimos esa tarde, me sorprendió que al menos la mitad de los dolores que había sufrido los días anteriores, habían desaparecido. Por ejemplo, los dolores en las rodillas se fueron para no regresar más. En ese momento confirmé que no se debían a las posturas. En las próximas jornadas, hasta finalizar el curso, las molestias en el cuerpo fueron desapareciendo.

Es necesario aclarar que los dolores y molestias sólo aparecieron durante las prácticas de meditación, y generalmente durante la hora de Adithana o Firme Determinación, en la que uno debe pasar toda una hora sin moverse. En las horas en que estaba permitido moverse, las molestias no eran tan graves, pues cuando uno sentía algún dolorcillo, cambiaba a alguna postura más cómoda. Además, podía haber mañanas donde, por el contrario, las sensaciones eran agradables. Tal vez a la siesta habían aparecido los dolores, y en la última meditación, en la tarde, no experimentaba ninguno.

 

FIRME DETERMINACIÓN

Tres veces al día teníamos una práctica fabulosa que se llama Adhitana o Firme Determinación. Consiste en mantenerse en la postura que uno ha elegido para la meditación durante toda una hora, sin mover manos, piernas, y sin abrir los ojos. Esto desarrolla, en primera instancia, fuerza de voluntad. Pero también algo más. Cuando uno sabe que va a tener que mantener la postura una hora seguida, y que van a surgir dolores y uno no va a poder hacer algo físico para remediarlos, ¡experimenta una angustia, una preocupación!… y por supuesto, como aprendemos en Metafísica, esto magnifica el dolor.

Entonces, uno se sienta a meditar, y en vez de meditar, está pensando: “¡Qué tortura! ¡Cuándo se va a acabar esto! ¡No se lo deseo ni a mi peor enemigo!”, y los minutos se transforman en horas interminables, y al dolor físico se le agrega entonces, el dolor mental, que lo multiplica enormemente.

Esta práctica del Adhitana lleva a que uno logre, finalmente, observar el dolor sin rechazarlo, pueda concentrarse y meditar a pesar de las molestias, centrarse en el presente y que desaparezca el tiempo psicológico. De esta manera, desaparece el dolor mental, y sólo queda el dolor físico, que realmente es tolerable. Como dice el refrán: “La carga nunca es mayor de la que uno puede soportar”. Uno la vuelve insoportable al magnificarla con sus pensamientos y sentimientos de rechazo y aversión.


LOS SAMKHARAS

Debido al funcionamiento del proceso que se realiza con la práctica del Vipássana, sucede que, después de una meditación en la había experimentado dolores o molestias intensas, afloraban en la mente Samkharas de rechazo. Esto generalmente ocurría en la hora de descanso que seguía a esa meditación. Algunos de estos que puedo ahora recordar, fue algún condicionamiento familiar, que en ciertas circunstancias me llevaba a sentirme retraído o tímido. En otra ocasión, una situación vivida tiempo atrás con una persona, que había movido, en aquel momento, sentimientos de culpa en mí. Esta vez volvieron a salir, lloré unos minutos, pero al observar todo el proceso, todo se fue disolviendo. También un skandha de rechazo que mencionaré al final.

Lo interesante fue ver que cuando llegaba a observar la imagen de aquello que rechazaba, o cuando la imagen ya había movido una sensación en mi cuerpo, pero no me identificaba con ella, sino que la observaba –conciente de que todo es Anicca, todo pasa–, esta desaparecía para no volver más. Pero cuando la imagen y la sensación se convertían en un sentimiento y estaba identificado con el mismo, me sentía deprimido o enojado, etc. Si bien al observarlo, después de unos minutos, también desaparecía, a los 2 o 3 días volvía a aparecer. Pero entonces, regresaba con menos fuerza y uno ya lograba observarlo antes de que los sentimientos se identificaran. Por ejemplo, en el caso que mencioné anteriormente, que produjera sentimientos de culpabilidad experimentados en el pasado, aparecieron por segunda vez a los 2 días, pero esta vez capté cuando la imagen apareció en mi mente, no llegó siquiera a mover una sensación en mi cuerpo; entonces la vi, sólo era una imagen mental, una foto, la dejé pasar, como uno da vuelta la hoja de un álbum de fotos y sigue adelante. Pues la imagen es de un hecho del pasado; ese hecho no es real, ya pasó, no existe más. Lo que uno ha estado rechazando es una imagen, nada más. Entonces, ese samkhara se fue, se disolvió, nunca más volvió.

Pero también están los Samkharas de apego. Cuando en las horas de meditación había sensaciones agradables, aparecían, tal vez en la hora siguiente, samkharas de apego o experimentaba sensaciones a las que uno podía llegar a apegarse. Por ejemplo, en alguna ocasión, recorriendo el parque, viendo las florcitas, uno se acordaba de San Francisco, de Koot Hoomi, y se echaba a llorar.

Una tarde, en la hora del refrigerio, una hormiga estaba en la mesa, y para que nadie la fuera a aplastar sin darse cuenta, la subí a una servilleta y la llevé al jardín. Entonces, me vino a la mente, que para Sanat Kumara o para el Señor del Mundo, tal vez somos del tamaño de una hormiga, y Él tiene tanto cuidado con nosotros. Y nosotros cuántas hormigas matamos sólo por no perder el tiempo de llevarla al jardín, porque está sobre la mesa. Y pensé en toda la gente a la que le hacemos daño por no estar atentos, y son de nuestro tamaño. Terminé llorando.
Otro día, en la hora de Adithana, en la que no había tenido molestia alguna, lograba mantenerme en observación, sin reaccionar, me fui a acostar, y me vino a la mente la Firme Determinación. Gautama, cuando se sentó bajo el árbol Bo, dijo: “Aunque mis huesos se conviertan en polvo, no me moveré de aquí, hasta alcanzar la iluminación”. Recordé a Jesús en el Calvario, que sabía las horas de su Pasión que se acercaban, y sin embargo, se mantuvo con Firme Determinación. Y por último, a Serapis Bey, cuando como Leónidas, con 300 espartamos, se mantuvo con Firme Determinación ante un ejército de 100.000 persas, sabiendo que iban a morir, pero que había que salvar la cultura griega. Soportaron durante tres días, gracias a lo cual el legado de la cultura griega ha sobrevivido hasta el presente, todo gracias a esos 300 espartanos que dieron su vida. Ahí lloré mares. Pero no era dolor, era devoción, amor hacia esos seres.

De todas maneras, ante todo esto, las experiencias agradables o desagradables, la más profunda depresión u odio, o el sentimiento de éxtasis más intenso, hay que aprender a observarlo. Y cuando pasa, no apegarse, es decir, no estar esperando cuándo va a aparecer el próximo éxtasis. Esto genera un Samkhara de apego al éxtasis.


EL DOLOR NO EXISTE

El séptimo día, en la segunda hora de Adithana, había algunos dolores y en un momento vino a mi mente un cuento zen que Rubén nos había contado en el Jardín de Piedra de Kyoto, en Japón, sobre un monje zen que pone a todo el monasterio a meditar sobre una tetera, hasta que alguien descubra lo que simboliza, y entonces viene el cocinero, quien ve que la tetera es simplemente una tetera, y se la lleva a la cocina. El cocinero estaba claro. Eso me llevó a cuestionarme si no estaba meditando en una tetera, observando el dolor, cuando como metafísico, podía acabar con esos dolores con un decreto y ya.

Goenka repite y repite, que uno debe meditar con ecuanimidad, con la comprensión de Anicca. En eso vino también la comprensión de que Anicca, la ley de impermanencia, significa que todo cambia, que nada es eterno. Esto, dicho en lenguaje metafísico, significa: “no es, no existe”. Pues algo que es, existe por sí mismo, es eterno, no depende de nada más. Pero en el universo manifiesto, todo es mutable, todo cambia, por lo tanto nada existe por sí mismo, las cosas es como si no fueran. Y en esta comprensión, como en un instante de claridad o de percepción, todo esto muy rápidamente, dije mentalmente, con la fuerza de un trueno, “¡PERO SI EL DOLOR NO EXISTE!”. Inmediatamente todos los dolores desaparecieron, el cuerpo se llenó de una fuerza, una vibración de poder, uniforme en todo el cuerpo.

En la meditación siguiente, después de unas horas, cuando aparecieron pequeñísimas molestias, las miraba, y como si las tocara con un dedo, con el rayo de la atención, les decía: “Tú no existes”, y desaparecían inmediatamente. En eso fui comprendiendo más y más a qué se refiere Saint Germain con el poder del decreto.


POSITIVISMO

Los primeros 3 o 4 días me percaté, de que al salir de las horas de meditaciones en que las incomodidades y dolores iban en aumento, lo primero que recordaba era al “Buddha Huesito”, la época en que Gautama practicó la austeridad durante 6 años, antes de su Iluminación, cuando su cuerpo quedó reducido prácticamente a piel y huesos. Entonces pensaba: “Esto no es nada. Peor le fue al buddha”, me causaba mucha gracia, y a través de la risa se liberaban las tensiones de la última hora. Este y otros pensamientos positivos mantuvieron el buen ánimo, sobre todo en esos primeros días que pueden ser los más duros, y en los que, según Goenka, algunas personas se ven tentadas o llegan a abandonar el curso. No está de más decir que esa actitud positiva se la debo a lo aprendido en Metafísica.


METTA

El último día del curso, antes de que culmine el período de Noble Silencio, se enseña la práctica de Metta, que consiste en compartir con el resto de los seres los méritos alcanzados con la práctica de la meditación; esto desarrolla la Compasión y amor por los demás. “Que mi meditación no sólo me beneficie, sino que beneficie a otros”. Comprendí que en Metafísica se practica mucho esto al realizar servicios y visualizaciones, pues en la mayoría de los casos, aunque el estudiante lo realice para resolver alguna apariencia personal, las prácticas están orientadas a expandir esas energías para que beneficien a toda la humanidad. Se practica lo que enseña Saint Germain y Conny: “Lo que pidas por ti, pídelo para toda la humanidad también”.

En esta práctica, Goenka explica que se deben generar sentimientos de gratitud, amor, buena voluntad para todos los seres. Al hacer afirmaciones como: “Que todos los seres se iluminen, que todos los seres sean felices”, inmediatamente asumí el uso del YO SOY, afirmando en tiempo presente: “Yo Soy la iluminación de todos los seres. Yo Soy la felicidad de todos los seres”, para expandir con esos decretos, con el poder del Ser, con un sentimiento de seguridad, esas virtudes divinas.

Además, me di cuenta que es muy difícil –si acaso es posible– mover sentimientos de amor, devoción, en forma abstracta, y en la técnica no usan visualizaciones. Entonces, me dispuse a hacerla por cuenta propia para generar más fácilmente esos sentimientos positivos, como lo aprendemos en Metafísica.

Entonces, visualicé la imagen del Señor Gautama, conciente de que esa imagen no es Él, pero es como la foto de un ser querido, que cuando la contemplamos nos lo recuerda y mueve el sentimiento y cariño que sentimos por él. Conciente también, de que todo Maestro Ascendido es omnisciente en la tierra y percibe inmediatamente el pensamiento que dirigimos hacia Él (más aún Gautama, como Señor del Mundo); y conciente de que Él puede utilizar esa forma mental creada por el estudiante para bendecirlo y para bendecir a otros. Así lo invoqué.

Después de invocarlo, le agradecí por el viaje que habíamos realizado el mes anterior, los lugares que habíamos visitado y lo que representaban algunos de ellos para mí; le agradecí por la enseñanza recibida durante el curso y le dije muchas cosas, todo esto escuchando en mi mente la “Canción de la India”, su Llave Tonal. Cuando empecé a recitarle los votos del Boddhisattwa me eché a llorar, y llorando me quedé recitándole los votos y algunas cosas más durante un tiempo. La práctica de Metta terminó, los estudiantes salieron de la sala de meditación, y continué allí largo rato llorando, llorando, por mi Amado Buddha.


OTRO SAMKHARA

Finalizaba el último día; a la mañana siguiente nos iríamos de allí y volveríamos al mundo exterior. En la última clase, Goenka nuevamente expuso que un prácticamente de Vipássana no debía usar mantram, ni repetición de frases ni visualizaciones. Eso, que ya lo había oído días atrás, me provocó rechazo. También habló del no uso de símbolos y otras cuestiones que “convierten el Dhamma en una secta” y me dije: “Pero si Gautama llevaba una cruz swástica colgada al cuello, llamaba “bikkhus” o “monjes” a sus discípulos, llevaban él y sus monjes la cabeza rapada y estaban vestidos de naranja. Si alguien hizo algo para que eso se convierta en una religión, el primero es el propio Gautama. Cómo este hombre me dice que no se pueden usar símbolos”.

Pensé: “Después que terminé con el Metta tan bien, ahora me viene este sentimiento” y eso me enfadó aún más. Finalizó la clase y volvimos a las habitaciones, pero quise observar esa reacción y su causa, y durante varias horas permanecí despierto observando, reflexionando hasta estar bien claro, qué hacemos cuando en Metafísica realizamos afirmaciones y visualizaciones. Luego, vi que la reacción se debía a ¡un apego a la Metafísica! ¿Qué es esto?

Desde los 18 años estudio y practico la Llama Violeta, decretos, etc., doy clases de Metafísica, publico libros sobre el tema, estoy todo el día relacionado con ello; entonces, estaba identificado con eso, formaba parte de mi ego, era “mi Metafísica”, y que alguien viniera a decirme que eso no debía hacerse, que eso era un obstáculo para la Iluminación, me movió. Cuando vi eso, se aclaró todo y el rechazo desapareció.


AGRADECIMIENTO

Goenka tiene algo particular. Parece que él sabe exactamente lo que a uno le está pasando por dentro en el curso. Y en el momento en que lo necesita, él te da, en la clase, la respuesta que te hace falta. La mañana en que se clausura el curso él habló de la importancia de agradecer al maestro por la enseñanza dada. Que si no existe ese agradecimiento, la enseñanza no funciona. Así que ahí le agradecí y le mandé amor a él, a su maestro, al buddha, a mis facilitadores de metafísica y a todo el que me acordé, por las dudas, para que la enseñanza me funcione. Y le pedí perdón por el enfado de la noche anterior.

Después de eso llegaron sus últimas palabras, que fueron: “Perdono a todo aquel que me hiera en pensamientos, palabras y obras. Y pido perdón a todo aquel al que haya herido en pensamientos, palabras y obras”. Le pedí perdón, y él me contestó. Quedamos todos felices.


CONCLUSIÓN

Al salir del curso y llegar a Barcelona, llamé a Rubén para contarle sobre el Vipássana y hablamos largo rato. Le comenté en un momento, que en el curso había podido ver buena parte de la enseñanza Metafísica, pero desde otro punto de vista, y que esto me la había redimensionado. Conversando sobre la Llama Violeta me comentó: “A muchos metafísicos no les funciona la Llama Violeta, porque no observan, no perdonan, reaccionan”.

Reflexionando durante los días del curso sobre la Llama Violeta, recordé que Saint Germain explica, que la Llama Violeta siempre funciona transmutando, porque es energía previamente calificada por los Seres de Luz con Perdón, Libertad, Compasión. Pero que cuando uno usa la Llama Violeta con el sentimiento de perdón hacia quien nos ha dañado, o con el deseo de corregir los errores de uno o de los demás, actúa como magia. Y llegué a la conclusión, de que la magia estaba en que al observar sin reaccionar, los samkharas se disuelven; pero que si además de no reaccionar, uno utiliza la Llama Violeta con el sentimiento de perdón o deseándole el bien a los demás, hace literalmente pedazos los samkharas.

Esto fue lo que Jesús hizo en la cruz: “no se limitó observar y no reaccionar al odio de los seres que lo habían torturado y estaban matándolo; además de eso, los perdonó y les deseó el bien, que no se les devolviera ese karma negativo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Practicó sus palabras: “Bendecid el bien a los que os maldicen”. Con esa actitud y acción, Jesús, si acaso le quedaban samkharas, los hizo pedazos a todos, resucitó y ascendió.

En síntesis, la práctica de la Llama Violeta va un paso más allá del Vipássana. Pero como me comentó Rubén, si no hay observación, si hay reacción, si hay odio, si no hay perdón, la Llama Violeta no les funciona. Esta observación, ecuanimidad, no reaccionar, es lo que el Vipássana nos puede aportar a los estudiantes de Metafísica.

 

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