STUPA DE SHWEDAGON
(Myanmar-Birmania)
STUPA DE SHWEDAGON
Foto: Rubén Cedeño
Rubén Cedeño
Yangon, 20.8.2007
En el centro de Yangon, en la colina de Theingottara, en un maravilloso lugar desde el que se domina toda la ciudad, se encuentra la "Reina Madre de todas las Stupas del mundo", que data nada más y nada menos que del año 326. Esta es una de las maravillas del mundo, aunque no haya sido catalogada como tal. Es un lugar supremamente encantador, misterioso, interesante de investigar y un imperdible para todo aquel que ame las enseñanzas del Señor Gautama. Al llegar a Yangon la primera acción fue irla a visitar.
Dos hermanos mercaderes del río birmano Mon, llamados Tapussa y Bhallika fueron a la India y se encontraron con el Señor Gautama y después de haber recibido de Él su maravillosa Enseñaza, quedaron tan maravillados que le ofrecieron de regalos unos deliciosos pasteles. Además de los hermanos llevarse la Enseñanza que el Señor Gautama les daba, los mercaderes se quisieron llevar un recuerdo físico de Él y se lo pidieron. El Señor Gautama buscó a su alrededor para darles un objeto de su pertenencia, una cosa, cualquier presente. Pero como Él había renunciado a todo y no tenía nada, se le ocurrió darles algo muy original. El Señor Gautama se arrancó de su cabeza ocho pelos, uno por cada una de las Ocho Nobles Verdades, para que ellos nunca se olvidaran de ellas. Los dos hermanos regresaron encantados con tan maravillosa reliquia y así fue como el Rey Aijatta les dio un gran recibimiento y quisieron colocar estas reliquias en el lugar más sagrado de Yangon.
Cuando los dos mercaderes hermanos llegaron a Birmania con los ocho pelos de la cabeza del Señor Gautama, millares de líderes militares escoltaron las reliquias del Señor Gautama y las depositaron durante seis meses donde ahora está la Stupa de Botataung, que es hueca y se puede andar a través de ella en un laberinto de paredes recubiertas de espejos y se puede ver el relicario donde inicialmente estuvieron los pelos del Señor Gautama.
Ocho pelos del Señor Gautama
Foto: Rubén Cedeño
En la colina de Theingottara se encontraba el santuario más sagrado del mundo del Buddhadharma, donde estaban las reliquias de tres de los Manushi Budhas o Budas que habían encarnado antes que el Señor Gautama, que eran hijos espirituales de tres de los Dhyani Budhas. Allí estaba el filtro para colar el agua del Budha Kakushanda, la túnica del Buddha Konaganmana y el bastón del Buddha Kasyapa. Cuando los ocho pelos del Señor Gautama se depositaron junto a las reliquias de los anteriores Budas, se colocó una losa de oro sobre la cámara de las reliquias y se construyó una stupa de plata, después una de estaño, encima otra de cobre, después una de plomo, otra de mármol y finalmente una de hierro cubierta de oro que actualmente relumbra con 8.688 placas de oro sólido.
Sabiendo todo esto, no cabía el alborozo espiritual dentro de mi alma. Tantos años de mi vida dando a conocer la existencia de estos Buddhas y por primera vez en mi vida tener la oportunidad de estar cerca de objetos cargados con la radiación del Buddha Kakushanda y Konaganmana, y aunque había estado en la Stupa donde estaba la tumba del Budha Kasyapa en Boddhgaya, quería estar cerca de su bastón.
Para ascender a la montaña Theingottara hay cuatro empinadas escaleras cubiertas por hermosísimos techos al estilo birmano, una especie de gótico flamígero orientalista. Hay una escalera por cada punto cardinal que a su vez están consagradas a cada uno de los cuatro Dhyani Budas y sus Manushi Budas, que coinciden con la rosa de los vientos. Al terminar de ascender cada escalera hay un hermoso templo entre la escalera y la Stupa de oro que está consagrado a cada uno de los Manushi Buddhas
Ascendí por la escalera norte, y al llegar arriba, recibí el premio más grande que se puede tener por haber venido a Birmania: ver allí erguida, brillando con el sol, la inmensa Stupa de oro con sus reliquias en su interior y rodeada de cualquier cantidad de stupas y pagodas del Buddhadharma de todos los tamaños, estilos y decorados internos y múltiples figuras de los cinco Dhyani Buddhas.
Como todas las Stupas, pagodas y estructuras budistas se recorren siguiendo el sentido de las agujas del reloj, me dirigí a hacerlo y justo al terminar la escalera sur me encontré con la primera estatua que he visto del Manushi Buddha Konaganmana, luego la del Buddha Kasyapa, después la del Buddha Gautama y cerrando el círculo la del Buddha Kakushanda.
Rubén Cedeño frente al Hijo genuino del Árbol Bo de la India
En una esquina está un hijo genuino del Árbol Bo de la India, debajo del cual el Señor Gautama recibió la iluminación. En otro lugar perdido dentro del laberinto de pagodas, templos y stupas, está un templo con las huellas del Señor Gautama.
Mirar hacia la aguja de la Stupa donde están los pelos del Buddha es algo que se cuenta y no se cree. Allí, en la última puntita, está el diamante más grande del mundo con sus 76 quilates fulgurando y actuando como pararrayo receptor de la energía del Señor Gautama desde Shamballa. Por si esto fuera poco, más abajo se encuentran 5.441 diamantes y demás piedras preciosas, como lo son 2.317 rubíes, zafiros y topacios, a los que le siguen 1.065 campanitas de oro y 420 de plata, que día y noche le deleitan a uno el oído con su dulce sonido.
Aguja de la Stupa
Foto: Rubén Cedeño
Para los birmanos es muy importante el día de la semana en que se nace, ya que éste es como si fuera su signo zodiacal, marca sus compatibilidades, gustos, deseos, personalidad y demás características personales. Y en la Stupa de SHWEDAGON se encuentran las deidades de cada día junto a una estatua del Señor Gautama y la gente va a la deidad que le corresponde de acuerdo a su día de la semana en que nació y durante algunos minutos le hecha agua en la cabeza a una estatua del Señor Gautama que está allí en mármol blanco.
Rubén Cedeño frente al Buddha reclinado en el Templo Chauk Htat Gyil
A corta distancia de la Pagoda Shwedagon se encuentra en el Templo de Chauk Htat Gyi con una de las imágenes del Buddha reclinado más grandes de Myanmar y del mundo. Hay que verle el hermoso rostro y los inmensos ojos de vidrio tan perfectos que parece que estuvieran viendo en realidad la eternidad del Nirvana.
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