PACIFISMO
Por el Maestro “Djwal Khul”, El Tibetano


Selección y adaptación
Rubén Cedeño



No vendrá la paz por medio de un pacifismo fanático aplicado, o hablado a viva voz, ni por el ansioso pensamiento de quienes odian la guerra y al mismo tiempo aumentan la oleada de conquistas y demoran la victoria verdadera por sus opuestos puntos de vista violentamente antagónicos. El mismo amor a la paz que inspira al pacifista común, inspira a quienes luchan hoy para que la paz pueda ser el resultado de su sacrificio y el efecto del establecimiento de esas rectas condiciones. Sin embargo, muchas personas pacifistas y de mente neutral, no están dispuestas a pagar precio alguno por lo que ellas tanto aprecian.

Toda la gente honesta y buena es de mente pacífica y odia la guerra. Estas personas dicen que dos males no hacen un bien y responder al asesinato con el asesinato es pecaminoso; que la guerra es mala (nadie lo niega) y que no se debe tomar parte en ella. Sostienen que con pensamientos de paz y amor, el mundo puede enderezarse y terminar la guerra. Tales personas, que luchan contra la existente realidad de la guerra, por lo general poco o nada concreto hacen para corregir los errores responsables de la misma, y permitir a otros emprender su defensa -personal, municipal, nacional e internacional. No puede dudarse de la sinceridad de estas personas.

La guerra puede ser y es un asesinato en masa, cuando el móvil es erróneo. Puede ser sacrificio y correcta acción, cuando el móvil es justo. Matar a un hombre que mata al indefenso, no se lo considera como un asesinato. El principio también es aplicable cuando se mata a un individuo que mata a otro, o cuando se lucha contra una nación que ataca a los indefensos. Los medios materiales empleados por el mal para fines egoístas, pueden emplearse también para buenos propósitos.

Si se lleva adelante la guerra, hasta obtener el triunfo, derrotando a las potencias totalitarias, constituirá un mal mucho menor que la subyugación de muchas naciones por la codicia sin precedente, los nefastos procesos educativos y la oposición. Si las potencias totalitarias triunfan, significará años de desorden y revueltas; su victoria ocasionará un indecible sufrimiento.

Sin duda es una verdad espiritual innegable que el recto pensar puede cambiar y salvar al mundo, pero también es verdad que no hay suficientes personas capaces de pensar para realizar este trabajo. Tampoco hay tiempo suficiente para hacerlo. Los pensamientos de paz están principalmente basados en un idealismo obstinado que ama al ideal más que a la humanidad. La Jerarquía es muy distinta de la imagen forjada. El pacifismo, tal como ustedes lo interpretan, no tiene cabida en sus filas. La destrucción de la forma, en la batalla (que tanto teme la mayoría) es de poca importancia para quienes saben que la reencarnación es una ley básica de la naturaleza y que no existe la muerte. Las fuerzas de la muerte prevalecen hoy en el mundo, pero es la muerte de la libertad, la muerte de la libertad de palabra, la muerte de la libertad en la acción humana, la muerte de la verdad y de los valores espirituales superiores. Éstos son los factores vitales en la vida de la humanidad; la muerte de la forma física es un factor insignificante en relación con esto y puede fácilmente ser corregido por los procesos del renacimiento y de la nueva oportunidad.

Les diría a los que predican la adopción de una actitud pasiva frente al mal y al sufrimiento humanos y que apoyan un pacifismo que no involucra riesgos: ¿con qué se proponen luchar contra las fuerzas de la agresión, de la traición, del mal y de la destrucción, que acechan hoy a nuestro planeta? ¿Qué armas aportan a esta lucha? ¿Cómo comenzarán a detener la arremetida y contener el torbellino? ¿Elevarán plegarias por la paz y luego esperarán pacientemente que las fuerzas del bien libren la batalla y que Dios haga el trabajo? Les diré que sus plegarias y deseos son fútiles cuando están divorciados de la acción correcta y poderosa. Sus plegarias y peticiones pueden llegar al trono de Dios, hablando simbólicamente, pero luego viene la respuesta: las Fuerzas de la Luz fortalecerán sus brazos y desviarán la marea a favor de ustedes si se mantienen firmes y luchan por lo que desean. ¿Quién detendrá el progreso del egoísmo agresivo si los hombres y mujeres de buena voluntad se apoyan en su idealismo y nada práctico hacen para justificar su esperanza ni para ayudar a que se materialice el ideal deseado?

Durante la segunda guerra mundial, muchos pacifistas y personas bien intencionadas, aunque irreflexivas, pertenecientes a grupos espirituales y público en general, el Maestro Tibetano respaldo a las Naciones Aliadas, y estimo la necesidad de derrotar a las potencias del Eje. Los pacifistas adoptaron el punto idealista, de que siendo Dios amor no podía ser antigermano. Debido a que Dios es amor no tenía otra alternativa, ni tampoco la tenía la Jerarquía Espiritual, se mantuvo firme al lado de los que trataban de liberar a la humanidad de la esclavitud, el mal, la agresión y la corrupción. Las palabras de Cristo dicen: “El que no está conmigo, está contra mí”. Al comprobarse las atrocidades, crueldades y política de avasallamiento de las naciones del Eje, Su actitud quedo justificada.

A quienes claman "Paz, paz", cuando no hay paz, les preguntaría: ¿no se beneficiarían acaso con su muerte y sacrificio, cuando finalmente triunfaran las Fuerzas de la Luz? ¿Suponen que podrán vivir en un mundo seguro porque otros dieron sus vidas para que ustedes puedan hacerlo? ¿Abandonarían la seguridad de su coartada pacifista y reconocerían agradecidos lo que hicieron y reclamarían su parte de los beneficios que obtuvieron a tan elevado precio? ¿Las personas de mente pacifista del mundo cosecharán los beneficios de la paz, que nada les ha costado?

 

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