MYANMAR
(BIRMANIA)


Rubén Cedeño
Yangon, 20.8.2007


En 1999, por la selva de la montañosa y remota zona norte de Tailandia, en lo que se llama “Triangulo de Oro”, me encontré con el marrón, amplio y caudaloso río Mecong, que se abre paso entre enormes cadenas de montañas cubiertas de selva y que en medio de él confluyen las fronteras de Laos, Birmania y Tailandia. Este lugar recibe este nombre debido a la cantidad de dinero que genera el comercio de la región.



Foto Rubén Cedeño

 

Me pareció tan mágico estar en un lugar tan remoto que el corazón se me fue en un suspiro deseando conocer Birmania, uno de los países más practicantes del Buddhadharma del mundo, y como estaba perdido en esa selva Tailandesa con la única vía de regreso por Bangkok, no pude lograr lo que mi corazón deseaba, saltar a Birmania. Lo único que pude hacer mirando hacia Birmania fue afirmar: “Decreto ir a Birmania, Gracias Padre porque ya fui”. El decreto se cumplió.


Foto Rubén Cedeño

 

Si tuviera que escribir sobre todas las bellezas y miles de hermosas sensaciones que he vivido en Birmania, llenaría infinidad de hojas de libros y aun así no terminaría jamás de decir todo lo que he vivenciado en este hermoso país.

Llegué a Yangon con el corazón lleno de expectativas. Esta ciudad también se conoce como Rangun, que es la capital actual de Birmania, un país que ahora se llama “Myanmar”. Esta ciudad y toda la nación está sembrada de millones de templos, pagodas y monasterios, todos milenarios y dedicados al Señor Gautama, con estatuas de Él en todas las formas imaginables, donde testimonian la grandeza de gloriosos reinos birmanos pasados y también que el Buddhadharma haya llegado aquí 450 años después de Cristo, dándole un encanto especial a todo el entorno.



Foto Rubén Cedeño


Los monasterios, unos de madera teca esculpidos hasta en su más exagerada minuciosidad, otros de cemento, no se adaptan al concepto occidental de monasterios. Estos son espacios abiertos donde se funden templo, dormitorio, salón de clases y sala de estar, sumergidos dentro del calor, el sudor y las siempre sonrientes caras de los monjes, unos retraídos, otros desinhibidos ante las cámaras fotográficas, algunos estudiando las enseñanzas del Señor Gautama y otros indiferentes a lo que sucede a su alrededor. Pero todos chelas del Buddhadharma.

Foto Rubén Cedeño


Por las calles, a la mañana, se ven salir a los monjes en fila con sus vestimentas ocre, cada uno con su escudilla grande y negra, a pedir la limosna de rigor, para poderse sustentar. Por esto, ningún facilitador de metafísica se debe sentir con vergüenza ni humillado por pedir la donación amorosa después de sus actividades, ya que es un acto de humildad que seres tan grandes como el Señor Gautama hicieron. Los Budhadharmistas heredaron esta costumbre de su Maestro Gautama. Cuando uno los detiene y les da algo, algunos rezan por uno en pali; otros se quedan serios y ni las gracias dan. Como vemos, la gente es así en todas partes, por mucho Buddhadharma que estudien, a veces no cambian.

Foto Rubén Cedeño


La ciudad capital y el país entero están rodeados de ríos y lagos por todas partes, que los hacen ver como un gigantesco parque, bordeados de lagos por donde se mire, en un intenso verdor en diferentes tonos y variedades infinitas de especies vegetales.

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