LORETO

ITALIA 11 de ENERO 2007
José Manuel Rodríguez Iglesias

Por la mañana y sin que hiciera falta el recordar que partíamos luego de cinco días en Asissi para Loreto, cada uno de los metafísicos que viajamos nos fuimos camino de la Plaza menor de San Francisco para entrar en la Basílica a saludar al santo en su tumba, pareciera que no nos queríamos despedir.

Luego, por la ruta, nos detuvimos, y Rubén Cedeño nos mostró el sitio desde donde San Francisco ya en sus últimos momentos de la encarnación y camino a la Porciuncula le dio la bendición a la cuidad.

Tomamos nuevamente los caminos y rutas con el fin de llegar a Loreto, y con que nos encontramos allí, con parte de la casa de la Amada María, Madre de Jesús. En el lugar se nos explicó que los ladrillos de la fachada de la casa de María, la casa en donde ella recibió al Arcángel Gabriel en el momento de la anunciación de que ella traería a la encarnación al Cristo habían sido trasladados desde Jerusalén hasta Loreto ya que por esos tiempos los musulmanes se aprestaban a tomar la ciudad santa. Estábamos a sólo unos pasos.

La pequeña casita recubierta por otra de mármol dice mucho por su belleza al igual que las paredes con pinturas en oro.

Pero lo más grande es pegarse a esas paredes, a esos ladrillitos ya gastados por el paso del tiempo, tan acariciados por los visitantes que rozan sus paredes y sentir la energía elevadora y purificadora que de ellas emanan.


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