La Ley de la Vida
Gustavo Orchansky
Cuando Rubén Cedeño escribió el artículo “Diez días en Vipassana” me interesó bastante esa experiencia de profundización en el mundo interior y le llamé por teléfono preguntándole si él creía que yo pudiera aguantar semejante sacrificio y me respondió afirmativamente dándome confianza y en ese amor me apoyé con fe y no me defraudó.Llegué finalmente a la colonia de vacaciones situada en una región de la provincia de Córdoba en la república Argentina, donde la organización de Vipassana había previsto la actividad. Luego de recibir las primeras instrucciones comenzó la práctica de SILA que es la conducta ética a seguir que se trata de: Abstenerse de robar. Abstenerse de actividad sexual. Abstenerse de mentir. Abstenerse del consumo de intoxicantes. El Noble Silencio. Y Samadhi que es la concentración en la mente; y así sobrevino la primera gran prueba para mi personalidad, compartir dormitorio, baños, con más de veinticinco desconocidos durante diez días.
Aun así comencé feliz mi primer día de retiro anhelado, me dispuse a la meditación sentado en mis cojines, con una manta sobre mis hombros y en posición de medio loto, bien derechito, en silencio esperé la llegada de la Profesora, Asistente de Goenka, una dama vestida de color blanco con ojos redondos, rasgos suaves y mirada alegre me confortó su presencia. Al atardecer del segundo día, en un descanso todo mi cuerpo físico protestaba y en pocas palabras escuché una frase: Recuerda, todo es mente eso frenó mi turbación mental devolviéndome hacia dentro a revaluar lo que estaba sucediendo. En las noches llegaban las dulces clases del Dharma que me tranquilizaban enormemente y daban la fortaleza para continuar con el retiro, además me sentía feliz, super feliz de escuchar las clases de las Leyes Universales, los ejemplos tan claros y lógicos, me daba cuenta que esto que estaba viviendo en carne propia es lo primero que estudiamos en Metafísica la Ley de Mentalismo Todo es Mente. Me di cuenta que los problemas no estaban en la posición física que adoptara para las meditaciones, que no había problemas externos, los problemas estaban dentro de mi mente y solo tenía que observarlos.En los períodos de descanso caminaba mirando la tierra, la vegetación seca alrededor, tenía todo el tiempo para ver mi mundo interior, sin juzgar, sin pelear con las reacciones, observar y observar eso era lo único que tenía que hacer, eso sí era seguro y real la Observación, como no tenía contacto visual con las personas no habían reacciones de simpatía o de rechazo y me ayudó bastante para cerrar las puertas a lo que pudiera quitarme la atención, no había llevado reloj, ni teléfono móvil, nada que me distrajera. Veía claramente como fluían los recuerdos que iban y volvían, imágenes y más imágenes, aparecían y desaparecían, todo fluye y refluye. En la naturaleza pasaba lo mismo, cuatro días con clima seco y al quinto una fuerte nevada y luego una noble lluvia. Todo va y todo viene. Todo fluye y todo refluye. Pura Ley de Ritmo.
Algunos voluntarios al retiro se inscribían para hacer el aseo y pasó por mi mente cambio, cambio, cambio, cambio. Si no acompaño el cambio me estanco y sufro, si me resisto al cambio genero sankhâras de aversión y sigo sufriendo, es decir, si me quedo en un polo resistiendo sufriré y si busco placer en el otro polo me da cargo de conciencia, así que comencé a hacer lo que otros no hacían lavar los baños, los inodoros, a fregar las regaderas y todo eso me dio un giro en mi capacidad de ver y comprender la Ley de Vibración. Todo cambia nada permanece estático. Y la Ley de Polaridad. Todo tiene sus dos polos. En Vipassana toda la atención estaba volcada a la Observación, entonces al hacer una tarea con actitud desinteresada, es decir sin rechazo ni simpatía no movía las polaridades, solo hacía el aseo y más nada. Ahí entendí un poco más la Ecuanimidad.
La comida siempre fue abundante, nunca decreció y tampoco pasé hambre. Tomé conciencia que si comía en exceso mi estómago estaría ocupado digiriéndola por horas, de seguro tendría dispepsias y eso me quitaría atención en las meditaciones así que concientemente apliqué Ley de Correspondencia: Si comía poco no tendría problemas digestivos y por la misma ley podría observar mejor la mente sin interrupciones. Como es arriba es abajo. Como es adentro es afuera. Las Leyes Universales se estaban aclarando más en mi mente.Rubén Cedeño escribió en el libro No Sufras Más: “Los “Sankhâras” son las reacciones que tenemos por todo en la vida y que nos atan por motivaciones, ya que hay cosas que nos producen rechazo y otras atracción, y esto nos produce sensaciones que pueden ser agradables o desagradables y crean el karma que es la reacción buena o mala, y es lo que produce el sufrimiento”. Cuando comenzó PAÑÑA, el proceso de la purificación mental, observé que todo lo que había hecho en la vida estaba dentro de mí mismo, sus efectos se me presentaban como sensaciones intensas por todo el cuerpo. Cuántas veces generé situaciones negativas o positivas, pero y ¿a dónde iban a parar? A mi cuerpo y mi cuerpo las traducía en sensaciones, “el caballo tira la carreta y las ruedas siempre estarán detrás girando”, yo mismo moví la Ley de Generación. Todo se genera, generé mi personalidad de mi agrado o no, yo mismo fui el arquitecto de mis propios pensamientos y acciones y por la Ley de Causa y Efecto todo quedó dentro mío, soy el único heredero, el único maldecido o beneficiado yo mismo. Así vivía mis sensaciones observando con la mente en calma las cosas tal cual como son. Eso hizo la verdadera transformación interior.
A las diez de la mañana del décimo día culminó el Noble Silencio y los compañeros del retiro se develaron uno a uno y al confraternizar todo se hizo más claro, todos teníamos una liviana vibración de expresión, parecíamos niños que se encuentran en el parque pero resultó que estaba rodeado de profesionales, empresarios, un ingeniero espacial que trabajaba en la Nasa y así muchas personas que aparentaban una cosa pero al develarse sus identidades todo era diferente porque Todo es Mente, vivimos en un mundo de apariencias y para vivir la realidad hay que experimentarlo en carne propia, esa es la verdad, lo que uno mismo vive a través de sus sentidos, y aun así, eso también pasará lo único que no pasa es el Dharma, la Ley de la Vida que esta delante de nuestras narices, siempre estuvo y estará.
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