FELICIDAD


Por el Maestro “Djwal Khul”, El Tibetano
Selección y adaptación
Rubén Cedeño

 

Cultivar la felicidad, sabiendo que la depresión, la investigación excesivamente morbosa del móvil y la exagerada susceptibilidad a la crítica ajena, llevan a un estado en que el discípulo se puede hacer casi inútil. La felicidad se basa en la confianza en el Dios interno, en una justa apreciación del tiempo y en el olvido de sí mismo. Tomar lo bueno y utilizarlo como verdades para difundir alegría y no rebelarse contra la felicidad y el placer del servicio prestado, creyendo que indica que algo no anda bien. El sufrimiento sobreviene cuando el yo inferior se rebela. El yo inferior controlado y la eliminación del deseo, traen alegría.

Al discípulo no le ocurre nada que no esté previsto en el plan, cuando el móvil y la única aspiración del corazón es llevar a cabo la Voluntad de los Maestros y servir a la raza. Es posible alcanzar ese punto donde nada de lo que ocurre altera la calma interna, donde se reconoce y experimenta la paz que trasciende toda comprensión, porque la conciencia está centrada en el Cristo, que es la paz misma, y constituye el círculo de la vida búdica; donde se conoce y siente el aplomo y reina el equilibrio, porque el centro de vida reside en el Cristo, que en esencia es equilibrio; donde prevalece la serena e inconmovible calma y el divino Conocedor empuña las riendas del gobierno y no permite las perturbaciones del yo inferior.

Tal actitud y experiencia pueden ser llevadas a cabo, y a nada dan valor, con tal de alcanzar la meta, perseverando a través de las circunstancias, con los ojos fijos en la visión futura y los oídos atentos a la “Voz del Dios Interno”, que resuena en el silencio del corazón; los pies firmemente asentados en el sendero que conduce al Portal de la Iniciación; las manos extendidas para ayudar al mundo, y toda la vida subordinada al llamado del servicio. Entonces, todo cuanto llega es para bien – aunque sea una enfermedad, oportunidad, éxito y desengaños, burlas y maquinaciones de los enemigos, incomprensión de los que amamos, todo existe y debe utilizarse sólo para ser trasmutado. Lo que debe lograrse es continuar, no por las circunstancias sino a pesar de ellas.

A medida que el aspirante progresa, se lo reconoce como una fuerza en el mundo, se lo aprecia como individuo y en él se confía que pueda prestar servicio. Las personas recurren a él para ser ayudados, pues reconocen la actividad que desempeña. Lo logra en esta etapa mediante la pluma, la literatura, la palabra hablada, conferencias y enseñanzas y también la música, la pintura y el arte. Llega así al corazón de la gente por cualquiera de estos caminos y se convierte en auxiliar y servidor de su raza. Mencionaré también otras dos características de esta etapa.

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