¿Es espiritualmente “serio” Rubén Cedeño?

 

Montevideo, 15 de junio de 2008
Dana Nicola

 

Es por supuesto válido y también deseable que las personas nos planteemos las cosas antes de abordarlas, al abordarlas y siempre. Pero debiéramos tener claro qué es lo que nos estamos planteando para que los cuestionamientos nos resulten beneficiosos, qué necesitamos saber. ¿Para qué necesitamos en este caso una opinión o una respuesta? ¿Alguien nos la puede dar?¿A qué nos referimos exactamente cuando nos preguntamos respecto a la “seriedad” de Rubén Cedeño?

Con una vida dedicada a la enseñanza y un estilo de trabajo siempre claro y abierto, sólo nos resta observar para darnos cuenta cuan serio ha sido este hombre durante toda su trayectoria. Si por seriedad entendemos la responsabilidad ante el trabajo, la consecuencia respecto a los que se plantea, y un funcionamiento ordenado y correcto, cuarenta años de intachable actividad pública internacional, decenas de editoriales sostenidas por los propios estudiantes, cientos de grupos de estudios surgidos espontáneamente en su entorno, y otros muchos emprendimientos docentes exitosos avalan a Rubén Cedeño por demás. Al margen de que se coincida o no con sus funcionamientos y propuestas no se puede negar la consistencia de su labor, y la propia continuidad altamente expansiva de sus actividades lo confirman como “válido” para muchos. A Rubén Cedeño lo validan los propios estudiantes. No cuenta con productores ni financiamientos para el sostenimiento de una metafísica internacional que ha cobrado dimensiones sorprendentes; su estilo es contar con la gente que con él desea aprender, y funciona. Su vida es un vaya y venga, país tras país, clase tras clase, libro tras libro, traducciones, actualización de materiales, revisiones, y se diría que no nos incumbe cómo ocupa su tiempo si no fuera que estamos hablando de trabajo, mucho trabajo, y bien humano por cierto. Si por seriedad entendemos consecuencia y dedicación al logro de un objetivo, lo que en Rubén Cedeño tenemos es un ejemplo de vida, y ojalá todas las personas fuéramos así de serias con lo que nos interesa realizar.

Pero si por seriedad entendemos parquedad, recatado semblante, expresiones contenidas o rígidas posturas, muy lejos está Rubén Cedeño de caber ese molde, y por eso a menudo desorienta. Es que tenemos siempre un esquema mental previo respecto a la manera en que nos deben ser presentadas las cosas, y sobre todo en lo que se refiere a la espiritualidad todo un marco de comportamientos que históricamente se han ido fundamentando como los apropiados y que están asumidos como tales, arquetipos. Pero la espiritualidad de Cedeño no es nada arquetípica y allí tenemos algo importante a lo que prestarle atención. No da en los “cánones” esperados por la mayoría, decepciona muchas veces, y lo que es más interesante, no parece preocuparle; aún siendo blanco de duras críticas persiste desenfadadamente en su estilo fresco y natural. No intenta Rubén Cedeño dar una imagen espiritual, eso es muy claro, y por eso “corrompe” esquemas, resulta molesto para quienes están apegados a modalidades espirituales fundamentadas en las formas y aspectos. A Cedeño más parecen interesarle los efectos; es capaz de soltar la menos adecuada de las palabras con tal de hacerse entender, suele reír con su público, gusta de parecerse a quienes lo escuchan y es capaz de bailar lo que esté de moda junto a sus estudiantes ganándose la censura en la mirada de quienes lo pretendían “seriamente espiritual”. Es interesante preguntarnos por qué se lo juzga inapropiado por estas cuestiones, por qué se lo castiga fuertemente desde algunos ámbitos por mostrarse participativo, desinhibido, espontáneo, feliz. Es que la falta de naturalidad, la represión, la auto impuesta rigidez, han sido modalidades de la espiritualidad durante siglos. Nadie nos ha dicho que siendo “nosotros mismos” y naturales podemos alcanzar aquello que llamamos “cielo”. Nos han propuesto lo divino tan lejano a nuestras conductas habituales que lo hemos dejado en exclusividad para los “santos”, y lo grave es que no sabemos cómo ser nosotros y santificarnos al mismo tiempo. De eso nos habla Rubén Cedeño; sin dejar de sonreír dice que Dios está dentro de nosotros mismos y nos llama a practicar para encontrarnos felizmente con nosotros, con Dios, con todo. Nos invita a vivir dignos, a transitar con altura y soltura lo que nos toca, dispuestos a comprender las cosas para lograr trascenderlas. Nos explica sobre los Principios Universales e incursiona en el más alto “esoterismo”, pero sin esoterismo alguno. Nos avisa que no hay nada de malo en ser lo que somos, mientras nos llama a salir de la ignorancia para progresar. Nos libera digamos, porque nos da permiso de vivir y elementos para comprender nuestra vida. Es conmovedora su propuesta, sumamente audaz por cierto, y no debe extrañarnos que se lo quiera desacreditar y hasta “derrocar” desde algunos sectores, ya que alguien así es un peligro para la conservación de estructuras espirituales más extáticas, cerradas o de difícil acceso. Su propia frescura y naturalidad parecen mantenerlo a salvo de toda confrontación posible ya que no pretende ser más espiritual que nadie, no intenta posicionarse en ese sentido, sólo enseña. Sobre la solidez de su propuesta, la confiabilidad que se le pueda otorgar a lo que predica, la mejor manera de averiguarlo es comprobándolo. Se comprende que las personas queramos tener “datos” para saber si a algo nos conviene dedicarle atención, pero debemos tener en cuenta que siempre los comentarios estarán teñidos por los conceptos que nuestros informantes tengan sobre el asunto, lo mejor es acercarse y usar el criterio propio. Sólo la experimentación nos da un camino de confirmación valedera sobre las cosas, nadie nos puede aportar certezas sobre algo que no conozcamos o no hallamos experimentado por nosotros mismos. Si estamos interesados en saber respecto a Rubén Cedeño y sus actividades lo mejor es que nos dispongamos a conocerlas –cabe decir que no hay condición alguna para participar de las mismas- y recurramos a nuestro propio discernimiento, observando sin intentar “moldear” o “acomodar” eso que vemos.

Es altamente alentador que hoy día existan tantas personas preguntándose sobre cuestiones de la espiritualidad; las páginas web se llenan con facilidad de comentarios y opiniones, aunque no siempre criteriosas y a veces totalmente desacertadas. Si nuestro intento de averiguación es sincero nos conviene mantenernos abiertos, más dispuestos al discernimiento propio que al consumo de conceptos ajenos. Somos nosotros los únicos que podemos confirmar o desestimar nuestras elecciones en base a los resultados que de ellas obtengamos. Si lo que estamos buscando es encontrarnos con lo que de bueno hay en nosotros y vivírnoslo, es bien probable que escuchar a Cedeño o leer sus libros nos ayude. Pero vamos a tener que hacerlo por nosotros mismos, y experimentar para saber qué tiene que ver todo aquello que él dice con eso que nosotros somos. Si por “serio” queremos decir “verdadero” entonces tendremos que estar dispuestos a experimentar para comprobar. Si por espiritualidad entendemos la búsqueda de la plenitud en nosotros mismos, no podemos en nombre de esa mismo intento ser “recortados”, esquemáticos, poco plenos, y escasamente vivenciales. Deja de buscar lejos o en otros parece decirnos Rubén Cedeño, es contigo, es acá. La pregunta inmediata es: ¿podemos con eso?, ¿o más bien queremos una espiritualidad difícil, poco alcanzable, un premio para los menos, un estatus más al que aspirar? ¿Podemos considerar “seria” una espiritualidad hecha por nosotros mismos acá y ahora?


Finalmente cabe plantearnos sobre nuestra propia honestidad respecto a las búsquedas. Qué cosa estamos buscando en la espiritualidad o en las personas que nos la proponen. ¿Buscamos realmente cambiar nuestras vidas o buscamos lucir espirituales? Rubén Cedeño es una persona seria en su trabajo, un predicador dedicado como los ha habido pocos, pero para nada un vendedor de imágenes. Si las imágenes son nuestro objetivo probablemente nos veamos defraudados por su propuesta, pero si comprendemos la espiritualidad como el encuentro con la vida misma en cada uno de nosotros nos conviene prestarle atención, porque Cedeño está allí poniéndonos la espiritualidad al alcance de la práctica, cotidiana, sencilla, seamos como seamos y estemos donde estemos. Hay que vivirlo, por eso en el entorno de Rubén Cedeño las etiquetas huelgan. Qué tipo de espiritualidad concebimos tal vez sea la pregunta. La interrogante más útil no es respecto a la seriedad de Rubén Cedeño en sus funciones sino respecto a nuestra propia seriedad. Para obtener verdades es de rigor validarnos a nosotros mismos y plantearnos las indagaciones como tales, honestamente, más dispuestos a descubrir ayudas para nuestro crecimiento que certificaciones, rótulos o referencias. La pregunta es: ¿somos nosotros serios respecto a estas cuestiones? ¿estamos de verdad dispuestos a averiguar qué cosa es en nosotros la espiritualidad?

 


Metafísica Sede Central ®