¿Es Rubén Cedeño metafísico?

Montevideo, 10 de junio de 2008
Dana Nicola

¿Es Rubén Cedeño metafísico? ¿Es el continuador de Conny Méndez? ¿Es un maestro espiritual? ¿Está en un sendero espiritual serio?

El propio Rubén Cedeño jamás ha respondido a estas preguntas. Sus estudiantes y colaboradores suelen bromear al respecto y se diría que no les interesa el punto, parecen ver en Rubén Cedeño a un amigo, más que a una personalidad de la espiritualidad contemporánea. Pero mucho se opina sobre él, hay quienes pretendiendo saber dan todo tipo de respuestas a estas interrogantes. Parece existir entre los “espiritualistas” actuales una especie de debate sobre su persona, del que él mismo no forma parte. Por qué interesa tanto la persona de Rubén Cedeño es lo que cabe preguntarse. Qué es lo que él hace para que se necesite ver “adónde lo ponemos”. Porque coincidamos en que una persona “es lo que es” y los que necesitamos los “datos” para decidir qué hacemos con eso somos los demás. “Cuando el río suena aguas trae” dice un refrán. La figura de Rubén Cedeño genera hoy día desde las más duras críticas hasta las más encumbradas alabanzas: ¿por qué?, ¿qué pasa con él?

Desde hace cuarenta años R.C. visita sin tregua ciudades y países dando una enseñanza que se conoce como “metafísica”, pero que más allá del nombre versa fundamentalmente sobre los “Principios Universales” y el conocimiento propio como camino hacia un estado humano mejorado y feliz. Comenzó esta labor al lado de Conny Méndez y hasta en su funeral dio una clase acompañándola, pero de eso hace ya treinta años. Hoy día miles de estudiantes en el mundo lo reconocen como orientador, aunque él no se proclama de ese modo. Ninguno de ellos conocieron a Conny Méndez en persona pero la nombran y la respetan como si fuera parte de ellos mismos. Son tantos los países que R.C. visita dando clases que es engorroso enumerarlos; sin contar con más infraestructura ni apoyo que la de los propios grupos de estudio que espontáneamente se han ido formando, llena salas de conferencias en toda América y Europa. Sus libros, editados por los propios estudiantes, están traducidos a varios idiomas y han alcanzando récords de venta en algunos países. Habla de salir de la ignorancia, del fin del sufrimiento, propone no juzgar, evitar la crítica, perdonar, practicar el evangelio. Por nada de esto recibe dinero a cambio, sus conferencias son siempre gratuitas, los propios estudiantes las organizan y año a año se disputan un lugar en su agenda para poder tenerlo en sus ciudades. Las actividades son públicas, no existe requisito alguno para acceder a lo que él enseña y se puede ver allí a todo tipo de personas. No dice “enseñar” sino hablarles de lo que conoce y practica.

Si Rubén Cedeño no nos interesa no hay por qué prestarle atención, no es necesario, dejemos de leer y ya. Si por el contrario nos interesa saber sobre él, y parece que ese es el punto de muchos -incluso el de quienes lo critican-, antes que intentar elaborarle un marco en donde ponerlo, sería bueno que observáramos, sin preconceptos, en dónde él está. Mientras pensamos sobre él, hablamos, leemos o escribimos nombrándolo, este hombre continúa haciendo lo que él hace. Parece tener muy claro a qué le ha dedicado la vida, y no es precisamente a rescatar su imagen de entre las múltiples posibles opiniones.

Sería bueno que si nos interesan estos temas nos planteáramos por qué, y que estuviéramos dispuestos a observar para conocer, más que a opinar o recabar opiniones de quienes pretenden saber. El discernimiento propio, la libertad de conciencia, la autoevalación para distinguir por qué motivo las cosas nos movilizan es el estilo de R. C., lo que él propone en sus clases ¿Y eso qué es? ¿No suena a Gautama? ¿y Conny Méndez? ¿es Krishnamurti? Es Rubén Cedeño y está vivo, si le interesa escúchelo y saque sus propias conclusiones. Se trata de un hombre trabajando, parece eso lo obvio. Vea de asistir a sus conferencias, léase sus libros, no lo compare en lo posible así se da cuenta frente a quien está. Porque vaya si importa qué lugar les damos a las cosas si no las comprendemos.

Sin imitar a nadie ni intentar “dar imagen” –y también criticado por esto- se diría que Rubén Cedeño es él mismo; y ¿qué otra cosa puede ser una persona?
Como no hay condiciones para acercársele excepto las de las buenas costumbres –y me consta-, en vez de intentar que él “nos quede cómodo”, propongo experimentarlo tal cual es y ver qué nos aporta. Porque aquello de que necesitamos mejorar nadie lo duda. Bien dispuestos y descartando los esquemas mentales “espirituales” que lejos de aclarar complican, tal vez logremos entender en su cercanía por qué estudiantes de todo el mundo se disputan un lugar en su agenda, y por qué sonríen frente a los conceptos sobre “Rubén”, porque así lo llaman, jamás le dicen “maestro”.

 

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