ECONOMIA
Por el Maestro “Djwal Khul”, El Tibetano
Selección y adaptación
Rubén Cedeño
El problema de la Economía es básicamente el más fácil de resolver. Con sano sentido común puede lograrse. Hay recursos adecuados para el mantenimiento de la vida humana, y la ciencia puede acrecentarlos y desarrollarlos. Los bienes minerales del mundo, el petróleo, el producto del campo, la contribución del reino animal, las riquezas del mar y los frutos y las flores, se ofrecen a la humanidad. El hombre controla todo y pertenece a todos; no es propiedad de un grupo, nación o raza. Se debe exclusivamente al egoísmo del hombre que (en estos días de rápida movilidad) millares de personas perezcan de hambre mientras que los alimentos se pudren o se los destruye; debido a los planes codiciosos y a las injusticias financieras de los humanos, los recursos del planeta no están universalmente disponibles de acuerdo a un inteligente sistema de distribución. No existe excusa que justifique que en alguna parte del mundo se carezca de las cosas esenciales para vivir. Tal carencia acusa una política miope y el bloqueo del libre traslado de los artículos de primera necesidad, por una u otra razón. Todas estas condiciones deplorables se basan en algún egoísmo nacional o grupal, ya que no se ha preparado un proyecto imparcial inteligente para satisfacer la necesidad humana en todo el mundo.¿Qué otra cosa puede hacerse además de educar a las generaciones venideras sobre la necesidad de compartir, y para que circulen libremente los artículos esenciales de primera necesidad?
Tres cosas terminarán con esta condición de gran riqueza y extrema pobreza, la superabundante alimentación de unos pocos y el hambre de los muchos, además de la centralización del producto del mundo controlado por un puñado de personas en cada país. Estas son: primero, el reconocimiento de que hay suficientes alimentos, combustibles, petróleo y minerales en el mundo para satisfacer la necesidad de toda la población. En consecuencia, el problema es básicamente de distribución. Segundo, esta premisa de provisión adecuada, manipulada por la correcta distribución, debe ser aceptada y las provisiones esenciales para la salud, la seguridad y la felicidad del género humano, deben estar disponibles. Tercero, que todo el problema económico y la institución de reglas necesarias y agencias distribuidoras, deberían ser manejadas por una liga económica de naciones, en la cual todas las naciones tendrán cabida; conocerán sus necesidades nacionales (basadas en la población y los recursos internos, etc.) y sabrán también con qué pueden contribuir a la familia de naciones; todas estarán animadas por la voluntad al bien general -voluntad al bien que probablemente se basará, ante todo, en la conveniencia y la necesidad nacionales, pero será constructiva en su acción.
Ciertos hechos son evidentes. El viejo orden ha fallado. Los recursos del mundo cayeron en manos de los egoístas y no hubo una justa distribución. Algunas naciones tuvieron demasiado y explotaron sus excedentes; otras muy poco y, por ello, su vida nacional y su situación económica se perjudicó.
El período de reajuste ofrece la oportunidad de efectuar cambios drásticos y profundamente necesarios y establecer un nuevo orden económico basado en la contribución de cada nación al todo, en la participación de los artículos de primera necesidad y en el inteligente acopio de todos los recursos para beneficio de la totalidad, además de un sensato sistema de distribución. Un plan así es factible.
La Nueva Era de simplicidad debe llegar. El nuevo orden mundial inaugurará esta vida más simple, basada en una alimentación adecuada, un recto pensar, una actividad creadora y felicidad. Estas cosas esenciales son posibles sólo bajo un correcto gobierno económico. Esta simplificación y sabia distribución de los recursos del mundo, debe abarcar tanto al que está arriba como al que está abajo, al rico y al pobre, sirviendo por igual a todos los hombres.
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