DEVADATTA

Rubén Cedeño

Devadatta era primo del Señor Gautama que hervía de envidia contra su primo, quiso sobrepasarlo acusándolo de dar un mensaje con errores esotéricos con reglas demasiado suaves y complacientes. El ser iluminado, tener el Cristo despierto, el estar alerta y claro en la vida, esa vibración le molesta, le enfada, le ofende a algunas personas que están dormidas, confundidas, oscuras, porque le hacen sentir a su “yo personal” que es menos, mas pequeño, insignificante, vacío. Eso humilla y el “yo personal” quiere vengarse. Por eso Jesús fue traicionado por Judas, y el Señor Gautama por Devadatta. A veces sin hacerle nada a alguien, sin conocerlas nos insultan. Devadatta se planteaba algo lógico: si vinimos del mismo sitio, comimos lo mismo, somos del mismo país, ¿cómo el va a ser iluminado y yo no? El quería disfrutar de las mismas atenciones, reconocimientos, autoridad que el Señor Gautama. Esto mismo sienten muchos estudiantes con respecto a su facilitador y a compañeros de su grupo. Por esto se van a otras escuelas y fundan grupos separados, traicionan y hablan mal del que es distinto. Es envidia aunque la disfracen de decir que están en un camino mejor, mas certero o adelantado.

Devadatta quiso dirigir el Sangha del Señor Gautama y jamás pudo. Planteo asesinarlo de muchas maneras y siempre fracaso, lo que le molestaba más, y creo una división, y su colmo fue declararse en el camino correcto, ser serio e Iluminado sin serlo, pero para mas desgracia suya pocos le creían ni le seguían. Bueno hubiera sido que nadie le creyera, porque así se hubiera dado cuenta que estaba equivocado. Pero al seguirlo unos cuantos, esto le permitió seguir sufriendo en su error. Una vez que el Señor Gautama estaba meditando, le tiro un peñasco desde lo alto de una colina, pero la piedra se desvió y el Señor Gautama permaneció inalterado con su esplendida sonrisa. Días después, el Señor Gautama se encontró con Devadatta y este le preguntó: ¿No estás enfadado? Y El Señor Gautama le dijo que no y siguió hablándole: Ya tú no eres el que arrojó la piedra, ni ya yo soy el que estaba allí cuando me la arrojaste. Para el que sabe ver, todo es transitorio: para el que sabe amar, todo es perdonable. En otra ocasión Devadatta soltó un elefante para que aplastara al Señor Gautama, pero el animal se arrodillo a sus pies. Todo el mal que le hacia Devadatta al Señor Gautama eran mas bendiciones para el: “El mal de este mundo viene a mi y no tiene nada en que asirse”.

 

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