AISLAMIENTO
KRISHNAMURTI



Cada uno de nosotros se encuentra aislado, aislado debido a las tradiciones religiosas, a la educación, a la idea de que uno debe triunfar, triunfar, triunfar para llegar a ser algo o alguien.

Observemos juntos sin prejuicio alguno, no como norteamericano, argentino, inglés, francés, ruso o asiático; observemos sin ningún motivo lo cual es bastante difícil y veamos claramente qué es lo que está ocurriendo. Cuando uno viaja por el mundo, observa que existe en todas partes muchísima discusión, discordia, disconformidad, desorden; mucha confusión e incertidumbre. Uno ve las manifestaciones públicas contra una forma particular de guerra y las extensas preparaciones bélicas; ve los incalculables gastos que se destinan a armamentos una nación preparándose para una eventual guerra contra otra nación. Y están las divisiones nacionales el honor nacional, por el que miles están dispuestos a matar a otros y se sienten orgullosos de ello. Están las divisiones religiosas y sectarias: la católica, la protestante, la hindú, la mahometana, la budista. Están las múltiples sectas, y los gurús con sus seguidores particulares. En el mundo católico y en el protestante, tenemos la autoridad espiritual, y en el mundo islámico, la autoridad de los libros. De modo que en todas partes existe esta constante división que conduce al desorden, al conflicto y a la destrucción. Y está el apego a una nacionalidad particular, a una particular religión, con la esperanza de encontrar así alguna clase de seguridad externa o interna.

Estos son los fenómenos que ocurren en el mundo, del que todos nosotros formamos parte estoy seguro de que todos observamos lo mismo. Y está el aislamiento, no sólo el que tiene lugar en cada ser humano, sino el aislamiento de los grupos que se hallan amarrados a una creencia, a una fe, a alguna conclusión ideológica; esto sucede tanto en estados totalitarios como en los países democráticos con sus ideales. Los ideales, las creencias, los dogmas y los rituales están separando a la humanidad. Esto es lo que de hecho está sucediendo en el mundo exterior, y es el resultado de nuestro propio vivir psicológico interno. Somos seres humanos aislados, y el mundo exterior es creado por cada uno de nosotros.

Cada uno tiene su propia profesión particular, su propia creencia, sus propias conclusiones y experiencias a las que se aferró; por lo tanto, cada uno está aislándose a sí mismo. Esta actividad egocéntrica se expresa exteriormente como nacionalismo, como intolerancia religiosa aun cuando ese grupo esté compuesto por setecientos millones de personas, como en el mundo católico. Y, al mismo tiempo, cada uno de nosotros se aísla a sí mismo de los demás.

Estamos creando un mundo dividido por el nacionalismo, que es una forma glorificada del espíritu tribal; cada tribu está dispuesta a matar a otra tribu por sus creencias, por su país, por sus intereses económicos. Todos conocemos esto; al menos aquellos que están informados, que escuchan la radio, que ven la televisión, leen los diarios, etc.

Están los que dicen que esto no puede cambiarse, que no hay posibilidad alguna de que esta condición humana sea transformada. Sostienen que el mundo ha proseguido así por miles y miles de años y que la causa de ellos se encuentra en la condición humana, y dicen que esa condición jamás podrá producir una mutación en sí misma. Esas personas afirman que puede haber modificaciones, ligeros cambios, pero que el hombre será siempre básicamente lo que es y, por tanto, siempre habrá de producir división en sí mismo y en el mundo. Y están aquellos que en todas partes abogan por las reformas sociales de diversas clases, pero que no han producido una profunda mutación fundamental en la conciencia humana. Este es el estado del mundo.

¿Y de qué modo miramos nosotros el mundo? Como seres humanos, ¿cuál es nuestra respuesta? ¿Cuál es nuestra verdadera relación, no sólo de uno con otro, sino con el mundo exterior? ¿Cuál es nuestra verdadera responsabilidad? ¿La dejamos en manos de los políticos? ¿Buscamos nuevos líderes, nuevos salvadores? Este es un problema muy serio que estamos considerando juntos. ¿O volvemos a las antiguas tradiciones, porque los seres humanos, incapaces de resolver este problema, regresan a las viejas y habituales tradiciones del pasado? Por lo tanto, si somos conscientes de todo esto, como tenemos que serlo, ¿cuál es nuestra respuesta no parcial sino total a todo el fenómeno que tiene lugar en el mundo? ¿Debe uno considerar solamente su propia vida personal, cómo vivir en algún rincón una vida tranquila, serena, sin perturbaciones? ¿O se interesa uno en la existencia humana total, en la humanidad total? Si uno se interesa solamente en la propia vida particular, por dificultosa que sea, por limitada, triste o dolorosa que pueda ser, entonces uno no comprende que la parte pertenece al todo. Uno ha de mirar la vida, no la vida americana o la asiática, sino la vida como una totalidad. Ha de mirarla con una observación holística, que no es una observación particular, que no es la propia observación sino la observación que abarca la totalidad; es la visión holística de la vida.

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