“¡AY DEL HOMBRE DEL TROPIEZO!"
Maestro El Tibetano

Selección y adaptación

Rubén Cedeño

¿Cuáles son las causas que produjeron las condiciones mundiales actuales? ¿Cuáles son las presiones subyacentes que están produciendo el actual caos, o las que producirán el eventual orden? Antes de poder hacer rectificaciones debe conocerse el error; debe haber comprensión de las causas. La tendencia a achacar la guerra a un hombre y a su camarilla de hombres malignos, no debería cegarnos respecto a las causas que posibilitaron su actuación maléfica. Hay seres que son “agentes precipitadores”, que son el medio por el cual se enfoca el egoísmo y la crueldad del mundo. Pero como Cristo dijo: "¡Ay del mundo por los tropiezos!, porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay del hombre por quien viene el tropiezo!" (Mateo 18:7). Las causas de este mal prevaleciente son inherentes a la humanidad misma. El antiguo e incontrolado egoísmo fue siempre la característica del hombre; el deseo de poder y de posesiones movió siempre a los hombres y a las naciones; la crueldad, la codicia y el sacrificio de los valores superiores a los inferiores, se han arraigado profundamente en las costumbres humanas durante épocas. Todos los pueblos y naciones son culpables del comportamiento y de estos antiguos hábitos mentales. A medida que los pueblos se acercaban, las líneas de separación y el antagonismo de las naciones se acrecentaban constantemente, y así las actuales guerras son el resultado inevitable del pensamiento erróneo, metas egoístas y de antiguos odios. Intereses individualistas, metas separatistas y deseos agresivos, marchan hacia su inevitable final: la guerra y el caos. La situación económica también constituye un símbolo de esta condición. Las naciones se dividen en las que "tienen" y las que "no tienen", y originan así la era actual del "hampa".


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